martes, 30 de septiembre de 2014

GESTIÓN PÚBLICA Y MANIPULACIÓN POLÍTICA.

¡Servir es una vocación; servir bien es un deber del servidor  público!

La gestión pública es y debe ser un eje profesionalizado, especializada, esencial, transparente y eficiente. Si se quiere apuntalar las políticas que  se ejecutan desde Estado en cualquiera de sus niveles de gobierno. 

Esto implica superar una serie de prácticas distorsionadas que se asemejan más a un voluntarismo personalista que al cumplimiento de las responsabilidades de un funcionario público en una institución estatal.

Es frecuente observar como funcionarios y gerentes públicos utilizan las funciones que desempeñan en una ente público para promover aspiraciones ulteriores, sin que ningún organismo de control ni fiscalización. Personalizan tanto la gestión que pareciera un voluntariado y no el desempeño de una función pública para la que se le paga un salario a nombre del erario.

Esas prácticas pervierten y distorsionan la esencia de la institucionalidad democrática y colocan al Estado y a sus instituciones en la senda del clientelismo, basado en el aprovechamiento de los cargos con fines particulares, violando el artículo 146 de la Constitución de la República. No es una práctica nueva, lo nuevo pudiera ser, que se institucionalice en pleno Siglo XXI.

Basta echar una mirada a las obras que se realizan, tanto en el ámbito municipal como en el provincial para “descubrir” la bondad, solidaridad y vocación de servicio de muchos funcionarios, ya sean electos o designados. Esa lógica personalista obedece a tiempos superados y no a la sociedad de la información y el conocimiento.

Es el culto a la personalidad expresado en acciones que quebrantan la normativa que rige la administración y la función pública. Utilizar fondos públicos para comprar voluntades y manipular conciencias, habla muy mal de cualquier funcionario, máxime si se ha comprobado que usa el cargo para promover candidaturas a otras posiciones.

¿Cómo superarlo?

Superar esta vieja y perversa práctica de gestionar la cosa pública requerirá seguramente, más que sanciones ejemplarizadoras, una alta dosis de comprensión del rol del funcionariado público. Se requiere que quienes tienen y asumen funciones públicas entiendan que deben servirle al pueblo y no a intereses ajenos a la escencia de sus funciones.

Aplicar los mecanismos de control establecido puede ser un buen paso. Hay formas y mecanismos institucionales para controlar la gestión pública pero la debilidad institucional y el clientelismo se asocian para conspirar contra la eficiencia de esos sistemas.

Es tiempo de que la clase política piense en el altísimo compromiso que se asume cuando se acepta servir desde un puesto público. Adecentar e institucionalizar la democracia dominicana pasa por el cedazo político, para que solo pasen, quienes dan muestra de compromiso ético, sustentando en valores morales y cívicos probados.

Ese es el mejor antídoto para contrarrestar, no solo ese personalismo enfermizo o endiosamiento que deja ver gran parte del funcionariado, sino también contra los manejos indebidos de los fondos públicos y las “indelicadezas” practicadas en la gestión pública.

La democracia dominicana necesita más y mejores gerentes pero sobre todo una clase política que rinda culto a la ética, el compromiso y al cumplimiento de las normas instituida. Avanzar en esa dirección implica por tanto trabajar en la elevación de la conciencia colectiva para rechace las manipulaciones y denuncien las prácticas reñidas con los aspectos antes mencionados.

La gestión pública es fundamental para que las políticas públicas sean eficientes, eficaces y transparentes. Profesionalizarla, institucionalizarla y dotarla de la fortaleza necesaria es parte de un esfuerzo inconcluso que habrá que reforzar para transformar el formalismo democrático en una democracia funcional.

El sistema político dominicano ha ido avanzando, sin superar una serie de prácticas que en poco ayudan a la institucionalidad. Cabe citar el culto a la personalidad, el caudillismo, el caciquismo y el endiosamiento o predestinación de quienes se sienten imprescindibles.

Son esos vicios y prácticas que ubican la cuestión pública dominicana en un estadio que no se corresponde con las expectativas del pueblo dominicano; y se expresa en el debilitamiento, no sólo de la institucionalidad política, sino también en la calidad de la gestión pública.

Para transformar la institucionalidad pública  y evitar manipulaciones distorsionantes no basta con dotarla de un marco normativo o de unos sistemas rígidos de gestión. Es necesario ante todo trabajar la parte blanda del sistema, entiéndase la gente que lo opera. Ellos y ellas hacen las instituciones y definen su quehacer. Por tanto, pueden transformarlo si se le crean las condiciones para hacerlo.

