lunes, 19 de febrero de 2018

NOTAS DE PENSAMIENTO POLÍTICO Y SOCIAL DOMINICANO.


“La Nación dominicana es libre e independiente y no es ni puede ser jamás integrante de ninguna potencia, ni el patrimonio de ninguna Potencia, ni el patrimonio de familia ni persona alguna propia, ni mucho menos extraña. Juan Pablo Duarte.


El Pensamiento Político y Social Dominicano asume dimensiones que oscilan entre el conservadurismo, el liberalismo y el revolucionario. Cada una de estas dimensiones presenta matices que definen los fundamentos ideológicos de la sociedad dominicana. Para analizar estas particularidades, asumiremos un enfoque crítico reflexivo que permita ubicar sus atributos distintivos.

El abordaje del tema, implica un recorrido histórico que bien pudiera iniciar en las culturas originarias, preferiblemente en la Sociedad Taína, dado que la isla estaba organizada política y administrativamente cuando se produjo la invasión europea en 1492. Las ideas que sirvieron de base a esa organización son tan válidas como las que sustentaron el proyecto expansionista europeo a partir del Siglo XV. 

Así al recorrer las páginas de la historia tras la ubicación de las raíces del sentir dominicano obliga, de algún modo a marcar ese punto de partida, que aunque no existiera el concepto "dominicano" todavía, el perfil cultural del criollo iba tomando forma y conciencia política. Esas formas tendrían para el caso 4 raíces: la aborigen autóctona, la europea invasora, la negra esclava y posteriormente la haitiana.

Partiendo de las ideologías predominantes que marcaron y condicionaron el quehacer político, a partir de 1844, cuando se proclama la Independencia Nacional y pasando por las grandes tendencias ideológicas que influyeron o inspiraron a pensadores e intelectuales quienes plasmaron sus visiones en textos o documentos específicos.

Así, al analizar la proclama de la Independencia Efímera de 1821, guiada por el Dr. José Núñez de Cáceres encontramos elementos que se replican de algún modo y marcan tendencias  en eventos posteriores. Esto permite seguir una línea que permite seguir la ruta del pensamiento político dominicano.

De un lado, vemos a los conservadores anexionistas (pro-españoles, pro-franceses, pro-haitianos, pro-ingleses…), del otro los independentistas que pudieran ser considerados como liberales. Estos últimos, parten del pensamiento independentista de Ciriaco Ramírez y sus compañeros, quien enfrentó a su hermano Juan Sánchez Ramírez, pro-español y arquitecto de la “España Boba”.

Luego de la derrota que infligieron a las fuerzas francesas comandadas por Jean Louis Ferrand en 1808, en la Batalla de Palo Hincado y con el continente americano inmerso en una lucha sin cuartel contra el colonialismo europeo, Juan Sánchez Ramírez decide devolver el gobierno a la Corona Española y asumir la gobernación a nombre de la monarquía española. 

Así, sin saberlo, los líderes de la Guerra de Reconquista (1808-1812) marcaban la tendencia que asumiría el Pensamiento Político y Social Dominicano a lo largo de todo el siglo XIX. Una lucha cruenta entre anexionistas conservadores e independentistas liberales que ha gravitado en la conciencia colectiva y marca la conducta política y social de no poca gente.

Analizar críticamente esas particularidades y colocar la cuestión en perspectiva partiendo de la situación actual es un gran desafío para este esfuerzo. Espero dejar suficientes preguntas para que empecemos a buscar respuestas en los baúles ocultos del Pensamiento Político y Social Dominicano para ubicar los fundamentos del sentir dominicano.

El Pensamiento Político, como concepto, se explica mediante la síntesis o sustrato intelectual producidas por las prácticas políticas y el fundamento ideológico que define el perfil de las relaciones de poder en una sociedad. Los espacios de interacción social, iniciando por la familia, ejercitar las capacidades de razonar de la gente y las transforma en ideas que luego se encadenan para formar el pensamiento.

Referido a lo social el esquema es semejante. Dada la estrecha relación que hay entre ambos concepto y la fina línea que los separa, es preferible hablar de interrelación o complemento en el campo práctico de la convivencia humana. Esto así porque las relaciones sociales están regidas por normas jerarquizadas y socialmente aceptadas que implican relaciones de poder. 

Donde hay relaciones de poder hay acción de política, ya que es en esa dimensión donde coinciden las Sociología y la Ciencia Política. Visto así la acción de pensar política y socialmente están íntimamente relacionada. Esa particularidad viene marcada por los elementos que condicionan la conducta o el comportamiento humano como son la religión, las ideologías liberales, conservadoras, los mitos, las costumbres y la acción política propiamente dicha.

Fue en la isla de Quisqueya donde se creó la primera universidad de América y esa debió ser una ventaja para el cultivo de ideologías y tendencias que sirvan de sustento al pensamiento político, aún en tiempos de la Colonia Española. El retraso explicarse por el trato que dio España a la Colonia Española. Se sabe que el interés de España era saquear y evangelizar, no promover ideas que pudieran poner en riesgo el proyecto expansionista que impulsaban y mucho menos pensamiento crítico. Por eso dieron el control de La Primada de América a clérigos y curas.

Con esos ingredientes se ha cosido el Pensamiento Político y Social Dominicano a lo largo de la historia. Muchas veces sus rasgos anexionistas aparecen tanto del lado conservador como del lado liberal. Desde tiempos de la colonia española, los condicionamientos psicológicos para dividir a los criollos primeros y luego a los propios dominicanos han asumido diversas formas.

Tempranamente, Andrés López Medrano esbozó principios para la instalación de un sistema político con clara orientación democrática. A éste esfuerzo se unió Ciriaco Ramírez y posteriormente el Dr. José Núñez de Cáceres. Los hechos históricos y el testimonio documental recogen muestras de un patrón característico de la identidad dominicana que marcan la cultura política y condicionas la conciencia política.

En esa línea “Liberal Progresista” se inscribe el pensamiento político que sirvió de guía a la Sociedad Secreta La Trinitaria, plasmado en el Juramento Trinitario. De ahí a las proclamas independentistas y más tarde a las guio la Guerra Restauradora que ayudaron a restaurar la soberanía mancillada por la oprobiosa Anexión a España, perpetrada por Pedro Santana en 1861.

Esas formas van desde el racismo perverso hasta el entreguismo anexionista, pasando por las intenciones integracionistas como el proyecto de la Independencia Efímera que pretendió asociar el Haití Español a la Gran Colombia que lideraba Simón Bolívar (Panamericanismo ). Aunque fallara el intento, la iniciativa marcó una orientación de unidad americana que más tarde fue defendida por general Gregorio Luperón en su autobiografía y el maestro Eugenio María de Hostos en la "La Moral Social", quienes propugnaron por la integración de Las Antillas (Antillanismo )

Tras el triunfo de los "criollos" en la Guerra de Reconquista contra Francia vino el período denominado España Boba;  hasta que el Dr. José Núñez de Cáceres y sus compañeros proclamaron la Independencia Efímera, siguió la Ocupación Haitiana que inició en 1822 y concluyó con la Independencia Nacional de 1844.

La ocupación haitiana, sirvió de contexto al florecimiento de las ideas libertaria, ya que la represión y la forma de gobernar de Jean Pierre Boyer privilegiaba, como es de suponer a las tropas que le acompañaron. Esa situación dio lugar a que un grupo de jóvenes encabezado por Juan Pablo Duarte, se dedicara a pensar en las formas de crear una Estado libre, independiente y soberano. 

