viernes, 28 de agosto de 2020

POR UNA LEY DE TRANSICIÓN.

Tarja ilustrativa de presidentes que han vivido en el Palacio Nacional desde 1930 hasta la fecha.
"El marco normativo de la Administración y la Función Pública es amplio, diverso y complejo. Cada funcionario, del nivel que sea, debe conocerlo estudiarlo y aplicarlo".

Los procesos de transición en República Dominicana carecen de una normativa especifica que facilite el cambio de mando. Esa crea un vacío que permite a las autoridades salientes accionar libremente y a los entrantes asumir una posición de retaliación contra todo el que sirve a la sociedad desde la administración pública. Es tiempo de establecer una normativa que rija la cuestión.

El numeral 2[1] del artículo 147 de la Constitución Política de República Dominicana establece que los servicios públicos deben regirse por una serie de principios entre los que se destaca el de continuidad. Entender esto se hace imperativo cuando se producen cambios de gobierno o de autoridad en la administración pública. La gestión pública moderna tiene reglas y procedimientos instituidos que deben observarse.

El arsenal normativo que rige la administración y la función pública dominicana es amplio, complejo y diverso, pero no es suficiente para operativizar los procesos de transición y garantizar la transparencia de los mismos. Eso obliga a profundizar la reflexión sobre la necesidad de una normativa específica que institucionalice las Comisiones de Transición y establezca los procedimientos para el traspaso de mando.

Además de los principios generales establecidos en la Constitución de la República; existe una vasta normativa complementaria donde se establecen una serie de prerrogativa que obligan a garantizar el derecho a una administración pública, eficiente, transparente y ética. Tal es el caso de la Ley 1-12 que instituye la Estrategia Nacional de Desarrollo, Ley No. 107-13 sobre los Derechos de las Personas en sus Relaciones con la Administración y de Procedimiento Administrativo, la Ley 176-07 del Distrito Nacional y Los Municipios, la Ley 247-12 Orgánica de la Administración Pública y la Ley 41-08 entre otras.

En el caso específico de la Ley 247-12, llama la atención la facilidad con que se vulneran sus principios y el silencio que asumen los encargados de aplicarla. El objeto de esa normativa es claro y compromete al funcionariado directivo con la calidad de la gestión. Muchos actúan como si no si desconocieran la existencia de tan importante normativa.

La Ley 1-12 establece una misión[2] país que refuerza los fundamentos del Estado Social y Democrático de Derecho que establece la Constitución de la República en su artículo 7. Cumplir con los principios establecidos en la Carta Sustantiva y las leyes adjetivas es imposible si cada gobierno actúa desconociendo las gestiones que le preceden. Hay leyes y se deben cumplir.

Dada la ausencia de normativas y protocolo para gestionar los procesos de transición se impone la búsqueda de mecanismo que preserven las iniciativas, proyectos, programas y políticas desarrollada por las autoridades salientes, especialmente aquellas que no han concluido. Lamentablemente, esos principios no se toman en cuenta cuando se producen los cambios de gobierno.

El Estado no puede asumirse como la propiedad de un partido político, una élite o un grupo de interés. Quien asuma un cargo público tiene la obligación de respetar el marco normativo vigente y cumplir los procedimientos instituidos en la administración pública. Poner en riesgo la inversión pública o la estabilidad emocional de los servidores públicos es un círculo vicioso que deslegitima la democracia y neutraliza el desarrollo de la institucionalidad pública.

Perturba y preocupa que inversiones cuantiosas y de alto interés social queden abandonadas por capricho de quienes pasan a ocupar las dependencias responsables de esas obras. Lo propio sucede con los programas y proyectos implementados por gestiones anteriores. Perturba porque se pierde la inversión y preocupa porque iniciativas de alto interés social no son valoradas por las nuevas autoridades.

Es necesario establecer procedimientos que faciliten la evaluación de los programas, proyectos e iniciativas en ejecución para establecer los niveles de avances y la ruta para su conclusión. Las autoridades juran cumplir y hacer cumplir las leyes; así como desempeñar las funciones que asumen apegados a los principios que rigen la administración pública. Eso juran, pero del dicho al hecho hay largo trecho.

Reglamentación de los procesos de transición para evitar que se perviertan y se canibalice la administración pública se hace imperativo. La carencia de normas impide el establecimiento de procedimientos trasparentes que dejen ver lo que entregan quienes salen y lo que reciben quienes asumen el gobierno.

Urge la aprobación de una Ley que establezca límites a quienes asumen el gobiernos y condiciones a quienes entregan el mismo. No puede haber borrón y cuenta nueva. Los funcionarios públicos asumen responsabilidades con el cargo y éstas deben fundamentarse en el respeto a la normativa vigente y a los principios éticos que rigen la función pública.

Una Ley de transición debe establecer los mecanismos, condiciones y sanciones que sustenten los protocolos del proceso. Permitir que impere la “ley de la selva en los procesos de transición” es una violación a la Constitución de la República y las leyes que pone en riesgo la inversión estatal. En el Siglo XXI la transparencia es fundamental y debe expresarse en todos los procesos de la administración pública.

La evidencia empírica demuestra claramente, que cuando hay cambios de autoridades en las instituciones públicas se produce una especie de asalto a la administración pública. No solo es el tema de los empleos, sino también la actitud de quienes se aprovechan del momento de caos para sacar ventajas. Es tiempo de superar esa mala práctica.

Institucionalizar los procedimientos, protocolos y mecanismos para facilitar el proceso se convierte en un indicador de calidad de la democracia. No puede hablarse de institucionalidad democrática donde sus instituciones carecen de mecanismo para obligar a los funcionarios que las gestionan a cumplir los principios que la fundamentan.

Es sabido que, tras la conclusión de los procesos electorales, se crean Comisiones de Transición para gestionar el traspaso de mando, pero esas entidades carecen de una base normativa que obligue a las partes a cumplir y aplicar los protocolos instituidos. Hay leyes que pueden complementar una Ley de Transición.

Reglamentar el traspaso de mando es altamente beneficioso para el país y el Congreso Nacional debe legislar para crear una base jurídica que establezca un plazo razonable y obligue a las autoridades salientes a elaborar estados de situación en cada insititución, hacerlo público y remitir memorias a la Cámara de Cuentas o al propio Congreso Nacional.

Una política de transparencia debe contemplar mecanismos para facilitar el ejercicio del deber fundamental de fiscalización de la calidad de la democracia establecido en el artículo 75, numeral 12[3] de la Constitución de la República. El proceso de transición no puede ser un punto ciego donde todo se valga. Tiene que ser una oportunidad para que la población conozca las ejecutorias de las autoridades salientes.

Establecer una cultura de transparencia exige rendir cuentas, la garantía del principio de continuidad y el compromiso ético con la función pública son fundamental para una buena gestión. Lamentablemente, el clientelismo impide la consolidación de una institucionalidad pública basada en los pilares precitados. Esto se agrava en los procesos de transición y eso coloca al país en una pendiente que puede llevarlo al abismo.