No todo se ha perdido, mientras hay quienes se empeñan en pervertir las prácticas gerenciales, hay otros que se empeñan en trazar las pautas con su ejemplo y compromiso. En estos últimos  y la actitud que asuman frente a las acciones del resto, está la esperanza para superar el atraso y los vicios que debilitan la institucionalidad democrática en el país.

viernes, 15 de agosto de 2014

ALIANZAS, PACTOS, ACUERDOS y AMARRES EN LOS GOBIERNOS LOCALES.

"El mandato de los miembros de los ayuntamientos, sea cual fuere la fecha de su elección, termina el 16 de agosto del año en el que se celebren las elecciones municipales ordinarias.". Art. 50 Ley 176-07 
La República Dominicana ha ido evolucionando y reformando muchos aspectos pero en materia política hay serios rezagos. Estos se expresan en cada intento por elegir cargos o renovar instancias políticas, sean internamente en las instituciones políticas o en organizaciones gremiales o profesionales. Pocos proceso de elección o renovación transcurren sin incidentes en el país, provocando el debilitamiento de la institucionalidad democrática y minando la confianza de la gente en la clase política y las instituciones públicas.

La selección de los bufetes directivos en el ayuntamiento cada 16 de agosto se convierte en un mar de especulaciones. Hay toda una historia negativa de procesos donde las acusaciones enturbian los resultados de los proceso, dando paso a conflictos y desavenencias que muchas veces se convierten en conflictos e incidentes que ponen en riesgo hasta la seguridad personal de quienes participan en los certámenes. Nadie quiere perder y para evitarlo recurren a cualquier subterfugio, incluida la perversión o distorsión de la norma. 

Grandes esfuerzos se han realizado en el país para modernizar e institucionalizar la gestión pública municipal. Existe un cuerpo normativo, que bien aplicado puede contribuir a fortalecer las capacidades de las entidades edilicias. Estos avances no han sido interpretados, asumidos ni ejecutado adecuadamente por las autoridades que han sido premiadas con el voto popular.

Los intereses que confluyen en los partidos políticos y las luchas de tendencias a lo interno de los mismos provocan distorsiones que se expresan en las entidades que dirigen. Muchas veces el manejo de conflictos no es gestionado adecuadamente y devienen en problemas graves. Para resolverlos se ensayan una diversidad de vías para resolverlos, unas institucionales y otras al margen de las normativas vigentes.

Los pactos, acuerdos y alianzas son instrumentos, legales, legítimos e importantes para establecer las bases de sustentación a la gobernabilidad democrática, siempre y cuando vayan acorde con la normativa vigente. Frecuentemente se recurre a ellos para resolver problemas institucionales. Otras tantas son sustituidas por “amarres o acuerdos de aposentos” neutralizando el desenvolvimiento institucional y el curso normal de los procesos democráticos.

Estos amarres extrainstitucionales en nada ayudan al desarrollo e institucionalización de los gobiernos locales y mucho menos a la democracia dominicana. Nuevamente surgen expectativas e interrogantes sobre la conformación de los bufetes directivos en los Ayuntamientos y Juntas de Distritos Municipales. Eso surge frecuentemente para esta época y la forma de efectuarlas incluye varias modalidades, algunos institucionales y otros al margen de la institucionalidad.

Para superar esas debilidades y distorsiones; y de paso reducir la posibilidad de que sucedan incidentes y tragedias en los actos de cambio de bufetes se han ideado fórmulas. Esos amarres distan mucho de las soluciones institucionales establecidas en los cuerpos normativos que fundamentan la organización y funcionamiento de esas instancias.

Entre esas malas prácticas se destacan los amarres amañados entre tendencias o fuerzas políticas para autoprotegerse y encubrirse. Casi siempre se hacen al margen de las leyes y de los procedimientos democráticos. Es legítimo que se establezcan acuerdos pero estos deben cumplir con los procedimientos normativos y garantizar la independencia de los regidores y regidoras que conforman el cuerpo legislativo municipal.

Dada esas debilidades institucionales, la falta de transparencia y la incapacidad de los partidos y agrupaciones políticas que tienen representación en los Ayuntamientos y distritos municipales del país se han inventado una fórmula antidemocrática para evitar conflictos potenciales en la escogencia de los bufetes directivos de las Salas Capitulares. Esto lesiona la autonomía de las autoridades electas para decidir libremente en su rol de órgano de fiscalización interna.

Una vez se aproxima el 16 de agosto, fecha en que se hacen los cambios de directivos en las Salas Capitulares empieza la incertidumbre. Los partidos que han postulado a esas autoridades asumen que la democracia no funciona en esos espacios y que ellos tienen que asumir la decisión para guiar la elección de los bufetes. Eso sustituye a los procedimientos normativos y lesiona la esencia de la democracia al impedir la expresión de los regidores y regidoras.