Es así como tras un arduo trabajo de coordinación y preparación logran concretar una estrategia que los llevó a la conformación de La Sociedad Secreta Trinitaria en 1838, cuyo cuerpo doctrinario quedó plasmado en el Juramento Trinitario, instrumento que sirvió de guía e inspiración a todo el proyecto independentista. Fue una especie de molde ideológico para las fuerzas de perfil liberal independentista.

Guiados por las ideas de Juan Pablo Duarte y conscientes de la delicada y noble tarea que habían asumido Los Trinitarios, promovieron el ideal libertario y crearon las condiciones para salir de la dictadura de Jean Pierre Boyer. Usaron estrategias de alianzas, tanto con los enemigos de Boyer como con sectores conservadores de claro perfil anexionista como es el caso de Tomás Bobadilla, Buenaventura Báez, Ramón y Pedro Santana, entre otros.

El pulso ideológico entraba en un proceso de definición. De un lado quedaban quienes defendían la independencia pura y simple; del otro quienes habiendo participado en la lucha independentista, no creían en la capacidad del pueblo para sostenerse por sí solo. Estos últimos eran partidarios de un protectorado extranjero, sea español, francés o inglés. Es la fuerza del ideal trinitario duartiano la que posterga la consumación de sus malsanas pretensiones.

Conservadores y liberales, en el sentido y contexto de entonces, entablaron una lucha por el control del poder político, donde los conservadores fueron desplazando a los sectores liberales hasta que lograron la anexión a España en 1861. Ahí empiezan a definirse los colores y bandos que protagonizaron la política dominicana y definieron el perfil ideológico de ese entonces. El bando liberal asumió el color azul para identificarse y los conservadores el color rojo. 

Es la Anexión a España la que agudiza la lucha entre los bandos conservadores y liberales. Los conservadores, estafados por la Corona Española pero conforme con la cristalización de sus ideas entreguistas defienden a capa y espada la presencia española en Santo Domingo. Pedro Santana, artífice de tal ignominia encabezó la carnicería.

Los liberales opuestos a la enajenación de soberanía asumen la lucha armada como salida. José Cabrera y Cayetano Germosén  se levantan, son capturados y fusilado. El prócer Francisco Sánchez del Rosario, junto a un grupo de patriotas, entra por Haití a combatir a las fuerzas invasoras. Es apresado, juzgado y fusilado junto a sus compañeros. Otro Sánchez cae asesinados por órdenes de Santana. Ya en 1845 la heroína María Trinidad Sánchez había sido fusilada por órdenes de ese verdugo.

Más tarde surgirían los verdes, por ahí desfilaron los principales pensadores de la época, quienes pocas veces podían quedar al margen de la ola montonera que protagonizaban ambas fuerzas. Eso condicionaba el comportamiento social y político; así como generaba el combustible para mover la pesada locomotora del sistema político dominicano. Durante todo el Siglo XIX las tensiones y roces entre esas fuerzas atrofiaron el desarrollo político y social dominicano.

Económica, política y culturalmente el país, había llegado tarde al concierto de las naciones. Cuando se da la independencia en 1844 ya el mundo va lejos en materia de cultura política y aquí los perfiles institucionales eran la típica expresión del caudillismo conchoprimesco. Los matices nacieron unos con colas y otros bolos y así, mientras discurría las guerras entre bandos, denominadas montoneras el país se estancaba y con él, el pensamiento crítico intentaba explicar la compleja situación.

Entre esos avatares y con ese cuadro transcurre el Siglo XIX y entramos bajo una lógica semejante al Siglo XX. Cruentas luchas entre los bandos y tendencias por el control político del país. Pobreza, corrupción, falta de instituciones, escaso desarrollo; guerras levantamientos, alzamientos constantes era la características predominante. Abajo el pueblo que paría con dolor la institucionalidad maltrecha que heredamos.

El pensamiento liberal fue el elemento que no solo enfrentó el conservadurismo anexionista sino que marcó la línea para defender la soberanía, el formalismo democrático y la autoderminación del pueblo dominicano. A pesar del éxito relativo del conservadurismo en términos de control del poder político, las ideas liberales han guiado los sueños de generaciones desde la fundación de La Trinitaria hasta nuestros días.

Más tarde, las ideas socialistas entran al escenario e imponen una lógica discursiva para apuntalar la trasformación de la sociedad dominicana. La lucha de clases, a pesar las críticas de algunos autores, se hizo presente tempranamente en el país y con ellas las aspiraciones de revolucionar el pensamiento político y social. Hacer la revolución era el anhelo de parte importante de la intelectualidad dominicana impactando el pensamiento político.

Cabe recordar grandes oradores como Eugenio Dechamps y el padre Fernando Arturo de Meriño. Afirma el Dr. Roberto Cassá que Dechamps, nacido en Santiago en 1861, se destacó "Gracias a la firmeza de su pluma, al activismo tenaz y a la fuerza de su oratoria, terminó fungiendo como el ídolo de los principales colectivos de jóvenes de Santiago y localidades aledañas. Tenía las condiciones y las motivaciones para desarrollarse como un intelectual, pero desde la juventud definió una vocación por la acción que lo perfiló como paradigma en su época del político, patriota, definido por oposición al político vulgar que únicamente perseguía beneficios personales".

En 1915 invadieron a Haití y un año después a toda la isla. El alegato "pacificar". La resistencia no se hizo esperar ni la represión tampoco. Los gringos mataron, torturaron y vilipendiaron a quienes le opusieron resistencia. Les dieron el mote de "Gavilleros" a los patriotas que valerosamente e inspirados por el ideal trinitario "La República Dominicana será libre e independiente o se hunde la isla".

Los "generales" imponían su ley por encima de las ideas y bañaban en sangre el arruinado país. Eso facilitó las cosas al imperio norteamericanos quienes habían decidido aplicar su doctrina del Destino Manifiesto a toda la isla. La ocupación duró hasta 1924 y dejó como herencia al tirano Rafael Leónidas Trujillo Molina quien se formó a la sombra del gobierno entreguista del general Horacio Vásquez 1924-1929. Ahí empieza otro capítulo de la lucha ideológica y la entrada en escena de las ideas marxista

Un retrato de la época se encuentra los textos de Pedro Francisco Bonó (1828-1906) y posteriormente Federico García Godoy, quien denominó su obra con el ilustrativo nombre de "El Derrumbe", obra concebida durante la Ocupación Militar Norteamericana 1916-1924. Luchas han habido y muchas. Experiencias enriquecedoras. Grandes sacrificios de los hombres y mujeres que abrazan la defensa de la justicia social tanto desde el ámbito político como del religioso. El denominado pesimismo dominicano ha encontrado siempre la contracara optimista de quienes apuestan a vivir en una sociedad donde la justicia social sea regla y no excepción.

Las perspectivas del pensamiento político y social están supeditadas a las capacidades y a las sinergias que produce la dinámica política y social. Siglo XXI es perspectivas y las múltiples opciones de articular líneas de pensamiento que superen el dúo liberalismo-conservadurismo y abran las puertas de nuevas formas de ver e interpretar la realidad.