Basta citar el artículo 2 de la Ley de Administración Pública para darse cuenta de que en los procesos de transición se obvian las normativas. La función administrativa comprende toda misión, competencia o actividad de interés general, otorgada conforme al principio de juridicidad para regular, diseñar, aprobar, ejecutar, fiscalizar, evaluar y controlar políticas públicas o suministrar servicios públicos, aunque éstos tengan una finalidad industrial o comercial y siempre que no asuman un carácter legislativo o jurisdiccional”.

La discusión para dar forma a esta propuesta debe realizarse con la participación de las fuerzas políticas y sociales del país. Es una normativa de alto interés que viene a fortalecer la institucionalidad democrática y ordenar los procesos de traspaso de mando. Su elaboración exige compromiso y participación activa.

En conclusión, la Ley de Transición debe contemplar lineamientos y principios generales para institucionalizar y transparentar los procesos; así como protocolos, procedimientos, plazos para un traspaso de mando organizado, ágil, trasparente y armonioso. Creación de una Comisión de Transición que establezca la ruta de la transición en base a la normativa vigente.

Es responsabilidad del Congreso Nacional trabajar para dotar al país de leyes que ayuden a gestionar los procesos de cambio de mando y deben accionar en esa dirección. Criticar y no actuar es una forma de solapara la cuestión para aprovecharse de la anomia o periodo bobo que se da en el períodos que va desde la proclamación de los ganadores hasta la juramentación de las autoridades electas.


[1] Los servicios públicos prestados por el Estado o por los particulares, en las modalidades legales o contractuales, deben responder a los principios de universalidad, accesibilidad, eficiencia, transparencia, responsabilidad, continuidad, calidad, razonabilidad y equidad tarifaria”.

[2] “Un Estado social y democrático de derecho, con instituciones que actúan con ética, transparencia y eficacia al servicio de una sociedad responsable y participativa, que garantiza la seguridad y promueve la equidad, la gobernabilidad, la convivencia pacífica y el desarrollo nacional y local”.

[3] Velar por el fortalecimiento y la calidad de la democracia, el respeto del patrimonio público y el ejercicio transparente de la función pública.

sábado, 8 de agosto de 2020

A MI MAESTRA.

"Ser maestro es una función que trasciende la vida y se reproduce en cada idea que nace en los alumnos".

Sonia Lluberes ha perdido la batalla contra el infausto y fatal cáncer. La muerte física no es la muerte espiritual y menos para personas que como ella sembraron en tierra fértil. Maestra, amiga, consejera y compueblana abnegada.

Cuando una maestra muere, la congoja y el dolor se apoderan de sus alumnos agradecidos. La pena que hoy embarga a los miles de estudiantes que pasaron por las manos de Sonia Lluberes no cabe en un escrito, pero intento expresar aquí, mi agradecimiento a quien tanto empeño y amor puso en que la juventud ocoeña desarrolle su potencial intelectual.

Recuerdo mi primer encuentro con ella, en la Escuela Primaria de Amarradero, hoy José Altagracia Castillo. Sin ser su alumno, iba por las tardes a mirar como ella asumía su innata vocación de maestra. Era como una especie de privilegio para mí, porque no permitían que estudiantes de otros cursos, en mi caso de la tanda matutina, oteara por las tardes, sin embargo, Sonia, salía daba el consejo y se iba.

Allí nació una amistad que luego se reforzó en las luchas de los maestros por mejores condiciones de trabajo y la de los estudiantes de Sabana Larga por tener un Liceo propio. Siempre comprometida con las mejores causas, Sonia nunca dejó de luchar y quienes fuimos sus alumnos aprendimos con ella, que lo que vale es la gente, no las cosas.

Luego, ya con una amistad inquebrantable y cuando entré al bachillerato, tengo el privilegio de tenerla de maestra en el área de Lengua Española. Aquellas clases eran una fiesta: entre su afán por enseñarnos a pensar y el nuestro por aprender a conjugar verbos, distinguir oraciones compuestas, simples y yuxtapuestas pasaban las horas sin que el cansancio y el calor menguaran el deseo de seguir.

¿Cómo olvidar el análisis de “Platero y Yó”, “El Español en Santo Domingo” o los cuentos de Juan Bosch “La Mujer, Dos Pesos de Agua y Don Pío…entre otros”; Tampoco se olvida “El Haitiano” de Domingo Moreno Jiménez: “Este haitiano/que todos los días/hace lumbre en su cuarto/y me llena las fosas nasales de humo;/este haitiano/que no puede prescindir de la cuaba /y prefiere tabaco del fuerte y aguardiente del malo/ es bueno a su modo, y a su modo rico/y a su modo pobre. ¡Benditos los seres que maltrata el hombre! / ¡Bienaventuradas las cosas humildes/que se yerguen siempre sobre el polvo frío de todas las cosas!… Sí, ese haitiano que hace lumbres en su cuarto…suena su voz cuando recuerdo sus clases. Con ella aprendimos los fundamentos de la Lengua Española que tan útil nos ha sido.

No teníamos Liceo y ella se integró a las luchas para conseguirlo. Se instalaron en pequeños locales alquilados. Eran casitas con techos de zinc y paredes de madera. Pequeñitas e incómoda pero su vocación de maestra mantenía vivo el espíritu de progreso. Ella era como el junco “que se dobla, pero siempre sigue en pie”.  

Allí lidiaban docentes y estudiantes con el sofocante calor, la incomodidad y la rebeldía de los alumnos, entre los que me incluyo. Así fue hasta que organizamos las luchas callejeras para reclamar la construcción de un local que alojara el Liceo. Salimos de las casitas para habilitar; primero el Centro Comunal y luego un local abandonado que sería un Centro Médico. Esas luchas parieron el local donde hoy se hospeda el Liceo Ángel Emilio Casado.

Al fragor de la lucha y con algunas contradicciones por una huelga que organizó la Asociación Dominicana de Profesores, a finales de los 80s, fue a mi casa conjuntamente con los profesores Bartolo José Soto y Salvador De Jesús, directivos del glorioso gremio magisterial que se batía con el balaguerato recauchado.

Allí vi a una mujer de condiciones indoblegable mientras discutíamos formas de que los estudiantes se integraran a la lucha de los profesores. Nosotros habíamos decidido dar clases, con los estudiantes más adelantados, bajo el alegato de que nunca se consultó. La maestra dijo en ese encuentro algo que no olvidé nunca: “esta es una lucha por ustedes y debe hacerse con la participación de ustedes”.

Siempre dispuesta a participar en cuantas acciones se organizaran para reclamar derechos y exigir justicia. Motivando siempre a sus pupilos a imponerse a las dificultades y buscar fuerzas en la educación. Maestra de tiempo completo. Aguerrida, exigente, valiente y comprometida con la transformación de su pueblo y del país. Quienes la tuvimos de maestra, amiga y compañera de trabajo sabemos lo que ella significaba en un equipo.

La recuerdo entre el humo de las bombas lacrimógenas cuando los maestros fueron desalojados de la iglesia católica que mantenían ocupada. Herida, sudorosa y aturdida por los gases, buscaba a sus compañeros y preguntaba por sus alumnos. ¿Cómo olvidar su coraje, solidaridad, valentía y compromiso con la causa?