Esto ha distorsionado la esencia de la debilitada democracia municipal y ha provocado que los “acuerdos, amarres y pactos” se hagan al margen del mandato de la Ley 176-07 que establece los procedimientos para renovar los mandos en los Cabildos. Esto da paso al afianzamiento del clientelismo y deja muy mal parada a la democracia dominicana. Superarlos se convierte en grandes desafíos para  que el sistema político dominicano pueda desarrollarse y modernizarse.

Es tiempo de que los Partidos y Agrupaciones Políticas entiendan y respeten las reglas básicas de la democracia, incluyendo el respeto a la institucionalidad, que aunque débiles funcionan en los municipios y distritos municipales del país. Cientos de instancias donde interaccionan ejecutivos y legisladores municipales entran en un proceso de ajustes tras la elección de sus bufetes directivos. De ahí la importancia del asunto.

De poco sirve que nos embarquemos en la creación de normativas vanguardistas cuando la clase política impone sus propias reglas. Esas prácticas pervierten la democracia y debilitan la institucionalidad. Dada esas distorsiones debilitan la labor de control que deben ejercer los legisladores municipales en cada cabildo. Esos entes de control quedan neutralizados para actuar cuando los amarres se imponen.

Los controles de la gestión municipal, especialmente el control político debe ser ejercido por las salas capitulares; y con los amarres de los cambios de directivos esa función queda trunca. Esto, sumado a las dificultades para ejercer el control social establecido en la constitución y las leyes del país deja mal parado al sistema político. 

La legitimidad que da el voto de los ciudadanos y ciudadanas a las autoridades municipales electas  para que trabajen por el desarrollo de sus demarcaciones y les representen, no debe ser vulnerada e irrespetada. Eso pasa por establecer políticas públicas que le beneficien pero también defender  los intereses colectivos en esas instancias.

De continuar estas prácticas perversas, el futuro de la democracia dominicana se torna incierto y la hace poco confiable para encausar las necesidades colectivas. Corresponde a las instituciones políticas y los mecanismos de gestión del sistema político ejercer el control para poner orden en este asunto.

No es sano para el sistema político democrático asumir como normal prácticas que carecen de fundamento jurídico. Lo mínimo que se puede pedir a las autoridades de elección popular es que cumplan con la institucionalidad y el ordenamiento jurídico vigente. No se puede esperar resultados positivos de un proceso de elección de las Salas Capitulares basado en amarres partidarios extrainstitucionales.

La legislación, incluida la Constitución de la República establecen las funciones de cada ente dentro de los Ayuntamientos y Distritos Municipales. La cuestión se complica cuando se obvian esos procedimientos y se pervierten los canales normales e institucionales de renovación de los cuerpos directivos. Más de 500 años de municipalismo en el país no han enseñado mucho a la clase política.

Evitar que cualquier pacto o arreglo en el ámbito local lesione o neutralicen las funciones de Las Salas Capitulares, especialmente en su función de control de los procesos de gestión y ejecución presupuestaria, así como las acciones de contrapeso al Ejecutivo Municipal o Alcalde, constituye  un gran retos para la institucionalidad democrática y el sistema político.

Decirlo es fácil pero trabajar para que se supere esas distorsiones del sistema político dominico es necesario una transformación de la Cultura Política sustentada en prácticas transparentes de control y auditoria social. Es tiempo de que la modernización y el desarrollo político dejen ver sus avances y que la clase política asuma como norma el respeto a la institucionalidad.

Tanto los partidos y agrupaciones políticas que postulan las candidaturas como los entes que los regulan deben hacer su parte para evitar que se cuelen personas que no cumplan con los preceptos normativos para su nominación. La ciudadanía que vota o elige debe cuidarse también, al momento de elegir para descartar a las candidaturas que no reúnen los requisitos mínimos para representarle digna y decorosamente cada 4 años.

martes, 17 de junio de 2014

QUISQUEYA APRENDE CONTIGO SE MOVILIZA PARA QUE NADIE SE QUEDE FUERA DEL PLAN DE ALFABETIZACIÓN.


El 7 de enero del año 2013 se inició oficialmente el Plan Nacional de Alfabetización, bajo el slogan “QUISQUEYA APRENDE CONTIGO”. Desde entonces, se ha generado una dinámica que ha movilizado e involucrado a la sociedad dominicana en este gran proyecto. Todo el que ha querido integrarse y aportar sus experiencias y capacidades ha encontrado el espacio y la oportunidad para hacerlo.

La República Dominicana tiene una tasa de analfabetismo por encima del 12 por ciento, es decir cerca de 1 millón de personas, según el Censo Nacional del año 2010. Superar ese problema, heredado del Siglo XX se ha convertido en todo un desafío para la sociedad dominicana. De ahí el apoyo que ha concitado “QUISQUEYA APRENDE CONTIGO”.