Debemos ser capaces de generar ideas que nos permitan superar retos tan importante para la humanidad como son el calentamiento global, la pobreza multidimensional, la proliferación de armas de destrucción masiva, la delincuencia, y el crimen organizado. Pensar y repensar en esos retos es un trabajo exigente que requiere la colaboración y la comprensión de los entes que se dedican a pensar.


lunes, 30 de octubre de 2017

EL DEBATE POLÍTICO-ELECTORAL: MUCHO MÁS QUE PRIMARIAS.

“Tanto la oposición progresista como la revolucionaria está distraída, mientras las derechas les arman la jugadota para las elecciones el 2020”. FDC/2017.

Los partidos y agrupaciones políticas son instituciones de filiación voluntaria cuyas funciones están establecidas por la Constitución de la República, La Ley Electoral, y los Estatutos Internos. Aunque la organización es libre, la Ley Electoral señala las características que deben asumir los partidos para ser reconocidos por el organismo regulador.

El artículo 4 de la Ley 175-97 establece las condiciones para el reconocimiento y señala que: “Podrá ser reconocida como partido político toda agrupación de ciudadanos que se organice de conformidad con las disposiciones de la Constitución y las leyes, con el fin primordial de participar en la elección de ciudadanos aptos para los cargos públicos y de propender a la realización de programas trazados conforme a su ideología particular, con el objetivo de alcanzar los puestos electivos del Estado”.

Como puede apreciarse claramente no es un voluntarismo someter las actuaciones de partidos y agrupaciones al escrutinio de la Ley, alineando así los estatutos a las prerrogativas normativas generales, y especialmente a la Constitución de la República. En el caso dominicano, la constitucionalización de los partidos políticos obliga a una reestructuración de la normativa complementaria para adecuarla. 

Los esfuerzos para concretar y acoplar el marco constitucional a la normativa que rige al sistema político-electoral ha sido objeto de un largo debate, que hoy gira en torno a unas propuestas de Ley de Partidos y Agrupaciones Políticas. El tema llama a reflexionar sobre el contenido,  urgencia y pertinencia de una normativa específica para regular la gestión interna de los partidos políticos.

El sistema de partidos del país tiene casi 100 años regido por la normativa electoral. Desde 1987 se está hablando de la necesidad de una Ley de Partidos y hasta hoy no se tiene. ¿Es urgente? ¿Qué aportaría? ¿Cuáles aspectos regularía? ¿Se ha reflexionado sobre el tenue límite entre la materia estrictamente electoral, la contenciosa y la partidaria propiamente dicha? ¿Es preferible un Código Electoral? Estas y otras preguntas debieran ser respondidas antes de aprobar una normativa con tal trascendencia.

Hay interés en imponer una sola modalidad para las elecciones internas de los partidos y se debate entre primarias abiertas y cerradas ¿Cómo se explica esta obsesión? ¿Dónde quedan las demás modalidades? Se sabe que las Asambleas de Delegados, las Convenciones y hasta las Encuestas han servido para escoger y validar candidaturas.

¿Cómo evitar contradicciones y solapamiento entre la normativa electoral, la eventual ley de partidos y las normas estatutarias? Concentrarse en los aspectos jurídicos de la Ley es importante pero si se marginan las cuestiones gerenciales y también los aspectos puramente políticos, con esto se corre el riesgo de concentrar el control de los partidos en la Junta Central Electoral.

Otro riesgo latente, es el que pudiera presentarse si se sobre-regula y se cae en el facilismo de colocar en la Ley las cuestiones que deben ser objeto de la normativa interna. La organización en partidos políticos es voluntaria y la gente rechaza los excesos de control. Militar es una decisión que implica un alto compromiso político con su país, para unos, es una cuestión de vocación y para otros, es de principios. Algunos simplemente la usan como trampolín para lograr ascenso social y objetivos particulares. Unos y otros deben encontrar espacio para ejercitar sus ideas y cultivar sus capacidades.

Si la Ley de Partidos y Agrupaciones políticas que se discute no sirve para garantizar los derechos de los miembros militantes de los partidos el esfuerzo queda trunco. Por tanto, quienes insisten en defender la regulación de una actividad voluntaria deben pensar en formas efectivas y flexibles para evitar la desarticulación de las organizaciones político-partidaria.

Los derechos de los miembros deben ser preservados y privilegiados por encima de cualquier capricho o coyuntura politiquera. Se legisla para el bien del ente regulado y para el futuro de la nación, no para la satisfacción de intereses particulares ¿Qué motivación tendría una persona para participar en un grupo o institución donde no se respetan sus derechos ni se valoran sus capacidades?

Los partidos están acosados por una crisis de confianza que se ahonda por la incapacidad probada de esas entidades para autorregularse. Ignorar esta realidad es un craso error al momento de regular una actividad voluntaria ¿Se pretende retener a la gente en base a demagogia o se aspira a tener sujetos críticos, éticos y comprometidos?

Organizarse en partidos es un derecho pero no es obligatorio. Debe existir un incentivo y una motivación específica. De ahí la importancia de ampliar el debate sobre la urgencia y pertinencia de una normativa que irá a regir a las organizaciones políticas del Siglo XXI. La democracia formal está en crisis porque su base que son los partidos ha descuidado la formación y se han desviado de la ética y del compromiso con la sociedad.

Centrar el debate en las modalidades de elección y marginar temas de tanta trascendencia como los perfiles de la membresía y el compromiso de esas entidades con la sociedad, agravaría la crisis que padece el sistema de partidos en República Dominicana. Las cuestiones medulares del sistema de partidos deben ser tratadas a profundidad con todos los entes que serían impactados con la normativa.

Otras cuestiones que deben establecer los lineamientos versan sobre las formas de alianzas, coaliciones y acuerdos donde se sacrifican los derechos de los miembros para privilegiar los del partido. Esa situación genera transfuguismo y afecta la transparencia con que deben gestionarse los partidos. Violentar los derechos de la membresía partidaria es colocar a la gente entre la disyuntiva de militar o no militar. Eso pone en riesgo la estabilidad del sistema político y la democracia.

Los aspectos regulatorios de los partidos deben seguir en manos de la Junta Central Electoral pero la parte de organización y gestión interna es un asunto que puede ser incluido en una eventual Ley de partido o simplemente quedar como materia estatutaria. Politólogos y juristas deben hacer coincidir los postulados normativos con los aspectos políticos orientados al fortalecimiento de las instituciones que sustentan la institucionalidad democrática. Las organizaciones políticas son clave para renovar el liderazgo directivo de la sociedad.

Esta reflexión está orientada a ubicar cada aspecto en su contexto. Así lo jurídico es jurídico; lo político es político y lo estatutario es estatutario. Tanto el Congreso Nacional como los partidos políticos, junto a los grupos de interés que trabajan el asunto deben priorizar y aclarar el ámbito y los alcances de dicha norma. Considerar la regulación de los partidos políticos, más allá de lo que establece la normativa vigente es un compromiso y una oportunidad.

Que se esté de acuerdo con una u otra modalidad de elección interna es una cosa, que se cierren a una sola y se obligue a todas las fuerzas políticas a asumir la misma modalidad es otra. Eso puede llevar a quienes insisten en esa lógica a “meterse en camisas de once varas”. Las regulaciones vigentes han traído el modelo político y democrático hasta aquí y se requerirá un esfuerzo para reencontrar a la gente con la Política. Si los postulados en los que se fundamenta la Ley sirve a ese propósito, será de gran utilidad, de lo contrario será una de tantas leyes que nacerá vieja e inútil.