¡Caray maestra! Cuanto dolor al saber la noticia de que se nos ha ido una líder de su temple, a un ser humano de sus cualidades, a una maestra de su talla y a una ciudadana de su nivel. Murió como vivió: trabajando, luchado y educando.

Sus alumnos nos quedamos con su ejemplo y sus enseñanzas que con tanto amor nos ofreció. Como docente usted será siempre un referente de autosuperación, capacidad, humildad, solidaridad, amor, comprensión y compromiso.

San José de Ocoa ha perdido a una gran mujer, una trabajadora incansable y una madre abnegada.

¡Solidaridad con su familia!

¡Hasta siempre querida Sonia!

miércoles, 5 de agosto de 2020

50 ANIVERSARIO DE LA ASOCIACION DE ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS OCOEÑOS, ASEUNO.

"El 24 de Abril de 1970, un grupo de Estudiantes Universitarios Ocoeños todos procedentes de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, (UASD, nos reunimos en una casona de la calle las carreras en el pueblo abajo, donde dimos a conocer la idea de organizarnos en una Asociación que fuera capaz de servir de soporte a jóvenes, que al finalizar sus estudios secundarios tenía el deseo y la voluntad de continuar sus estudios a nivel superior, pero sus condiciones económicas le impedía costear los mismos”. Ing. Agrón. Juan B. Chalas (Dorito).

La Asociación de Estudiantes Universitarios Ocoeños ASEUNO, arriba al 50 aniversario de su fundación aportando profesionales a la provincia de San José de Ocoa. La entidad estudiantil fue creada un 8 de agosto de 1970 por un grupo de jóvenes que trabajaron arduamente para encontrar un lugar en Santo domingo que albergara a estudiantes de escasos recursos o con vocación de superación personal.

Tras la creación de un comité gestor en San José de Ocoa, a mediados del mes abril de 1965, se iniciaron los trabajos de organización para la celebración de una asamblea del 8 de agosto de 1970 para dejar constituida la Asociación de Estudiantes Universitarios Ocoeños, AEUO. El encuentro constitutivo se efectuó en un aula de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, UASD, donde participó una representación de los universitarios ocoeños.

La naciente institución se abrió paso en medio de un contexto político complejo caracterizado por la represión y la intolerancia política que había impuesto el gobierno que encabezó el Dr. Joaquín Balaguer tras la conclusión de la Guerra de Abril de 1965. Ser joven, ocoeño y uasdiano se convertía en un factor de riesgo dada la acentuada vocación revolucionaria de la juventud ocoeña.

La entidad estudiantil encontró su punto de apoyo en la Federación de Estudiantes Dominicanos, FED, aunque sus fundadores preferían que la AEUO, fuera independiente. Se recuerda que la base institucional de la FED está conformada por las asociaciones de pueblos y de carreras. La AEUO fue de las primeras. Sobre esa base empieza a desarrollarse la Asociación de Estudiantes Universitarios Ocoeños bajo el lema: “Estudio, Trabajo y Solidaridad”.

Tras su conformación se inicia el proceso de ubicación de lo que luego se denominó Casa Albergue, un espacio de acogida a los jóvenes ocoeños que calificaran con los requisitos establecidos en la normativa estatutaria que regía la entidad y establecidas las bases para el inicio de las actividades de la ASEUNO, empezaron las gestiones de apoyo para el sostenimiento de los estudiantes que habían ingresado a la misma.

La búsqueda de apoyos de personas, comerciantes e instituciones se convirtió en algo habitual para la primera Junta Directiva encabezada por José Sánchez Reyna, Juan Bautista Chalas (Dorito), Guillermo Castillo, Francisco Herrera Matos, Bienvenido Ramírez (Negro) y Alcibíades y Teotiste Encarnación (Morena). Cabe recordar que José Sánchez Reyna fue apresado en 1971 y la dirección quedó en manos de Juan Chalas, quién fue apresado en 1972. Así fue el inicio de AEUO. 

Se habilitó una habitación en la calle Pedro Libio Cedeño casi esquina Moca, en sector de Villas Agrícolas, donde se instalaron los primeros beneficiarios la naciente AEUO. El primer grupo estuvo compuesto por Mario Ciprián, Nelson Zuco, Eduardo Soto. Dr. Héctor Bienvenido Velázquez (Rojito), Juan Eddy De Los Santos (Fallecido). Así se crea uno tradición solidaria que aún hoy se mantiene.

Aquellas acciones de las que se conmemoran 50 años marcaron el inicio de una prolongada, exigente y compleja lucha por la consolidación institucional de lo que sería la principal escuela de liderazgo de la provincia de San José de Ocoa, aunque sus estatutos no especificaban esta importante característica de la entidad estudiantil. Allí se aprende a dirigir e interactuar, a gestionar conflictos y debatir temas diversos; así como a realizar trabajos colaborativos y labores domésticas.

Gracias al esfuerzos y la visión de los miembros fundadores la ASEUNO, se transformó en un espacio de oportunidades para la juventud ocoeña y una trinchera para la organización de la lucha popular hasta convertirse en un referente que 50 años después sigue vigente.

Al conmemorarse el 50 aniversario es propicia la ocasión para reflexionar sobre el legado de la ASEUNO a la provincia de San José de Ocoa y la importancia estratégica de la misma. Cientos de profesionales de todas las áreas del conocimiento han recibido de forma directa o indirecta las orientaciones y el apoyo de la organización. Por la Casa Albergue han pasado centenares de estudiantes que han encontrado en ella un espacio para cultivar sus capacidades intelectuales y desarrollar sus habilidades de liderazgo.

A medico siglo de su fundación, la Asociación de Estudiantes Universitarios Ocoeños continúa aportando profesionales intelectualmente competentes, socialmente comprometidos y con un alto sentido de los deberes cívicos. Es el principal aporte que hace la ASEUNO a la comunidad ocoeña. A esto hay que sumarle los miles de actividades organizadas por la institución a lo largo de su existencia.

Mención especial para quienes han hecho posible que la Asociación de Estudiantes Universitarios Ocoeños siga produciendo profesionales y aportando capacidades al desarrollo. Ocoeños como el Dr. Mignolio Pujols, quien fungió como asesor legal hasta su muerte y el Ing. Marcos Subero, quien ayudó a gestionar un local propio para ASEUNO; así como el sacerdote Luis José Quin y Mireya Batista (Rochy) quienes apoyaron a la institución de diversas formas; son emblemas, que junto a la comunidad ocoeña, el compromiso de miembros y directivos hicieron posible lo que parecía imposible.

Actualmente la sede de la ASEUNO está ubicada en la Avenida Iberoamericana y ocupa el tercer nivel del edificio número 25 en el sector de Los Mameyes, en la provincia de Santo Domingo. Para llegar allí, la entidad recorrió varios lugares, desde su instalación en Villas Agrícolas. El mayor tiempo transcurrió en el populoso sector de Cristo Rey, en la residencia marcada con el número 218 de la calle Juan Alejandro Ibarra. De ahí, tras un desalojo forzado, se instaló al sector Los Guarícanos de donde se trasladó a su destino definitivo en la avenida Iberoamericana del Sector Los Mameyes en la provincia de Santo Domingo.