El Plan Nacional de Alfabetización avanza sostenidamente hacia la superación del analfabetismo en la República Dominicana. Cientos de Juntas de Alfabetización fueron conformadas, para dar sostenibilidad al Plan y motivar la integración de la gente, aprovechando las capacidades de las organizaciones sociales y las instituciones en cada territorio.

Las Juntas de Alfabetización, tanto a nivel provincial como a nivel municipal, es una estructura plural, que incorpora a las organizaciones e instituciones que operan en cada territorio. Estas estructuras son dirigidas por las senadurías en las provincias y por las Alcaldías Municipales en cada municipio o distrito municipal. La secretaría de las mismas está a cargo de las Direcciones Regionales y Distritales del Ministerio de Educación.

Esas coordinaciones, bajo la orientación de la Junta Nacional de Alfabetización y gerenciado por el Equipo Técnico Nacional han desarrollado un vasto y significativo proceso de ubicación y registro de personas iletradas para la conformación de los Núcleos de Aprendizaje. El resultado, tal y como fue previsto, ha sido la disminución del analfabetismo en el país y el avance continúa.

Las personas se organizan en Núcleos de Aprendizaje, un espacio de intercambio de experiencias y una vía para compartir los contenidos de los materiales que sirven de base a la persona que alfabetiza. Más de 50 mil se han constituido hasta la fecha y los resultados obtenidos prueban la eficiencia tanto de la metodología como de las técnicas y estrategias implantadas.

Se recuerda que el 2014 ha sido declarado por el Poder Ejecutivo como AÑO DE LA SUPERACIÓN DEL ANALFABETISMO con el objetivo de concentrar los esfuerzos en esa alta y noble tarea. Pocas veces se había visto en el país una iniciativa que lograra tanto consenso como el Plan Nacional de Alfabetización. Ha sido considerado como la iniciativa de mayor trascendencia que se ha ejecutado en el país en los últimos años.

El énfasis puesto en el derecho a la educación y la inclusión social ha provocado que amplios sectores de la población y de la cooperación internacional vuelquen sus esperanzas en éxito de este Plan como forma de abrir brecha en la lucha contra la pobreza y los males que ella genera. Los resultados colocarán al país en la lista de las naciones que han superado este penoso y vergonzante freno para el desarrollo del país.

La movilización social generada y el dinamismo del plan han creado las condiciones para impulsar otras acciones que completan la Estrategia QUISQUEYA SIN MISERIA, que se traducen en apoyo a la Primera Infancia y la promoción del Desarrollo Local Integral. Con estas acciones se pretende avanzar en la lucha contra la pobreza en el país.

No es tiempo de cantar victoria pero los avances y logros obtenidos entusiasman e invitan a continuar accionando hasta lograr la meta programada. Superar el analfabetismo en el país es un paso trascendental para la reivindicación del derecho a la educación y la creación de capacidades ciudadanas que devuelvan la esperanza a miles y miles de personas.

Al momento de hacer una mirada crítica del proceso se deben colocar en el centro del análisis la exclusión a que se exponen las personas que carecen de educación y la marginalidad en la que viven. Avanzar en la construcción de capacidades ciudadanas fundamentadas en la creatividad y el pensamiento crítico pasa por la erradicación del analfabetismo y el acoplamiento de las políticas educativas con las necesidades de la gente.

Ojalá que la experiencia de la dinámica movilización social generada en torno al Plan de Alfabetización QUISQUEYA APRENDE CONTIGO” sirva para empujar la acción colectiva en aras de la construcción de una sociedad más justa, equitativa y solidaria. Ese es el anhelo de quienes aspiran a vivir en un mundo donde la justicia social sea la norma y no la excepción.

martes, 10 de junio de 2014

PILARES DE LA IMPUNIDAD.


La corrupción administrativa se ha introducido hasta el tuétano del hueso societal, gracias a los pilares que sostienen el inmundo edificio de la impunidad que debilita la institucionalidad pública y mata la esperanza de una sociedad decente. 

Este mal no se origina ni es propiedad exclusiva de los dominicanos, sino que se  disemina por todo el planeta. La cuestión es que aquí no se guardan ni las apariencias. Los principios éticos y los valores morales se pervierten o se transgreden fácil y frecuentemente. creandose así los pilares de la imunidad.

Los pilares que sostienen la impunidad son la falta de sanción social, moral y normativa alimentadas por la complicidad generalizada que asociadas al clientelismo y el paternalismo. Esa base perversa mantiene erguido, agrediendo con su imagen la inteligencia colectiva que burlada y acosada reclama su demolición. 

Es así, como la impunidad se ha convertido en el bálsamo por excelencia para aliviar el cáncer crónico de la corrupción, tanto a nivel público como a nivel privada.  Es esa falta de sanción la que hace ver a la corrupción pública y privada como un mal menor. 