Delimitado y establecido el área y campo de acción de una Ley de Partidos y Agrupaciones Políticas que se complemente con el sistema electoral para fortalecer e institucionalizar la democracia funcional es el reto. Garantizar la participación, reforzar la cultura política, ciudadanizar la política, mejorar la regulación y apuntalar la transparencia es hoy un reto fundamental para el sistema político y electoral. El asunto es mucho más abarcador que una simple primaria o convención.

De poco sirve pasarse una vida discutiendo una Ley, si la misma no contribuye al fortalecimiento de la institucionalidad política, propicia la modernización e impulsa el desarrollo político. De ahí la importancia de la formación y capacitación de la membresía y los simpatizantes de los partidos. La alfabetización política es clave cuando se apuesta al adecentamiento de la práctica política.

Transformar el formalismo democrático electoralista en una democracia funcional requiere de sujetos políticos comprometidos con la superación de vicios tan acentuados como el clientelismo, el caudillismo, transfuguismo, la corrupción y la impunidad. Conseguir esos perfiles exige un trabajo organizativo constante y una formación continua, tanto de la militancia como de la dirigencia partidaria. 

Aunque cueste retrasar la aprobación de la Ley de Partidos y Agrupaciones Políticas el Congreso Nacional tiene la obligación de abrir un debate donde participe la mayor cantidad de actores. No es sano, política ni jurídicamente, colocar la “espada de Damocles” sobre las generaciones que nos sucederán. Es tiempo de reflexionar más allá de una simple modalidad de elección de candidaturas o elecciones internas.

Los modelos de partidos que tenemos hoy, de no adecuar su comportamiento a los requerimientos del Siglo XXI, desaparecerán. Nuevas formas de organización y participación política surgirán y el país debe darse una normativa donde quepa una diversidad de sujetos políticos. Pensar en un modelo de partido y en un sistema que los gestiones es un desafío. El cambio es constante y la organización societal es dinámica ¿Por qué cerrar los ojos ante un mundo que se transforma?

La Ley de Partidos y Agrupaciones Políticas debe servir de sombrilla a cualquier modelo de organización que surja de la organización voluntaria de la gente. La doctrina, la ideología o los propósitos de los partidos son una prerrogativa de la membresía que lo conforma. Eso es lo que los une y les lleva a desarrollar un sentido de pertenencia y compromiso. Lo demás queda para quienes hacen de la política un negocio.

Si los partidos no mejoran su imagen y se institucionalizan; la democracia que sustentarán se deteriorará y abrirá paso a formas de gobiernos que no siempre favorecen la participación política. De ahí la importancia de cuidar a los partidos y organizaciones y trabajar para su desarrollo e institucionalización. Los esfuerzos por establecer un marco normativo deben llevar a un aumento de la transparencia y generar confianza en el sistema de partidos.

Se impone superar las diatribas y caprichos que mantienen enclaustrado el debate en el Congreso Nacional. Las cúpulas partidarias, especialmente de los llamados partidos mayoritarios deben esforzarse por democratizar el debate sobre la Ley de Partidos y Agrupaciones para fortalecer democracia interna y reforzar la institucionalidad democrática.

Que se consulte en las bases, para recoger y documentar el sentir de las mismas. Que se aproveche el debate para renovar el compromiso ético e incentivar la participación. Participar en la toma de decisiones también es un derecho de la militancia partidaria ¿Por qué negarle el derecho a participar? ¿Tienen las cúpulas la “verdad absoluta” o la “última palabra” sobre el asunto? Activar los mecanismos internos de participación renueva el sentido de pertenencia y aumenta las capacidades del debate.

Este no es un tema para políticos, opinólogos, politiqueros o sabelotodo, es ante todo, un tema que atañe a la militancia partidaria y al liderazgo político. Claro, nunca es malo que especialistas en Ciencias Políticas, juristas, sociólogos, periodistas, filósofos o cualquier otro cientista social entre al debate para aportar los insumos teóricos que faciliten la comprensión del tema y aclaren conceptos sobre las cuestiones que así lo ameriten.

Malo sería, que por torpeza, prisa o malicia se perviertan los contenidos y se enrede conceptualmente al pueblo haciéndole pasar “gatos por liebre”. Papel especial en este debate, es el que deben jugar la juventud y las mujeres militantes. Siendo mayoría, tendrán que lidiar con un marco normativo que pudiera lesionar principios y derechos fundamentales consagrados tanto en el Pacto de los Derechos Civiles y Políticos como en la Constitución de la República.

¡Que se democratice y se profundice el debate! ¡Es tiempo de transformar el formalismo democrático en democracia funcional! ¡El formalismo normativo ayuda pero no es la panacea! ¡Transformar la cultura política para superar clientelismo caudillezco!

jueves, 19 de octubre de 2017

NORMATIVA POLÍTICO-ELECTORAL: ¿CONFUSIONES, MANIPULACIÓN O IGNORANCIA?

“Los partidos políticos son entidades de interés público que tienen como fin promover la participación de los ciudadanos en la vida democrática, contribuir a la integración de la representación nacional y como organizaciones de ciudadanos, hacer posible el acceso de éstos al ejercicio del poder público, de acuerdo con los programas, principios e ideas que postulan y mediante el sufragio universal, libre, secreto y directo”. Instituto Nacional Electoral de Méjico.

El prolongado debate sobre la normativa que deber regir el funcionamiento de los partidos políticos en el país, ha creado confusión conceptual y ha enredado los contenidos que deben plasmarse en la misma. A pesar del tiempo y la cantidad de información generada  por más de 20 años, cuestiones de sentido común, se confunden, se ignoran o se manipulan.

Es común leer, ver y escuchar a opinólogos, politiqueros y políticos confundir cuestiones que son propias de la Ley Electoral con aspectos que debieran ser incluidos en una Ley de Partidos y Agrupaciones Políticas. Pareciera exagerado pero hay distorsión conceptual en los debates ¿Hay algún interés en que sea así? ¿Qué implicaciones tendría a futuro?

Todo lo concerniente a la regulación de las campañas políticas, incluida las diversas formas y fuentes para el financiamiento de campañas, validación y aprobación de candidaturas, certificación de autoridades, la organización y supervisión de los procesos electorales y  son asunto que son y deben ser regido por la normativa electoral. Esas funciones están reservadas tanto a la Junta Central Electoral como al Tribunal Superior Electoral.

La Ley de Partidos y Agrupaciones Políticas debiera definir los aspectos organizativos y de gestión política con el objetivo de garantizar el funcionamiento institucional de esas entidades y preservar los derechos de los miembros y garantizar la democracia interna. Cuidar los aspectos disciplinarios y apostar por la incorporación de procedimientos administrativos que hagan de las organizaciones políticas entidades confiables, transparencias y funcionales.

A la normativa electoral le corresponde regular al sistema electoral dominicano, así como supervisar el accionar de las organizaciones políticas. En cambió, una eventual Ley de Partidos correspondería intervenir del lado del sistema político y sus relaciones con el resto del sistema social. Aunque se complementan difieren, tanto la misión como en la función. Pareciera, que hay grupos de interés que prefieren hacerse locos antes que entrar a explicar la fundamentación teórico-operativa de la cuestión. 