La entidad estudiantil ha modificado su marco normativo en varias ocasiones. En 1990 se hizo una reforma que transformó la AEUO en ASEUNO y se adoptó el lema estudio, trabajo y solidaridad, entre otros cambios importantes. Posteriormente, ya en el Siglo XXI, se produjo una nueva modificación estatutaria; sustituyendo la figura de secretario general por la de presidente y la de organización por la de vicepresidente, entre otros cambios. Para entonces, la entidad era regida por sectores políticamente conservadores y eso se refleja en la estructura que plantearon pero la esencia, la mística y la vocación de la entidad se mantuvo.

Medio siglo dando profesionales es un mérito que pocas instituciones del pueblo pueden exhibir, máxime cuando se sabe que es una entidad que opera bajo la modalidad ONGs y es autogestionada. Gracias a los aportes de instituciones y de la comunidad ocoeña; la ASEUNO, no solo cuenta con legitimidad social probada, sino con un local propio que alberga a 25 o 30 estudiantes por semestre.

La Asociación de Estudiantes Universitarios Ocoeños es una entidad con reglas propias y con mecanismos de cogestión claramente definidos en sus estatutos. Las normas para ser aceptado en la casa albergue, así como, las funciones de los miembros de la Junta Directiva y las entidades internas como el Consejo Disciplinario y el Comité de Orden Interno están claramente definidos.

Sabiamente se contempló que son miembros de la entidad todos los estudiantes universitarios ocoeños sin importar la condición social, el lugar de residencia o el centro universitario donde estudien. Esa particularidad, hace de la ASEUNO una entidad pluralista, democrática, equitativa y abierta.

La vida institucional ha estado marcada por las diversas ideologías que confluyen a lo interno de la entidad, y se renuevan cada caño mediante un proceso eleccionario organizado por los propios estudiantes, a veces con apoyo de los egresados. A pesar de los cambios y tropiezos, la entidad mantiene la mística del juego democrático.

Aunque el balance de 50 años de vida institucional es positivo y esperanzador, hay que apuntar que la ASEUNO ha ido evolucionando en los fundamentos de su quehacer cotidiano y parece alejada de las necesidades del pueblo. Son cuestiones que habrá que trabajar dado el alto valor estratégico de la institución para el desarrollo de San José de Ocoa.

El legado medido en profesionales ha provocado un impacto transformador en las familias cuyos hijos se han formado en la ASEUNO, desarrollando capacidades de liderazgo y competencias profesionales combinadas con disciplina, sensibilidad social y compromiso cívico.

Con 50 años cumplido y un amplio legado, la ASEUNO ocupa un sitial de primer orden entre las instituciones que más aportan al desarrollo de San José de Ocoa. Hoy que muchas instituciones son azotadas por el clientelismo, la corrupción, el personalismo y la negligencia es necesario estar pendiente a lo que pasa en la entidad que ayudó a ser lo que somos.

La Asociación de Estudiantes Universitarios Ocoeños es un patrimonio de la provincia, cuya preservación se hace imperativa dado el alto valor estratégico que tiene para el desarrollo. Así lo evidencian hechos de tanta trascendencia como la organización del Primer y Segundo Seminario sobre la Realidad Socioeconómica de San José de Ocoa, celebrados en 1980 y 1991.

La organización de las tradicionales Semanas Culturales en cada fecha aniversaria y el conjunto de actividades que deben realizarse en cada año, sumado a la orientación del estudiantado ocoeño son parte del complemento que hace de ASEUNO, un espacio que debe ser cuidado y apoyado, especialmente por quienes egresaron de ella.

A seguir fortaleciendo el estudio fomentando el trabajo y promoviendo la solidaridad para que los próximos 50 años sean tan fructíferos como los que han transcurridos entre el 8 de agosto de 1970 y el 8 de agosto de 2020. Cada egresado de ASEUNO tiene su historia y cada uno la contará desde su perspectiva, pero la institución está ahí como testimonio del esfuerzo colectivo.

Hoy más que nunca, hay que cuidar la institución que ha servido de cobijo a los sueños de cientos de hombres y mujeres, que gracias a su existencia han podido lograr la meta de ser profesionales para servir a la sociedad desde el espacio y ámbito de aplicación de la carrera que cursaron.

¡Agradecido y orgulloso de haber pasado por la ASEUNO!


lunes, 20 de julio de 2020

BIGOTE, KALICHE Y TARUGO.


En un viejo garaje abandonada del Barrio Felino vivían dos gatos junto a parte de su familia. Eran Bigote y Kaliche, viejos amigos. Compartían casi todo, Comida, techo y travesuras, Un buen día se propusieron tentar al Tarugo, un perro rebelde que era el azote de los gatos de la barriada. Bigote, un viejo gato guerrero, sensato y precavido y el Kaliche; joven, inexperto y arrogante. Un buen día decidieron echar a caminar su arriesgado plan para probar su inteligencia gatuna desafiando el coraje y el olfato del bravo Tarugo.

Bigote, un veterano prudente y sensato, solo buscaba ganarse la amistad del peor enemigo de los gatos, el altanero y arrogante Kaliche salió decidido a cumplir su promesa. Él decía que podía pasar sin que Tarugo se percatara y en caso de ser descubierta contaba con habilidades de corredor y trepador entrenado. Emprendió la marcha hasta ubicar a Tarugo descansando debajo de una mata de almendras, próximo a su casa.

Al pasar frente al perro, ya este había olfateado al osado felino el altanero, justo al pasar soltó un fuerte ladrido que hizo que el arrogante se disparara como un resorte y prepara a un poste del tendido eléctrico. Tarugo, el perro callejero plantó guardia por el día entero.

Luego de una larga espera y preocupado la tardanza de su amigo Kaliche, Bigote decidió salir a buscarlo. Caminó y caminó hasta que escuchó el ladrido inconfundible y retador. Es era Tarugo, dijo Bigote.

Con sigilo se acercó para ver qué era lo que perseguía Tarugo. Levantó la cabeza y entre cables del tendido eléctrico, las líneas telefónicas y las ramas de una vieja caoba, acurrucado sobre el tubo de hierro que sostiene el semáforo, descubrió un cuerpo peludo y grisáceo que le era conocido. Encogido y temeroso; temblando de miedo, y a punto de saltar, apareció el arrogante y altanero Kaliche.

Bigote, al ver a su amigo en tan difícil situación y pensando en lo peor, se sorprende ante el inesperado hallazgo, la posición desafiante de Tarugo y el inusual comportamiento de Kaliche, dice gruñendo sumamente: ¿Qué pasó compa?, tranquilo, no pasa nada afirma Kaliche, paralizado de miedo. Abajo el rabioso gruñido soñoliento de Tarugo martillaba en la cabeza del temeroso Kaliche quien ante la insistencia de Bigote para que su amigo explicara lo ocurrido, tuvo que buscar fuerzas y argumentos para convencer a su preocupado amigo.