La impunidad es entonces, la respuesta equivocada que crea las condiciones para sostener tesis erróneas y perversas como “El Borrón y Cuentas Nuevas” o la manida y recurrida excusa de “Persecución Política”, incluso la justificación de prácticas penosas como el  “Boroneo y el Dame lo Mío”.

Una anécdota atribuida al dictador Ulises Heureaux, (Lilís), quien gobernó al país de 1887 a 1899, al visitar una provincia notó forma precaria en que vivía uno de sus compadres y compañero político. Para ayudarlo a superar su penosa situación, le nombró gobernador de su demarcación. Lilís como apodaban aquel presidente, notó la pobreza del compadre y tomó notas del asunto. 

En el siguiente viaje decidió pasar a ver al susodicho y encontró que éste había dado un “salto virtuoso hacia la opulencia”, gracias al cargo que desempeñaba. Mientras disfrutaban de un suculento almuerzo, el presidente notó todo el lujo que exhibía que incluía cubierto y bandejas de plata, loza fina y bebidas exquisitas. 

Se dice que al despedirse del flamante gobernador Lilís le dijo:”Compadre, si se comió la gallina guarde bien las plumas”. Este pasaje anecdótico sirve para ilustrar la forma que en que se ha manejado el poder político y cómo sus actos se quedan sin sanción, así entre compadres y como los compadres no se ofenden según la religión católica la impunidad se entroniza.

Para combatir este mal se hace necesario despertar la conciencia crítica de la sociedad e impulsar un amplio proceso de politización para forzar el surgimiento de una cultura política acorde con las expectativas de una sociedad donde la honestidad y el decoro sean el adorno de quienes asuman posiciones de liderazgo. 

La educación y la formación basada en principios éticos y valores morales tienen que ser la vía para llegar hasta el trono de la avaricia y la codicia consumista que rigen la sociedad actual. Esos vicios deben ser superados y en su lugar colocar los referentes que sirvan de guías a las generaciones más jóvenes. 

Hacer que la Política se transforme y se institucionalice para que sea una actividad atractiva como medio para renovar los mandos directivos y los liderazgos es una tarea impostergable para quienes aspiran a vivir en una sociedad donde la justicia social sea la norma y no la excepción. Así la práctica y la cultura política pueden recuperar su brillo y servir mejor a la sociedad.

La sociedad del Siglo XXI tiene grandes desafíos, entre los que se destacan el acelerado deterioro ambiental, el crecimiento exponencial de la población, la inseguridad ciudadana, la inobservancia a la norma, el debilitamiento de la institucionalidad democrática y la crisis de valores.  Superar esos males requiere una acción coordinada y articulada donde se aproveche todo el potencial transformador de la gente. 

Enfrentar esos retos, pasa por la restauración de la confianza en lo público y revalorizar el rol del Estado  en la regulación de las relaciones societales. Ese es el contexto que facilitará quebrar los pilares que sostienen el complejo esqueleto de la impunidad. Diversos recursos se pueden emplear en esta lucha pero la acción judicial debe producir sanciones ejemplarizadoras.

Sancionar el delito para desanimar a potenciales corruptos es un antídoto que complementado con la sanción social y moral  contribuirá a la creación de nuevas formas de tratamiento a los delitos y faltas cometidas contra el erario. Presionar para que quienes asuman liderazgos públicos entiendan la dinámica contextual de la impunidad y los males que ella genera, no solo al delincuente sino también al Estado mismo.

El país dispone de una normativa que bien pudiera servir de soporte a una política de transparencia articulada y efectiva pero esto pasa por una aplicación correcta de su contenido. Tal es el caso del artículo 146 de la Constitución de la República que proscribe cualquier modalidad de corrupción. Del dicho al hecho se ha hecho largo el trecho.

La no aplicación de la norma incentiva y fomenta las prácticas corruptas, debilitando la estructura institucional y minando la confianza de la gente en el gobierno, el Estado y la clase política. Claro, se sabe que la corrupción es una lacra que no es propia ni exclusiva del sector público pero éste está obligado a sancionarla y prevenirla.

Destruir el nido de la impunidad y destruir el techo que la cubre es el reto que tienen quienes trabajan el la lucha contra la corrupción. De no hacerlo, dejaríamos la puerta abierta a quienes hacen fortunas malhabidas para que instalen el imperio perverso, aprovechando cualquier descuido para colarse en las estructura de gobierno vía la participación política y el clientelismo.

sábado, 31 de mayo de 2014

RANCHO ARRIBA: UN AISLAMIENTO INEXPLICABLE E INSULTANTE.