Delimitar esas funciones es clave para evitar que la excesiva regulación, que impida o bloquee el ingreso de la gente al sistema político. El ordenamiento jurídico debe respetar el espacio de acción. Deber regularse pero de forma flexible. De ahí que mucha gente prefiera un código electoral que recoja, en un solo cuerpo, todo el instrumental normativo que debe regir tanto al sistema electoral como al sistema de partidos.

Los Partidos y Agrupaciones Políticas son sujetos que deben probar su capacidad de autogestión y eso implica que pueden establecer perfiles para su militancia, definir su doctrina, su simbología; así como códigos, ordenanzas, resoluciones y circulares que faciliten la gestión. Esos instrumentos deben corresponderse y complementarse con la normativa electoral, nunca contradecirlos.

Mezclar aspectos que son propios y esenciales de la normativa electoral.  Confundirlos genera tensiones entre partidos y agrupaciones políticas, por un lado y la Junta Central Electoral por el otro. Desvirtuar y retorcer para confundir o manipular a los sectores que serán impactados por los efectos de la normativa político-electoral genera roces entre los actores del sistema político.

La Constitución dominicana es clara. Establece en su artículo 216, los fundamentos que deben servir de base a la organización de los partidos políticos. A continuación copio el texto completo del referido artículo para ilustrar y reforzar los planteamientos de esta reflexión:

“La organización de partidos, agrupaciones y movimientos políticos es libre, con sujeción a los principios establecidos en esta Constitución. Su conformación y funcionamiento deben sustentarse en el respeto a la democracia interna y a la transparencia, de conformidad con la ley. Sus fines esenciales son:

1) Garantizar la participación de ciudadanos y ciudadanas en los procesos políticos que contribuyan al fortalecimiento de la democracia; 2) Contribuir, en igualdad de condiciones, a la formación y manifestación de la voluntad ciudadana, respetando el pluralismo político mediante la propuesta de candidaturas a los cargos de elección popular y; 3) Servir al interés nacional, al bienestar colectivo y al desarrollo integral de la sociedad dominicana.

Se legisla para el futuro y eso obliga a clarificar los aspectos conceptuales que deben ser regidos por cada normativa. La Constitución de la República establece en su artículo 216 los fundamentos y las funciones de los partidos y agrupaciones políticas. La Ley Electoral 275-27 y la Le 11-29 que crea y rige el Tribunal Superior Electoral, así como su normativa complementaria, marcan los límites funcionales entre regulados (Partidos y Agrupaciones Políticas) y los reguladores (Tribunal Superior y Junta Central Electoral).

El Proyecto de Ley de Partidos y Agrupaciones Políticas define el objeto de la siguiente manera:La presente Ley regula el ejercicio del derecho de todos los ciudadanos y ciudadanas a organizar partidos y agrupaciones políticas o formar parte de ellos, y establece las normas que regirán la constitución y reconocimiento, organización, autorización, funcionamiento, participación en procesos electorales, vigilancia y sanciones de los partidos y agrupaciones políticas”.

Como puede apreciarse, no es complejo entender que en los debates y discusiones escenificadas por años, falta aterrizar la normativa al contexto en el que nacen, se desarrollan, evolucionan, crecen y mueren las entidades políticas. Otro asunto que se debe ser claramente delimitado es el que tienen que ver con las normativas internas. Evitar roces innecesarios entre las normas internas, la normativa electoral y una ley de partidos fortalece, tanto al sistema político-electoral como a la institucionalidad democrática.

Asegurar funcionamiento del sistema electoral y los procesos asociados a éste, son fundamentales para apuntalar el desarrollo político, modernizando el sistema político y fortaleciendo la institucionalidad política, así como para transformar el formalismo democrático en democracia funcional. Los partidos y agrupaciones políticos son el instrumento de soporte a ese esfuerzo. De ahí la importancia y necesidad de hacer normativa clara, transparente, útil y flexible.

En cualquier caso, la Ley de Partidos y Agrupaciones Políticas que se apruebe debe servir para fortalecer la democracia interna, los derechos de los miembros, la transparencia de los procesos internos, así como para gestionar las relaciones internas de esas entidades. Los partidos son entidades que sirven de soporte a la democracia funcional y eso les obliga a mejorar continuamente sus prácticas y a definir perfiles éticos para su militancia.

miércoles, 18 de octubre de 2017

LOS CASADO VILLAR: UNA FAMILIA REVOLUCIONARIA.


"El pueblo que desconoce su historia, que ignora las hazañas y sacrificios de sus hijos e hijas o es indiferente al legado que ha heredado, pasa de ser traidor a convertirse en vasallo". FDC/2017.

Los Casado Villar son una digna muestra de honestidad, coraje, coherencia, solidaridad, compromiso y rebeldía. Integrada por mujeres y hombres cuyo accionar en la vida, es digno de imitar. Conocedores de las limitaciones propias de las zonas rurales, impuesto por la dictadura de Trujillo y aguijoneados por la espina revolucionaria. La familia no era ajena a los acontecimientos políticos ni al momento histórico que vivía el país, tras el ajusticiamiento del tirano en 1961.


Los Casado Villar eran amantes de la libertad y de la justicia como afirma Braulio Torres, amigo de la familia, en su obra “Cautivo de mi Verdad”.  Durante la Guerra de Abril de 1965 el padre se traslada acompañado de Manuel Emilio y Manfredo a “Las Trincheras del Honor” a defender la soberanía y reclamar la vuelta a la constitucionalidad. Se integran a las unidades de combate y reciben el bautizo como combatientes. El resto de familia había quedado en de San José de Ocoa.

La familia, integrada por 7 mujeres y 6 hombres, conoce la represión trujillista, del triunvirato y los tenebrosos “Doce Años de Balaguer”. Períodos caracterizados por la represión despiadada, la intolerancia política, la falta de libertad y el terror político. También fueron tiempos de luchas, de heroísmo y sacrificios para el pueblo dominicano, especialmente para las fuerzas progresistas y revolucionarias. Eran tiempos de lucha por la tierra, la libertad y la justicia social. La oligarquía y los terratenientes expoliaban a la población con sus políticas excluyentes y esclavistas. En las zonas rurales la vida era llevadera pero difícil. Se era jornalero, peón, mayordomo, terrateniente o comerciante.

En ese ambiente forjan los valores y principios que adornan a Manuel Emilio. Lidia, Gloria, Altagracia, Manfredo, Julio César, Dinorah, Magnolia, Olga, Roberto, Argentina, Milcíades y Marino Casado Villar. Se sabe que para entonces las familias campesinas eran numerosas y todos se integraban a la búsqueda del sustento diario realizando diversas actividades vinculadas al quehacer campesino. Así es y ha sido la vida en las comunidades rurales dominicanas.

Escasa infraestructura que le permita a las familias de disfrutar de un mínimo de comunidad en sus tierras. Eso había que conquistarlo, incluida la tierra para trabajarla y obtener el sustento diario. Trabajar a medias o la cuarta era una ley que habían impuesto los dueños de tierra. Esto junto a los bajos salarios por el jornal y los horarios de 6 a 6 acentuaba la explotación del hombre por el hombre. Ese era un contexto donde el caldo de la rebeldía revolucionaria se calentaba continuamente. Don Porfirio y su familia padecía en carne propia esa cruda realidad y no estaban dispuestos a permanecer en ese estado de miseria e indignidad.