Kaliche sacó fuerzas y le dijo: compai Bigote, estoy limpiando el semáforo. He conseguido un trabajito en ayuntamiento para limpiar y acondicionar los semáforos. El Tarugo es el supervisor y responsable de cuidarme mientras hago mi trabajo. Eso sí, no haga ruido, porque se despierta, y bien sabe usted, como es de malhumorado el Tarugo, afirma Kaliche con suave gruñido.

Bigote asume como un chiste la ingeniosa respuesta de su buen compañero, pero le explica: entienda amigo Kaliche que la experiencia y la prudencia se imponen a la arrogancia y soltó una carcajada burlona que despertó al Tarugo, quien, percatado de la situación, se levantó rápidamente e inició una alocada carrera porque no sabía a qué gato perseguir.

Tarugo corrió y corrió hasta recorrer todas las calles del Barrio Felino hasta que de tanto correr se cansó. El belicoso Tarugo, burlado por la ingeniosa estrategia bien montada por Bigote y Kaliche decidió abandonar la persecución, calmar su odio y hacer las paces con Bigote y tolerar al arrogante Kaliche.

viernes, 3 de julio de 2020

PROYECCIONES PARA ELECCIONES DE JULIO 5, 2020.

"En cualquier proceso donde  se imponga el poder del dinero, se suplanten los principios éticos y valores morales  se degrada la práctica política  y se corrompe la democracia". FDC/2020.

Tras una larga, intensa, costosa y bien organizada campaña electoral, la República Dominicana vuelve a las urnas el 5 de julio para elegir al Presidente y Vicepresidente de la República, así como senadurías y diputaciones. Es un proceso que debió celebrarse en mayo pasado, pero dada la pandemia de coronavirus fue necesario mover la fecha del certamen comicial.

Luego de una campaña desarrollada en medio de varias declaratorias de Estado de Emergencia, por el Covid-19 que afecta al país, y donde las propuestas de gobierno presentadas por los candidatos obviaron mandatos constitucionales referentes a la Estrategia Nacional de Desarrollo.

Llama la atención que ninguno de los candidatos que van a las elecciones del 5 de julio hablen del modelo económico que implementarán, lo que deja claro que seguirán montado en el moribundo y perverso neoliberalismo que fomenta la pobreza, depreda lo público y ahonda la desigualdad. No obstante, puede decirse que la campaña fue más tranquila y organizada que en procesos anteriores.

Las encuestadoras mostraron su peor cara al presentar resultados y sondeos que distan mucho de las ciencias probabilísticas. La Ley 15-19 de Régimen Electoral da a la Junta Central Electoral facultades para regular su accionar pero esta vez no se vio ninguna acción al respecto. Los números generaron encendidos debates tanto en redes sociales como en los partidos políticos.

Que firmas encuestadoras mientan y manipulen a los electores debiera preocupar a quienes defienden la transparencia electoral y la calidad de la democracia. Pareciera que la zafra electoral produce un efecto narcótico que turba la razón de quienes se dedican al negocio de vender percepciones. Con ese telón de fondo vamos a las elecciones.

Las elecciones se efectúan con un sistema de doble vuelta, donde se requiere que el ganador alcance el 50% más un voto. Todo parece indicar que a pesar de lo que datos arrojados por varias encuestas, ninguna de las fuerzas contendientes pasaría en primera vuelta, dado que hay que dividir los votos entre 6. Haciendo cuentas partiendo del histórico electoral las cosas quedarían más o menos así:

      PRM               45-48 %.

      PLD                35-38 %

      FP                  16-10 %

      PAP                02-03 %

      Otros              01-01 %

      Abstención.     25-30 %

Ese resultado obliga a ir a Segunda Vuelta y ahí Dr. Leonel Fernández tiene las llaves para decidir. Muchas encuestas han dado ganador al Partido Revolucionario Moderno, otras tantas dan ganador al Partido de la Liberación Dominicana.

En caso de una segunda vuelta, el Dr. Leonel Fernández tiene la disyuntiva de suicidarse apoyando al Partido Revolucionario Moderno, PRM, y sus enemigos de Sociedad Civil o apoyar al Partido de la Liberación Dominicana, PLD para mantener vivo su proyecto político y prolongar su vigencia como líder.

El Dr. Leonel Fernández y su gente saben que de ayudar al Lic. Luis Abinader a llegar a la presidencia implicaría un suicidio político, las bases lo acusarían de traición y lo castigarán. Las alianzas pautadas en las elecciones municipales de marzo pasado, serían una pista para futuros alineamientos en segunda vuelta.

De ganar el Partido Revolucionario Moderno su tarea es destruir al Partido de Liberación Dominicana y neutralizar al proyecto político que lidera el Dr. Leonel Fernández Reina para consolidar su poder como partido en el gobierno.

En el Congreso Nacional el reparto de puestos hará difícil que una fuerza obtenga mayoría aplastante. Tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados ingresarán nuevos miembros. Pese a eso, se acentúa el predominio del conservadurismo y la calidad de la representación es un tema al que habrá que prestar atención.

Las fuerzas progresistas que han abandonado el proyecto y se han plegado perderán aunque ganen, porque no tienen programa propio, salvo el caso de Alianza País que pudiera mantener su vigencia a pesar de sus zigzagueos ideológicos.

Organizaciones Políticas y Junta Central Electoral han comprometido el futuro de la democracia dominicana al permitir que dinero sucio compre candidaturas, cargos y auspicie campañas electorales. La falta de controles es evidente. ¿Puede competir gente honesta en procesos donde se impone el dinero?

Así las cosas de cara a julio 2020 en República Dominicana. Es un proceso de alto interés para la debilitada democracia dominicana y el desacreditado sistema político. Es un proceso donde las derechas se ponen a pruebas, ya que son juez y árbitros.

El sufragio emitido en las urnas dirá quién acertó en los pronósticos y proyecciones. El pueblo pueblo ha visto como el poder del dinero ha suplantado a liderazgos que bien pudieran ser el faro que les guíe pero ante las debilidades institucionales de la Junta Central Electoral para aplicar la normativa y la irresponsabilidad del liderazgo político han cerrado las puertas a gente con vocación, solvencia moral y capacidad para servir al país.

Queda esperar que al margen de cualquier resultado, la voluntad popular expresada en las urnas sea respetada y que se preserven los derechos civiles y políticos del pueblo dominicano. La democracia dominicana no resistiría otro encontronazo con la transparencia y la legitimidad.

Es una elección más entre las tantas que ha tenido el país, después de la última gran crisis política de 1994, pero las fuerzas e interese enfrentados han polarizado de tal forma, que pareciera que ninguno está en disposición de perder. Persiste el fantasma de que  aquí, "el que no gana arrebata", así como las preocupaciones por los fraudes electorales sigue presente en el imaginario colectivo.

Segunda o Primera Vuelta, la gente que milita, simpatiza o vota por esas fuerzas merece respeto y consideración del liderazgo político. Fracasar ahora abriría compuertas que luego sería difícil cerrar. Gane quien gane se debe entender que el contexto y la coyuntura actual exige compromiso y responsabilidad de quienes se alimentan del erario a través de las organizaciones políticas.