"Trabajemos por y para la patria, que es trabajar para nuestros hijos y para nosotros mismos". Juan Pablo Duarte.
San José de Ocoa es una de esas provincias, donde las condiciones climáticas abren posibilidades idílicas a quienes se preocupan por la sustentabilidad e integridad del desarrollo en el país. Enclavada en la Cordillera Central y soñando con la superación de los males que sumen en un desconcertante estancamiento que contrasta con los esfuerzos de su gente por superarse.
Es este contexto, el que da razones a quienes reclaman acciones concreta para superar la pobreza, los rezagos y la iniquidad, priorizando políticas e intervenciones que se correspondan con las necesidades de la gente. Exigir que se trabaje en la creación de condiciones que aprovechen ese potencial para transformar la realidad socioeconómica y cultural de los territorios que presentan características especiales como es el caso de Rancho Arriba en San José de Ocoa.
Rancho Arriba es uno de los 3 municipios de San José de Ocoa. La proximidad con las provincias Monseñor Noúel y La Vega por el Norte les coloca en una posición ventajosa para ampliar sus relaciones con el Norte del País. Esa ventaja relativa queda trunca dado el deterioro progresivo de las carreteras y caminos que la intercomunican.
La urgencia y pertinencia de la construcción de la carretera Ocoa-Piedra Blanca y la habilitación de los caminos vecinales de toda la provincia es el mejor antídoto para que la gente aproveche las ventajas competitivas y la vocación de progreso de los moradores de la provincia 13-30.
La situación se agrava continuamente, pese a los insistentes reclamos de su gente, las gestiones de sectores externos al municipio, los amagos politiqueros y las promesas de las autoridades.
Acosados por una pobreza creciente y con sus esperanzas de progreso renovadas por el incremento de la instalación de sistemas modernos de producción agrícolas mejor conocidos como invernaderos que aporta ingresos y genera riquezas para el país reclaman atenciones tanto del gobierno central como del gobierno local.
No hay razones que expliquen el descuido y abandono al que ha sido sometido ese municipio. De poco ha servido el denodado interés de quienes aspiramos a ver a nuestros pueblos transitando la ruta hacia el desarrollo. Cuando se reclama la reparación de los caminos y carreteras en esa demarcación, no es un favor que se está pidiendo es un derecho de los pueblos a beneficiarse de las políticas estatales que requieren para desarrollarse.
Cierto es que esas condiciones exigen planificación estratégica, visión, articulación social y una altísima inversión para potenciar el desarrollo integral pero dentro de ese paquete debe incluirse como prioridad la construcción y reconstrucción de las carreteras para facilitar el intercambio de todas índoles.
San José de Ocoa es una provincia que ha dado largas batalla pero la gran guerra el abandono a que ha sido sometida. Rancho Arriba es ahora el mejor testimonio de esa triste realidad. Sus autoridades deben movilizar todas su influencia para supera tan penosa situación. Pareciera que alguien ha decidido maliciosamente, someter a ese municipio al ostracismo, obviando su alto potencial productivo, los derechos de sus munícipes y los aportes que hace al país.
El deterioro de las vías de comunicación desmotiva la inversión y acelera la inmigración. La gente sale y abandona aquel paraíso de ensueños que es el Valle de Rancho Arriba ¿Qué impide que se concreten las promesas? ¿Por qué se posterga la construcción y reparación de unas vías tan importantes? ¿Quién o quiénes se oponen o entorpecen la concreción de ese alto sueño de la gente de Ocoa de tener una Carretera Turística que la comunique con El Cibao?
La República Dominicana es un país, definido por la tradición como un lugar donde las condiciones climáticas favorecen el desarrollo agropecuario, el turismo y el comercio internacional. De ahí  la aspiración de de su gente de aprovechar esas ventajas para dar “El Gran Salto Adelante”.
Nuestros reclamos han sido ignorados por los hacedores de políticas y los planificadores del desarrollo. Insistiremos hasta que se pueda construir un mundo donde la justicia social sea norma y no excepción. Los pueblos necesitan levantar sus reclamos a contrapelo de unos liderazgos político y social cuyos intereses no siempre coincides con el interés de la gente.  

¡Otro mundo es posible y necesario!

SALOMÓN, GUABAYITA, DIÓGENES y LA ALFABETIZACIÓN.


“A nosotros ya no nos entran ni los tiros de pistola”.