Reiteramos que Los Casado Villar crecieron en plena Era de Trujillo, época en que el miedo y la ignorancia alimentaban los mitos creado por el sátrapa. Estas condiciones no le impidieron a esta familia integrarse a la resistencia y una vez descabezado el régimen. Desde las filas perredeístas aportaron su cuota de sacrificio para llevar a Juan Bosch al poder en las elecciones de 1962. Bosch representaba las esperanzas que el pueblo esperaba para salir de la pobreza y la ignorancia. Malogrado el proyecto político tras el Golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963 la alternativa era radicalizar la lucha en todos los planos.

Participación en la Guerra de Abril de 1965.

Los acontecimientos que siguieron el Golpe de Estado, incluido el levantamiento guerrillero que encabezó Manolo Tabares Justo marcaban el rumbo de la acción revolucionaria para enfrentar al Triunvirato. Luchando y defendiendo el derecho de los campesinos a trabajar la tierra en las zonas rurales de San José de Ocoa, llega hasta Los Casado Villar la Noticia del levantamiento popular del 24 de Abril de 1965. Había iniciado la Guerra de Abril y el deber llamaba a la acción de los buenos hijos de Quisqueya. Defender la soberanía y reclamar el retorno a la constitucionalidad.

El pueblo dominicano perdió el miedo y se colocaba a la vanguardia e iniciaba la lucha popular. Se habían roto las cadenas que aprisionaban las fuerzas liberadoras. Sueltas las amarras la barca de la historia había iniciado su marcha de dignidad y decoro. Esa máquina ya no se detenía ante nada; ni siquiera frente a los aviones, barcos, tanques, granadas, metrallas y bazucas del imperialismo yanqui.

Los Casado Villar acudieron a la cita con la historia. Probaron el recio material del que estaban hecho: coraje, honestidad, compromiso y rebeldía. Participaron desde el Comando Brasil y desempeñaron un digno papel para orgullo de la tierra que los vio crecer. El hecho de haber tomado la decisión de integrarse la Guerra de Abril denota claramente la convicción libertaria y el compromiso de esta familia para con la libertad y la justicia.

Ellos no ignoraban los riesgos que corrían quienes se adentraban en los combates, sin embargo no vacilaron, colocándose así a la altura de las exigencias de aquel momento. Se colocaron del lado correcto de la causa que defendían y no cejaron ante la embestida del enemigo. Tampoco transgredieron sus principios y dieron muestras de honestidad en las responsabilidades asignadas por el mando constitucionalista. Eso es mérito suficiente para reconocer en esos rudos campesinos su condición de revolucionarios soñadores con un futuro digno para sus pueblos y familias.

Unos años después de haber concluido la contienda bélica de Abril Porfirio Casado, el padre de Manfredo y Manuel vuelve a la Comunidad de Los Martínez en las montañas de Ocoa, donde habían desarrollado una ardua lucha por la recuperación de unos terrenos que alegadamente le pertenecían a la Familia Solano. Ahí se instaló, una especie de laboratorio social para la resistencia y la lucha armada. Muchos revolucionarios pasaron por allá, entre los que se destacan Rafael –Fafa- Tavera y Maximiliano Gómez entre otros.

Hay que recordar que en San José de Ocoa se instaló el Primer Comité del Partido Revolucionario Dominicano, tras el retorno de sus dirigentes al país en 1961 y que varias acciones guerrilleras anidaron en sus montañas. Esta es una muestra de la madurez política de los ocoeños y de su compromiso con la naciente democracia. Varios miembros de la familia Casado Villar se enrolaron en esta organización política, mucho antes de iniciar las luchas clandestinas en las montañas.

Tierra de Libertad.

San José de Ocoa es conocida como tierra de libertad, de gente laboriosa, luchadora y rebelde. Los acontecimientos desarrollados en su suelo así lo atestiguan. La vida de los ocoeños transcurre en las tranquilas y productivas tierras donde organizan su vida y su participación en la vida productiva del país.

La comunidad de Los Martínez se constituyó en el periodo de 1967 a 1972, en una verdadera base revolucionaria constituida por campesinos de la zona que bajo el liderazgo de Manfredo, sostuvieron una intensa lucha  que le costó cárcel, torturas, persecución y muerte a muchos de ellos. Eran tiempos en que los “sectores incontrolables” hacían estragos en el movimiento social y político progresista. Varios dirigentes cayeron en ese tiempo asesinados por los esbirros balagueristas.

San José de Ocoa tiene el honor de haber acogido en sus montañas a grandes luchadores por la libertad y la justicia social. La lista la encabeza el bizarro coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, herido y fusilado junto a otros compañeros el 16 de febrero de 1973. Otro titán caído en nuestro suelo es el Dr. Hipólito Rodríguez en noviembre de 1963. Polo era parte de la insurrección que trepó a las “Escarpadas Montañas de Quisqueya”, encabezada por el Dr. Manuel Aurelio Tabares Justo, líder máximo del Movimiento Revolucionario 14 de Junio (1J4).

Para contar solo entre los grandes, agregamos a la lista el ametrallamiento que le cegó la vida a Orlando Mazara en 1967 en Arabia, próximo a la Horma. Mazara desarrollaba un trabajo político con los campesinos de esa zona. Muchos hijos de Ocoa también fueron víctimas de persecución, tortura y muerte, incluido Manfredo y Milcíades Casado Villar. Esos son los hechos que constituyen la historia reciente de nuestra tierra.

La intensidad del fervor revolucionario en nuestro suelo alcanzó su punto más alto en aquella lucha por instaurar allí un foco guerrillero, bajo el mando de los Casado Villar, quienes habían dado muestra en las montañas de un férreo temple revolucionario. Se hicieron intentos pero las circunstancias propias de la Guerra Fría y las luchas internas en los grupos revolucionarios impidieron que se consolidaran las alianzas y se concretaran las acciones planeadas.

Es en esas pródigas montañas donde el ejemplo de rebeldía, honestidad, coraje, decoro y compromiso de la familia Casado Villar y quienes les acompañaron en su justa lucha por la tierra encontró cobijo. Poco a poco se irá construyendo la historia para que las generaciones presentes y futuras entiendan y valoren mejor el gesto de sus compueblanos y reivindiquen con orgullo su digno ejemplo.

La comunidad de los Martínez es un testimonio vivo de lo que puede lograr un pueblo cuando decide defender sus derechos. Esto a pesar de las labores de contrainsurgencia desarrolladas allí. Tras la llegada del PRD al poder en 1978 y luego de haber bajado la tensión contra Los Casado Villar se han desarrollado acciones en la zona aparentemente ingenua pero claramente orientada a evitar que se contagie el ejemplo.

Siendo campesinos y humildes como eran, colocaron las banderas de la dignidad y el decoro en lo más alto de las montañas que les vieron crecer. Allá están, invisibles para quienes no toleran la bravura y rebeldía de aquella gran familia pero a la vista de quienes aspiran a vivir en mundo donde la justicia social sea la norma y no la excepción.

La familia Casado Villar ha dejado plasmada en las páginas de la historia su compromiso con la justicia social y férrea vocación libertaria. La dejó estampada con la sangre de 2 de sus vástagos, luego de haber dejado su juventud y la tranquilidad de los acogedores campos ocoeños para salir tras el sueño revolucionario.

Primero fue la lucha por la tierra, aquí participa toda la familia y obtienen logros significativos. Conquistas que aún hoy se evidencian en la comunidad de los Martínez, en San José de Ocoa, a inicio de los años 60s, tras el ajusticiamiento del tirano Trujillo. Luego viene la lucha política y ahí se les ve del lado de las fuerzas populares que gestionaba el Partido Revolucionario Dominicano, PRD, que lideraba para entonces el profesor Juan Bosch.