Las fuerzas revolucionarias deben iniciar la acción organizativa y reflexión ideológica de cara al porvenir. Es evidente que pretender que aliados a derechas cuyo propósito es el poder por el poder, no es la ruta que deben seguir quienes aspiran a vivir en un mundo donde justicia social, cooperación y solidaridad sean normas, no excepciones.

Eso implica trabajo y compromiso construir una vanguardia revolucionaria que supere el tradicionalismo y eche a caminar las fuerzas liberadoras de las masas populares. Son esfuerzos que deben ser asumido con urgencia como forma de transformar el formalismo democrático electoralista en democracia funcional socialista.

Lo que viene es fuerte, dado que los resultados de las elecciones consolidarán el conservadurismo y afianzará el neoliberalismo en República Dominicana. Las propuestas exhibidas por quienes aspiran a dirigir el país apuntan en esa dirección.

Tras la culminación del proceso debe iniciarse un proceso de discusión entorno a las normativas político-electorales para evitar que dinero proveniente del crimen organizado y la corrupción compren partidos, cargos y financien campañas. Ese debate debe ser abierto y plural. Lo observado en la zafra electoral que concluye es suficiente para entender las amenazas que se ciernen contra el sistema político y la democracia electoral.

El "éxito de las elecciones" depende de la cooperación del liderazgo que gestiona las organizaciones políticas y la capacidad de la Junta Central Electoral. La Junta Central Electoral tiene gran reto: hacer que el liderazgo político entienda que solo habrá un ganador por cada cargo. Es la lógica del juego democrática.

Concluye una campaña permeada por acusaciones de infiltración del crimen organizado el la política, uso de los recursos del Estado y cuestionamientos a la Junta Central Electoral por su incapacidad de imponer la ley; así como insistentes llamados de las instituciones de fe, líderes de opinión, organizaciones de sociedad civil y del empresariado a que se respete la voluntad del electorado, se acepte el resultado que emita la JCE y se garantice la transparencia del proceso comicial. 

La suerte está echada para quienes tienen apuestas en este proceso comicial, fundamentado en un sistema de doble vuelta. Quien obtenga o supere el 50+1 en primera vuelta u obtenga mayoría simple en segunda vuelta será el ganador de la presidencia. En el ámbito municipal la cuestión es a mayoría simple. 

lunes, 9 de marzo de 2020

ELECCIONES MUNICIPALES DEL 15 DE MARZO: DIÁLOGO y RETOS INSTITUCIONALES.



"En los países donde el liderazgo político se coloca por encima de la normativa y los protocolos, no hay árbitro válido ni institución que funcione". FDC/2020

El próximo domingo 15 de marzo República Dominicana vuelve a las urnas para elegir a las autoridades municipales, luego de un intento frustrados el pasado 16 de febrero. Las organizaciones políticas y la Junta Central Electoral, JCE, están compelidas a realizar un proceso comicial con transparencia y legitimidad.

Hay muchas preguntas y pocas respuestas sobre las causas que provocaron el aborto electoral antes mencionado que ha sembrado dudas sobre las capacidades de la Junta Central Electoral para organizar elecciones. Conjeturas, especulaciones y desinformación atormentan el imaginario colectivo.

Protestas multitudinarias, cacerolazos, acusaciones y contraacusaciones han marcado la agenda durante un mes. Las organizaciones políticas de oposición acusan al gobierno y a la JCE, pero éstos niegan responsabilidad. Los pedidos de transparencia electoral, sanción para los culpables del boicot y renuncia del Pleno de la JCE matiza el tenso ambiente político que precede las elecciones municipales del 15 de marzo.

Las tensiones suben. Partidos y JCE electoral acuerdan pedir a organizaciones externas como OEA, IFES, UNIORES y otras para que investigue las causas que provocaron las "fallas o errores" en el Sistema Automatizado de Votación. Los resultados de las indagaciones perderá vigencia, ya que las elecciones preceden la entrega de resultados. Esas entidades son acusadas de intervencionistas y cuestionado su historial en procesos similares.

Tras una intensa presión de organizaciones sociales y políticas, se activa una mesa de diálogo político promovidos por el CONEP y otras entidades pertenecientes a los "poderes fácticos". De inmediato aparecen críticas y especulaciones en torno a la iniciativa.

Activan y convocan un diálogo en el Consejo Económico y Social, creado mediante Ley 142-15. Grupos políticos y dirigentes cuestionan la legitimidad del mismo y se niegan a participar. Convocan un diálogo paralelo donde participan jóvenes promotores de las jornadas de protestas y reconocidos opositores al gobierno.

La negativa de agrupaciones como Fuerza del Pueblo y expresidente Dr. Leonel Fernández, presagia el fracaso de las conversaciones. Las críticas del Dr. Fernández llaman la atención, ya que en sus gobiernos propició, el Diálogo Nacional, la Consulta Ciudadana por la Descentralización y la Consulta Ciudadana para la Reforma Constitucional.

De cualquier forma, un diálogo político en medio de una campaña electoral es difícil que prospere y esto se explica por los altos niveles de tensión y polarización políticas entre el gobierno y la oposición. Un diálogo debe producir compromisos y para el caso, el compromiso debe centrarse en el cumplimiento de los marcos normativos y los protocolos electorales.

Consensuar es difícil, pero en escenarios como el que vivimos es casi imposible, a pesar de los pronunciamientos mediáticos de "buena voluntad". El país está a la expectativa y espera que la alta inversión que hace el Estado en el financiamiento a las organizaciones políticas y en el montaje de las elecciones sea recompensado con el respeto a la voluntad popular expresada en las urnas.

Muchos de los dialogantes no reconocen autoridad a la JCE, no respetan normativa electoral ni creen en la institucionalidad democrática. De ahí el presagio pesimista de que los procesos diálogos que desarrollan están condenados al fracaso. El diálogo es necesario pero luce inoportuno, dado los niveles de tensión política generada tras la suspensión de las elecciones del pasado 16 de febrero.

En una sociedad donde el liderazgo se considera por encima de la institucionalidad y de las leyes no habrá árbitro válido. Aun así, hay que insistir en la búsqueda de respuesta a lo sucedido en febrero 16 y trabajar para que el 15 de marzo haya elecciones libres, trasparentes y diáfanas.

Es de rigor recordar que la Junta Central Electoral es el ente responsable de organizar, arbitrar y gestionar los procesos electorales en República Dominicana, tal y como manda la Constitución Política y la normativa político-electoral. Cualquier acción contraria o intento de suplantación, pervierte la normativa, debilitada la institucionalidad y corrompe la democracia.

Dicho lo anterior, queda claro que tanto las organizaciones políticas como la Junta Central Electoral tienen la obligación de garantizar un proceso electoral que devuelva la confianza de la gente en las elecciones, el liderazgo político. La JCE es producto de los consensos entre actores políticos y sociales que interactúan en el sistema político, por tanto, el reto es corregir el rumbo.