Salomón y Diógenes, una pareja de veteranos de la vida, agricultores curtidos en las artes del trabajo arduo del Vallecito de Julián enclavado en la Cordillera Central de República, se encuentran por coincidencia, en una concurrida esquina de aquel hermoso municipio, cerca del parquecito central. Venían de sus respectivos conucos donde cumplían con sus quehaceres cotidianos.
La mañana de aquel día, empezaba a morir rápidamente y la tarde traía el calor abrazador que demandaba la cobertura de una sombra fresca que lo amortigüe. Era un calor inusual para esta parte del país, dijo Diógenes, por estos tiempos llueve mucho y la brisa es fresca.
En Vallecito se trabajaba en el Plan Nacional de Alfabetización y se había organizado jornada de ubicación y registro de personas iletradas, bajo el lema “QUE NADIE SE QUEDE FUERA” donde participaban todas las instituciones y organizaciones del lugar. Diógenes y Salomón estaban dentro de los candidatos potenciales pero eran más jibaros que una guinea tuerta.
Inician un diálogo animado por la presencia de las personas que trabajan en el Plan Nacional de Alfabetización y ante una pregunta de una joven que se identifica, graciosamente como Guabayita: ¿Han ido a la escuela alguna vez? Claro que sí dice Diógenes, el más joven de los dos. Dice, señorita, yo si fui a la escuela pero no aprendí mucho, solo a firmar con tres cruces y a contar malamente.
Diógenes reconocido como parlanchín que disfrutaba dialogando sobre cualquier tema que le perimiera acercarse al pasado autoritario y excluyentes que le tocó vivir a mediados de la Era de Trujillo, dónde a decir de éstos “se podía dormir en la calle y nadie se atrevía a tocarte y al que  cometía un delito como robo o violación lo colgaban en una plaza pública”.
Salomón, montado en su burro bayo conversaba animadamente con su compadre Diógenes sobre las peripecias que han pasado para llegar hasta donde estamos hoy. Primero el saludo de reglamento, apretón de manos y quitado el sombrero de fieltro negro que cubre sus cabezas encanecidas y media calvas.
Compadre, no se olvide yo que fui alcalde pedáneo, le puedo decir hoy que eso no eran tan así; era por el miedo que se le tenía a los matones, a los chivatos y a las brujas del Jefe. Recuerde compadre, era la ignorancia y el miedo de la gente nos obligaba a uno a estar despierto cuando debía dormir, dice Salomón.
Guabayita, fascinada con las ocurrencias de sus contertulios, abre los ojos y comenta para sí. Es difícil escuchar estas palabras tan sabia de un señor que no aprendió ni siquiera a escribir su nombre. Guabayita, era hija de campesinos, cuyo padre se esforzó y se hizo maestro, abriendo así el camino de su hija, quien tuvo la suerte de ingresar a la Escuela de Medicina de la universidad estatal. Una vez graduada, se inició como pasante en la Unidad de Educación de Atención Primaria y ahora saca un tiempecito para dedicarlo al Plan de Alfabetización.
Salomón, se planta, se acoteja el machete que cuelga de su cintura e interviene diciendo: mi historia no es distinta a la suya compadre, yo me dediqué a cuidar la finca de  Don Pepe, heredé ese trabajo de mi padre; nací y crecí cuidando el ganado, arriando la recua y curando animales cuando estos se enfermaban…no había tiempo para ir a la escuela.
Guabayita, contenta de oír aquellas historias, desconocidas para ella, despierta su curiosidad y los recuerdos de sus vivencias en casa de sus abuelos, donde los peones y jornaleros hacía jaranas en tiempos de lluvia cuando el temporal impedía salir de las casas. Ellos aprovechaban el tiempo contando sus historias, rememorando sus andanzas, hazañas y sufrimientos ¡Tampoco ellos tuvieron tiempo de ir a la escuela!
Al despertar de su embrujo melancólico, Guabayita vuelve en sí y retoma el tema de su conversación inicial, reconociendo que se había desviado en diálogo pero complacida con sus interlocutores y las vivencias que contaban. Su objetivo era conquistar aquellos septuagenarios para que aprendieran lo básico en los Guabayita de Aprendizajes que se estaban conformando.
Salomón y Diógenes sueltan una carcajada y comentan entre ellos: esa doctorcita ha vivido poco compadre, dice Diógenes; bueno sí, responde Salomón; le pasa lo mismo que a nuestros muchachos que se fueron a estudiar a la universidad y cuando volvieron ya no entendía de nada. Parecía marcianos ¿Qué saben ellos de las peripecias que pasa la gente del campo? ¡Viven como reyes!
Tanto Diógenes como Salomón tenían varios hermanos y cuándo Guabayita le preguntó cuánto de ellos fueron a la escuela dijeron que todos porque en la Era de Trujilllo era obligatorio ir a la escuela, de lo contrario le ponía tras las rejas. Más de uno cayó preso, porque se llevaban de trabajar y olvidaban la escuela o el servicio militar. Los chivatos, los policías rurales y los alcaldes pedáneos “cazaban” a quienes intentaban burlar la “voluntad del jefe”, dicen.