El proceso electoral que organiza en 1962 trae al poder al PRD que impulsa un proceso social donde la reforma agraria era una cuestión estratégica para impulsar el desarrollo del país y la reivindicación de los derechos fundamentales. Los Casado Villar, identificados con esos postulados y conscientes del apego de los terratenientes a los predios que dicen poseer se preparan para la batalla en los campos.

Instalado el gobierno de Bosch, las fuerzas reaccionarias se organizan para conspirar y logran derrocar el gobierno popular y democrático. En sólo 7 meses el pueblo conoció la diferencia entre la dictadura y la incipiente democracia.  Tras el golpe se conformó un gobierno provisorio al que se denominó Triunvirato. Un gobierno de facto, represor, intolerante, corrupto y entreguista.

La respuesta popular y revolucionaria no se hizo esperar. En noviembre de 1963 el 14 de Junio organiza varios focos guerrilleros y sube a “Las Escarpadas Montañas de Quisqueya” para combatir los intereses de la oligarquía de imponer su lógica represiva. En San José de Ocoa, específicamente en la sección de la Horma se instaló el Dr. Hipólito Rodríguez comandando la acción guerrillera en esa zona.

Militarmente los catorcistas y los  focos guerrilleros que ellos instalaron fueron derrotados pero su intrépida acción radicalizó las posiciones revolucionarias. Esa acción agudiza las contradicciones y polariza la lucha. Se van creando las condiciones para el levantamiento popular del 24 de abril de 1965 que dio paso a la Revolución de Abril y que luego se transformó en Guerra Patria, tras la invasión norteamericana.  Allí dijeron presente Porfirio Casado González, Manfredo y Manuel Casado Villar.

Manfredo Casado Villar.

La montaña es su protectora, cómplice y le sirve de refugio. Manfredo pone en práctica la experiencia adquirida en la Guerra y su vastísimo conocimiento de las montañas ocoeñas, reforzada por las vivencias junto a sus hermanos en los campamentos clandestinos en Maniel Lorenzo, Los Martínez y otras zonas de la intrincada topografía ocoeña.

La clandestinidad organizada en las montañas despierta el interés de los grupos políticos de izquierdas que operaban en el país. Las montañas ocoeñas es una zona apetecida para el desarrollo actividades guerrilleras y revolucionarias. Su relieve montañoso,  accidentado, con abundante agua y variada producción agrícola aviva esas apetencias.

Al año de concluir la Guerra de Abril de 1965, Manfredo y su familia vuelven a sus quehaceres en las zonas rurales de San José de Ocoa, retomando sus luchas por la tierra, la libertad y la justicia. Manfredo y Manuel fogueados en los combates y las luchas que se libraron en aquellos días de gloria, rebeldía y coraje, incorporan esa experiencia y organizan mejor sus actividades. Ocupan tierras y tras esas acciones viene la represión balaguerista.

La historia registra actividades y acciones en esa zona que van desde los alzamientos esclavos de los manieles pasando por las acciones del general Antonio Duvergé en la Batalla del Memiso. Se incluye también, las acciones de revolucionarios como Polo Rodríguez y Orlando Mazara. El coronel Caamaño, Presidente de la República durante la Guerra de Abril y su guerrilla en 1973 encontró allí espacio para cubrirse. También ellas le sirvieron de tumba por un buen tiempo.

Tras los intentos fallidos de articular y desarrollar una estrategia de lucha clandestina consistente y articulada entre los grupos de izquierdas de entonces, especialmente el PCD y Los Casado Villar se opta por sacar a los hermanos de las montañas, unos para recibir tratamientos médicos otros para reforzar su capacidades y habilidades en la lucha guerrillera. Los Casados no estuvieron organizados en los grupos de izquierda, se nuclearon desde muy jóvenes en las filas perredeístas.

Cuentan los campesinos, algunos compañeros de lucha que las montañas ocoeñas eran un hervidero de soldado, chivatos e intrigas. Refieren que hasta se instaló cuartel con una numerosa dotación militar en Las Caobas con el único fin de combatir y vigilar las acciones de los campesinos encabezados por Manfredo Casado Villar. Esta es una muestra de la magnitud de las acciones que desarrollaban los campesinos y de los logros que obtenía. Eran tiempos difíciles para el movimiento revolucionarios. Muchos de ellos fueron fusilados, otros encarcelados y una gran cantidad fue forzada a exiliarse. Manfredo Casado fue uno de ellos.

Salida al Exilio.

La vida clandestina de Manfredo Casado Villar en la zona de San Francisco de Macorís se hizo cada vez más difícil y no le quedó otra opción que la de asilarse en una embajada. Esta vez le tocó a la Embajada de Méjico en el país. Es allí donde conoce a Claudio Caamaño, quien también se asiló tras la caída y fusilamiento del Coronel Caamaño en 1973.

El ingresó a la sede diplomática en 1972, permaneciendo en ella hasta 1973. Allí lo sorprenden el Desembarco de Playas Caracoles y las acciones posteriores, que dieron al traste con la vida de Caamaño y varios de los expedicionarios que le acompañaron. Hasta esa legación diplomática llegó Claudio Caamaño Grullón sobreviviente de la epopeya de Caracoles. Ahí inició la amistad que llevó a estos veteranos de la Guerra de Abril a planificar las acciones conjuntas que los trajo al país 1975, empuñando nuevamente el fusil redentor de la dignidad mancillada por el balaguerato.

Claudio salió al exilio pero a Manfredo se le negaba la salida, bajo el alegato de que había cometido un delito y estaba condenado. Ese era el discurso del canciller dominicano Víctor Gómez Bergés.  Opinaba “que este era un caso complejo, Casado Villar tiene un prontuario delictivo que los descalifica para el asilo”. Era parte de la estrategia para mantener al revolucionario en el país y luego aplicar la receta que habían acordado con los yanquis tras la desocupación del país en 1965.

La estadía en la embajada mejicana se extendió y sobrevivía gracias al apoyo de su familia,  y algunos amigos de partido especialmente de su hermana Dinorah Casado Villar, quien se las ingeniaba para llevarle alimentos y ropa limpia. La embajada también protegió al revolucionario protegiéndolo de la ferocidad de las hordas balagueristas.

Consciente de los riesgos que corría en territorio dominicano y viendo la negativa de Balaguer de dar el Salvo Conducto, Manfredo tomó como rehén a un hijo menor de Espartaco García Estrada, embajador de México en el país para forzar a una negociación que facilitara su salida al exterior. Un cuarto le servía de refugio en la sede diplomática. Con ese nuevo ingrediente se crea una comisión y se seleccionan 6 países, entre los que se encontraba Francia como posible destino del rebelde guerrillero. 

Don Rafael Herrera encabezó la comisión para negociar una salida con el guerrillero asilado. En esas circunstancias el Presidente Balaguer se ve obligado a otorgar el Salvo Conducto. Se acordó con Manfredo su salida a Francia, acompañado del Periodista Radhamés Gómez Pepín.

Se hicieron los arreglos para la salida que preveía una escala en Aeropuerto de Barajas en España. Partieron del aeropuerto Internacional de las Américas rumbo a su destino. Hubo interrogatorios en España pero al llegar a Francia, Manfredo fue apresado por los Servicios de Inteligencia. Sospechaban que Gómez Pepín era rehén. Finalmente se resolvió el impase y quedaron libres.