Los partidos, agrupaciones y movimientos políticos deben colocarse del lado de las soluciones y cooperar con la Junta Central Electoral en el montaje de los procesos comiciales. El sistema político y sus actores están inmerso en una aguda crisis de confianza. Apostar al fracaso de las Junta Central Electoral, boicoteando las elecciones del 15 de marzo es un suicidio y ellos lo saben.  

Para lograr el éxito esperado por la población dominicana, la Junta y los partidos deben tomar medidas drásticas y firmes para evitar la repetición de hechos que pongan en riesgo los resultados del certamen. El cumplimiento de la normativa los protocolos son electorales ayudará a reducir la desconfianza y minimizar los atentados contra el proceso.

Como los tropezones hacen levantar los pies, es necesario puntualizar algunas sugerencias para evitar que se repitan situaciones que comprometan la calidad, organización y transparencia del proceso comicial del 15 de marzo:

1. Desarme de activistas, simpatizantes y militantes, proclives a perturbar y generar situaciones que alteren el orden establecido en los protocolos instituidos para los procesos comiciales.

2. Responsabilizar al liderazgo local de las organizaciones políticas y a los equipos de campaña de los candidatos del control de la militancia.

3. Impedir, a toda costa, la comisión de delitos electorales especialmente, el reparto de dinero en las terminales de autobuses, compra de votos, chantaje, intimidación o cualquier intento de coartar el derecho al voto.

4. Comprometer al liderazgo político nacional a respetar los resultados electorales y la voluntad popular expresadas en las urnas.

5. Coordinar con las direcciones nacionales de los partidos el control de armas de fuego y de bebidas alcohólicas.

6. Las organizaciones políticas y los candidatos deben facilitar el trabajo de la Policía Electoral en los recintos de votación.

7. Impedir la aglomeración de personas en los centros de votación y/o en sus proximidades para evitar roces entre militantes.

8. Evitar que dirigentes, candidatos, militantes, activistas y simpatizantes perturben el trabajó de los centros de votación.

9. Instruir a los presidentes de mesas electorales para tomar las decisiones que entiendan pertinentes, para garantizar la transparencia del proceso eleccionario, aplicando los protocolos y normativas electorales.

10. La Junta Central Electoral debe aplicar las normativas y protocolos establecidos para los procesos electorales y las organizaciones políticas deben comprometerse a respaldar su trabajo y a reconocer los resultados.

Este decálogo no es exclusivo ni excluyente, pero puede contribuir a la reflexión sobre los compromisos del liderazgo político y la Junta Central Electoral en las elecciones del 15 de marzo. La intención es que las partes involucradas en el proceso comicial den al país las garantías de que la voluntad popular será respetada.

El montaje de las elecciones es un reto para la institucionalidad político electoral que pone a prueba, una vez más, las capacidades gerenciales del liderazgo político y al Pleno de la Junta Central Electoral. La JCE tiene la obligación de hacer cumplir el mandato constitucional de “organizar y dirigir las asambleas electorales para la celebración de elecciones y de mecanismos de participación popular establecidos por la presente Constitución y las leyes”.

martes, 25 de febrero de 2020

POSPOSICIÓN y CRISIS TRAS FALLIDAS ELECCIONES MUNICIPALES DEL 16-F-2020.

"Para obtener respuestas correctas, hay que hacer preguntas objetivas a
protagonistas concretos. Tras el boicot electoral de F16-2020, hay respuestas que no se obtendrán porque no se están haciendo las preguntas correctas a la gente indicada". 

La abrupta suspensión de las elecciones municipales del pasado domingo 16 de febrero de 2020, hecho sin precedentes en la historia política dominicana, ha desatado un torbellino de conjeturas y especulaciones. Hecho que amerita un análisis crítico, profundo y objetivo. Es una labor de buzo, no de surfista. Hay que ir a las profundidades del turbulento mar de la política vernácula para sacar las respuestas que expliquen lo sucedido. 

Partiendo del hecho real e incuestionable de que hubo una conspiración y un sabotaje a las elecciones, quedan abierta las líneas de análisis sobre el espinoso tema que pone entredicho tanto la capacidad logística y operativa de la Junta Central Electoral como disposición de partidos, agrupaciones y movimientos políticos por cumplir con el mandato constitucional previsto en el artículo 216.

La suspensión de las elecciones ha generado una ola creciente de protestas, donde paradójicamente participan actores que están comprometidos con mantener la estabilidad del sistema político y evitar la alteración de la paz social. Ojalá fueran sinceras los pronunciamientos de quienes claman por transparencia sin haber saldados cuentas con el pueblo dominicano. La acción de grupos de jóvenes que exigen sanciones, transparencia y democracia es loable, pero deben cuidarse de quienes aprovechan para pescar en mar revuelto.

Es curioso ver a gente que vive de la política subsidiada por el Estado se ha puesto del lado del liderazgo juvenil y organizaciones sociales que han ido a Plaza de la Bandera a pedir la renuncia del Pleno de la Junta Central Electoral y sanción para los culpables. Con esa acción buscan alejarse de las complicidades y culpabilidades que pudieran tener.

A esas movilizaciones se suman dirigentes políticos de oposición que acusan al presidente de la República de ser el responsable del fracaso de las elecciones y de orquestar un fraude para favorecer a los candidatos del Partido de la Liberación Dominicana. Esos mismos dirigentes participaron en reunión maratónica con la JCE electoral y aceptaron la fecha propuesta por el ente rector del sistema político-Electoral para realizar elecciones el 15 de marzo. Nada claro por el momento. Mucha especulación y un panorama social permeado por las crecientes protestas que se escenifican en todas las partes del país. 

El 27 febrero, Día de la Independencia Nacional, 13 organizaciones políticas realizaron un mitin que terminó en el Parque Independencia donde se leyó una propuesta reclamando diálogo y consenso para garantizar transparencia en las elecciones del 15 de marzo. Pareciera que las pretensiones de esos grupos es romper el orden institucional y generar un caos que de al traste con la frágil institucionalidad democrática.

Se ha dicho que las protestas, que iniciaron con decenas de jóvenes, que hoy son miles en la Plaza de la Bandera es apolítica y solo busca defender la democracia, exigiendo el respeto a la voluntad popular. Sin embargo, se ha visto a connotados dirigentes políticos arengando y apoyando el movimiento y es entendible, dado que el derecho a la protesta es un derecho fundamental.

Que sean espontáneas las manifestaciones de rechazo al Pleno de la Junta Central Electoral por los fracasos que se le atribuyen es normal pero no puede ser neutral. Es difícil imaginar una lucha política sin políticos dirigiendo. Las crecientes protestas que se extienden por todo el país tienen dirección e intenciones. Están ejerciendo un derecho fundamental, pero su liderazgo debe estar pendiente para evitar distorsiones.

Si se compara lo que se vive en República Dominicana, tras las fallidas elecciones, se pueden encontrar similitudes en los casos de Bolivia, Venezuela y Nicaragua. Procesos saboteados que dan origen a protestas generalizadas, que muchas veces son financiadas y apoyadas por sectores que buscan imponer agendas o derribar gobiernos. 