Salomón, con sus 75 años a cuesta y con la marca de la pobreza estampada el rostro y sus manos callosas, lamenta que a pesar de eso, ninguno de ellos pudo pasar del segundo grado. La gente nacía para trabajar y el tener munchos hijos no era para mandarlos a estudiar era para trabajar en las fincas, unas veces como jornaleros y otras como peones en las factorías de los ricos, dice Diógenes con un dejo de nostalgia.
Guabayita, los invita amablemente a inscribirse en el Plan de Alfabetización que ejecuta el gobierno. Intercambian miradas, se ponen serios y Diógenes responde sin pensarlo mucho: dígame doctora, de qué le sirve a un par de viejos como nosotros ir a la escuela. Hemos vivido todos estos años sin saber leer ni escribir y mire donde estamos.
Salomón busca su cachimbo en macuto de guano tejido que cuelga de su cuello y trata de encenderlo antes de responder pero Diógenes se interpone hábilmente y le recuerda con un gesto disimulado, que están ante una joven doctora. Se limpia el pecho y dice: oiga mujer, “a nosotros ya no nos entran ni los tiros de pistola”, estos cocos ya no cogen letras, lo números tal vez.
Guabayita, se da cuenta de lo difícil que es convencerlo de aceptar su propuesta y le dice: miren señores, en este plan lo que menos cuenta es la edad, lo que ustedes aprenden es de ustedes y de nadie más ¿Por qué aceptan ir a la Clínica una hora cada día para yo ayudarle a cumplir el sueño de escribir su nombre con sus propias manos? ¡Anímense que saber no pesa, ni ocupa espacio!
Tírele una décima compadre para que doctora vea como canta poeta de campo, compadre. A seguidas suena un “Clarín, clareando y sigamos contando”; dice Salomón haciendo honor al nombre del gran sabio de la antigüedad quien hizo grandes reflexiones sobre el modo de vivir y organizar la vida.
Aquellos titanes del humor campesino se ponen de acuerdo sin querer y  dan su sentencia. No se puede ir más rápido que vida, hay que vivir tal y como la gente nos conoce, endulzando la con la miel del humor la amarga hiel que la realidad nos impone, dice el improvisado sabio para el deleite de Guabayita y su compadre Diógenes.
En medio del diálogo Salomón, le aclara a Guabayita, que junto a su esposa Alba se inscribió en curso de alfabetización allá por 1986 pero el asunto no cuajó. Desde entonces decidió que en su casa los libros, cuadernos y lápices eran para los muchachos.
Unjú, compadre, así mismo es ¡Esos tienen que estudiar obligado porque son el futuro de la Patria, espeta Diógenes! Vea la muchachita esta disque doctora y lo bien que la pasamos conversando con ella, hasta el burro se quedó quieto.
Eso de Alfabetizarse suena bonito, la cuestión es que ya no tenemos tiempo ni fuerza dice Salomón. Además, el país necesita los brutos tanto como a los que saben la letra, recuerda ¿Quién va a producir la comida de la gente para la ciudad? Paco aclara que al que no sabe la letra cualquiera lo engaña y promete pensar la propuesta de la muchacha doctora.
Diógenes ¿Usted se imagina a esta pequeña recogiendo café con un ñango de dos cajones en la cintura como hacía la comadre Oneida? Bueno sí esa mujer parecía un hombre y lo buena gente que era, se lleva con todo el mundo. Esa mujer parió 14 hijos sin ir al hospital y murió de vieja, trabajaba como una burra para mantener a su familia, dice Diógenes. Ah, algunos se hicieron profesionales, recueras a José el que manejaba el tractor, se hizo agrónomo y María es profesora dice Salomón ¡Es la vida de la gente campo, doctora!
El paciente burro, Diógenes y Salomón irán por las callejuelas, calles, callejones, carreteras y caminos con su carga de sueños irrealizado sin poderlos expresar en el papel. Guabayita, la soñadora y romántica doctora del pueblo, continuará insistiendo en la búsqueda de cura para la ignorancia, el miedo y la apatía inducida de la gente que requiere apoyo para alfabetizarse.
Compadre vamos a movernos porque este burro es bien burro nada mas con escuchar hablar de escuela ya se ha puesto nervioso señala Salomón. Compadre ¿es el burro o es el dueño? No compadre, con esta muchachita cualquiera habla un año entero. Es el que el burro no ha bebido agua en dos días y parece que tiene sed ¡Hasta luego señorita, hasta lueguito compadre Diógenes, nos vemos en la noche!
Guabayita se despide cariñosamente de sus contertulios, poniéndose a la disposición en la Clínica donde ofrece servicios de salud. Al dar la espalda dice: ¡piensen bien en mi propuesta y si deciden cambiar de opinión me avisan! Puedo ir adonde ustedes me diga. Son gente buena, honesta y trabajadoras. Quiero compartir con ustedes mi experiencia como estudiante, es hermosa ¡Anímese Salomón y convenza a Diógenes, juntos haremos un buen equipo! ¡Clarín, clareando y sigamos contando…!