La estadía de Manfredo Casado Villar en Francia fue breve.  De las intrincadas montañas ocoeñas el líder había pasado a la Capital de Las Luces en pleno centro de Europa, en el apogeo de la Guerra Fría. Su amigo Claudio Caamaño, a quien había conocido durante su estadía en la embajada mejicana hizo gestiones para trasladarlo a Cuba. Se concretó el ingreso a Cuba y una vez allí se integró al grupo que se entrenaba en la isla. Completada la preparación militar y política se organiza el retorno al país.

Claudio Caamaño, Carlos Toribio Peña Jáquez están listos para partir a Quisqueya. De los planes, apoyos, económicos, políticos y sociales, así como del resto del contingente se sabe muy poco pero la decisión del regreso a la Patria amada había sido concertada. Salen de Cuba, llegan a las Costas Dominicana y de inmediato se internan a las montañas rumbo a San José de Ocoa donde suponían quedaba alguna base política o algún nivel de conciencia social creado tras los años de lucha de los hermanos Casado Villar.

Regreso a Quisqueya.

Es a Manfredo a quien le tocó acompañar a Toribio Peña Jáquez y al veterano y abnegado Claudio Caamaño Grullón, veterano de La Guerra de Abril y sobreviviente de la Expedición de Caracoles en 1973. El plan guerrillero o la estrategia que traían se desconocen a plenitud, pero enfrentar la dictadura de Balaguer era la razón fundamental.

Llegaron al país en 1975, se internaron en las montañas pero la acción no cuajó. Esta sería la última acción que desarrollarían, Los Casado Villar para recomponer sus fuerzas y encaminar acciones concluyentes contra el balaguerato.

Los planes de lucha, la estrategia guerrillera y las alianzas potenciales que viabilizarían el accionar en las montañas no se ha sido clarificado aún. Se supone que existía alguna base en las montañas que apoyaría y daría soporte a los 3 guerrilleros. Se internan en las montañas con la intención de operar desde las zonas donde Manfredo y sus hermanos habían accionado años antes pero evidentemente que las condiciones objetivas y subjetivas habían cambiado.

El fracaso de la Expedición de Caracoles y el fusilamiento del Coronel Caamaño en las montañas ocoeñas estaba fresco en la memoria del pueblo dominicano, y muy especialmente en los servicios de seguridad del Estado. Recientemente había sido asesinado el destacado periodista y dirigente revolucionario Luis Orlando Martínez Howley.

La estrategia de descabezamiento del liderazgo revolucionario implantado por Balaguer y la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, CIA, había diezmado las filas progresistas y revolucionarias. El estilo despótico heredado del trujillismo se imponía a base de represión, terror, soborno y chantaje.

La estrategia represiva incluía, persecución, cárcel, acoso, desaparición, secuestro, tortura y muerte a toda persona vinculada a las fuerzas progresistas, pero con énfasis especial en los miembros de la izquierda revolucionaria que habían participado en la Guerra de Abril de 1965.

En ese contexto y bajo esas circunstancias se produce la llegada al país de los revolucionarios. El rumor de su presencia se regó como pólvora y se acentuó la represión, especialmente en San José de Ocoa de donde era originario Casado Villar. Los principales dirigentes políticos fueron  víctimas de acoso otros apresados y perseguido. La presencia de los revolucionarios en la zona era un hecho.

Captura y Fusilamiento.

Se cuenta que durante su marcha por las montañas ocoeñas, Manfredo Casado Villar sufre un accidente donde se rompe una o varias costillas. Esta condición impide su marcha por las accidentadas colinas que conforman las zonas montañosas de Los Martínez. Se ve obligado a trasladarse a Fundación en Baní donde residía una de sus hermanas. Curarse y recuperarse era prioritario en estos momentos. Gente del PRD hizo arreglos para trasladarlo a Santo Domingo a recibir tratamiento especializado.

Se hicieron los arreglos y la noche del 8 de octubre de 1975 salen de Baní con destino a la Capital. Manfredo venía en un carro acompañado por su hermano Milcíades Casado Villar y dos dirigentes choferiles: José Antonio Polanco Beato y Francisco Antonio Estrella. Se dice que Pablo Rafael Casimiro Castro hizo arreglos para que el general Neit Rafael Nivar Seijas, jefe de la Policía Nacional para entonces se “anotara” el mérito de haber apresado al líder rebelde. Si fue así, este acto vil de traición eliminó la última acción armada emprendida contra la dictadura de Balaguer.

En el trayecto son interceptados por las fuerzas de seguridad del Estado, en las proximidades del Puente Lucas Díaz, hieren a Manfredo, lo apresan y los trasladan a la fortaleza de San Cristóbal. Una vez allí, los torturan y posteriormente los fusilan. Todos los cuerpos son entregado  sus familiares, menos el de Manfredo Casado Villar, cuyo paradero se desconoce 38 años después de su trágico final.

Al cumplirse 42 años del apresamiento y ejecución de Manfredo Casado Villar y su hermano Milcíades es de justicia reconocer el gran sacrificio que hizo esta familia por redimir el derecho de los excluidos a vivir dignamente. Razones y excusas habrán para no actuar, ni reivindicar su memoria, pero la senda trazada por los hermanos Casado Villar se enmarca en la línea del decoro y la dignidad.

La de Los Casado Villar, es una historia llena de heroísmo, coraje, rebeldía y sacrificio que algún día habrá que completar. Reivindicar su memoria y rescatar del olvido el accionar de aquellos titanes de las luchas campesinas en San José de Ocoa es un acto de justicia. Trabajar por la ubicación y recuperación de los resto del bravo guerrillero ocoeño es un deber y un compromiso al que no se puede renunciar.

San José de Ocoa tiene el mérito histórico de haber albergado en sus montañas a numerosos y valientes revolucionarios. También aportó su cuota a la causa liberadora del pueblo dominicano, tanto durante la independencia como en la guerra restauradora. Manfredo Casado Villar, representa a esa pléyade de luchadores revolucionarios para orgullo y satisfacción de sus compueblanos. Su pensamiento progresista y su origen humilde se combinan con la honestidad y el compromiso para hacer de este hombre un ser excepcional cuyo ejemplo es digno de imitar.

El sacrificio de la familia Casado Villar es inmenso y el pueblo dominicano y muy especialmente San José de Ocoa está en deuda con ellos. Sus descendientes y amigos tienen la obligación de contribuir al rescate de ese legado glorioso. Estos titanes de la dignidad marcaron su huella rebelde en las sendas de la esperanza.

Anhelar que se reivindique su memoria y que se concreten sus sueños libertarios hará que Manfredo y Milcíades se sientan orgullosos del pueblo que defendieron. Hay que colocar a los hombres en el sitial que la historia reserva para ellos. Manfredo Casado Villar cayó defendiendo el derecho del hombre a trabajar la tierra y a vivir con dignidad y libertad.

Combatió en la Guerra de Abril para exigir el retorno de la constitucionalidad y combatió contra el yanqui invasor en 1965. Organizó y lideró las luchas por el rescate y la dignidad del campesinado ocoeño. Combatió la dictadura balaguerista hasta su muerte. Si honrar honra, honremos con orgullo la memoria de Manfredo Casado Villar.