Sea lo que fuere, el domingo 16 de febrero, se interrumpió un proceso donde estaba en juego la renovación de los gobiernos locales. Fallas en el Sistema de Voto Automatizado provocaron una serie de inconvenientes que llevó a la Junta Central Electoral y al liderazgo político a suspender las elecciones a 4 horas de haber iniciado. Acusaciones de sabotaje, hackeo, intento de fraude, entre otras calificaciones matizan el discurso político tras el fiasco.

Un raudal de opiniones recorres las redes sociales y los medios de comunicación. Una protesta creciente y un llamado a nuevas elecciones mantienen en vilo a la sociedad dominicana. Sectores empresariales, religiosos y políticos llaman a la mesura y al respeto de la institucionalidad democrática y a los protocolos establecidos en el marco normativo. 

Con la suspensión de las elecciones, el pueblo dominicano pierde la astronómica suma de 14 mil millones de pesos. Rearmarla pudiera costar un precio similar. Eso confirma, reflexiones hechas por este servidor, “que la democracia dominicana es cara y deficiente”. El financiamiento público de las organizaciones políticas reconocidas no puede ser echado al zafacón, debe traducirse en mejoras de la institucionalidad democrática.

Las protestas toman fuerza y definen su agenda. Gobierno, liderazgo y la Junta Central Electoral deben responder a quienes piden cuentas del frustrado proceso electoral del domingo. Tienen que evitar que se produzca un escalda que de al traste con la institucionalidad. 
Algunas preguntas para colocar la crisis política en perspectivas.
¿Quiénes son los responsables intelectuales del boicot electoral y del hackeo del Sistema de Voto Automatizado?

¿Quiénes tienen capacidad técnica y razones políticas para abortar un proceso electoral?

¿A quién convenía la frustración del proceso comicial y cómo afecta a la democracia?

¿Investigarán a los cabezas de partido sobre lo acontecido el domingo pasado?

¿Cuáles son los sectores involucrados en las acciones delictivas que truncaron las aspiraciones de elegir del pueblo dominicano?

¿Cómo interpretar el silencio de la embajadora de los Estados Unidos en el país ante la crisis desatada tras la suspensión de las elecciones?

¿Qué harán la JCE y el liderazgo político para rescatar su mellada credibilidad y generar confianza tras la andanada de acusaciones que caen en su contra?

¿USA, OEA, USAID e IFES desconocían la logística del proceso y las supuestas debilidades del Sistema de Voto Automatizado?

Esta y otras preguntas quedan a espera de respuestas, dado el alto interés concitado en la población y la polarización que se evidencia. El gobierno tiene un reto de garantizar el derecho a la protesta y preservar el orden público. La Junta Central Electoral y las organizaciones políticas deben trabajar para que las elecciones pautadas para marzo y mayo transcurran dentro de los protocolos establecidos.

Apostar al caos social, al descrédito de las instituciones y a la desestabilización política es una apuesta que no conviene a las fuerzas políticas que fungen como accionistas del sistema electoral dominicano. Lo inteligente y sensato es trabajar para superar la crisis, evitando romper el orden institucional, salvo que no se entienda que “cuando se agravan las contradicciones de clases, se crean condiciones objetivas para la revolución”.

Partidos y candidatos deben ser prudente y gestionar las emociones apropiadamente. Tras las "fallas técnicas" generalizadas que colapsaron el sistema  de voto automatizado y abortaron el proceso comicial, se observa como líderes de opinión, candidatos y dirigentes políticos hacen llamados temerarios a tomar las calles. Madurez, prudencia y sensatez deben pernear las línea operativas del liderazgo para crear institucionalidad.

A las fallas en el sistema automatizados de votación se suman a la falta de compromiso del liderazgo político para montar la transparencia e idoneidad del evento comicial. No cuidar las elecciones y apostar a su fracaso puede comprometer el futuro de la democracia.

Pareciera exagerado, pero hay indicios de que sectores están interesados en aplicar una estrategia de golpe suave. Desacreditar al árbitro electoral, activar la acción colectiva y desconocer resultados electorales para que se abra vía al intervencionismo. Como es sabido, USA, OEA, USAID e IFES están bailando en el lío electoral dominicano y su historial es conocido.

Concluyendo, tanto la Junta Central Electoral, como fuerzas políticas y su liderazgo deben estar del lado de las soluciones. Sembrar dudas, manipular y distorsionar no ayuda. El sufragio es un derecho fundamental: coartar, entorpecer, condicionar, comprar o vender voto es delito que debe ser sancionado.

Los grupos que exigen transparencia electoral, renuncia del Pleno de la Junta Central Electoral y elecciones libres y transparentes, deben incluir en su catálogo la rendición de cuenta de los partidos políticos. Pedir que expliquen en qué y cómo invierten los recursos que le asigna el Estado y reclamar compromiso y respeto a la institucionalidad y a las leyes.

El fiasco electoral del 16-F, tiene responsables y cómplices, claro que los hay, pero además de la Junta Central Electoral y quienes abortaron el proceso comicial, están las organizaciones políticas que son las beneficiarias de los jugosos beneficios que genera el gestionar una organización política reconocida. La democracia subsidiada por el Estado, vía organizaciones política se ha convertido en un rentable negocio.

La investigación debe establecer las responsabilidades para que se apliquen las sanciones que correspondan. El sabotaje, boicot o como se llame es un acto de terrorismo electoral bien orquestado y con propósitos claramente definidos. No es una falla técnica o un error humano. Es una acción pensada y planeada para que se de lo que se dio

Ningún país puede renunciar a su capacidad institucional para investigar infracciones, delitos o crímenes electorales. Llama la atención que el gobierno dominicano pide a la desacreditada Organización de Estados Americanos, OEA que investigue el boicot electoral del pasado 16 de febrero. Esa acción no está prevista en la normativa y por tanto es ilegal. 

En el peor de los escenarios OEA, puede facilitar la mediación, nunca entrar a investigar suplantando las responsabilidades del Estado dominicano y sus instituciones. Las acciones del Ministerio de Colonia de los Estados Unidos son claras y comprometedoras. Su último zarpazo lo dio en Bolivia donde certificó el golpe de Estado contra el gobierno de Evo Morales. ¿Qué esperan de esta entelequia?

Apostar a que OEA haga una investigación seria sobre lo sucedido el domingo en el país es una utopía. OEA es una institución que tiene apuestas en esta partida y el desprestigio que ha acumulado a lo largo de su accidentada historia la descalifica para ser árbitro.

Se sabe que la historia electoral dominicana está plagada de "fraudes, errores humanos, fallas técnicas, inconsistencias y fallos históricos", por consiguiente, las fallas no son técnicas, ni exclusivas del voto automatizado. ¿Pretenden endosar a la tecnología la malicia o incompetencia de quienes la gestionan? No señores, no.

Al margen de cualquier especulación, manipulación o conjetura la investigación debe arrojar resultados convincentes y concretas. No se trata de un cumplido, sino de un esfuerzo por recuperar la deteriorada imagen de las organizaciones y el liderazgo político de un lado, y la Junta Central Electoral del otro.

La condenable acción de terrorismo electoral es una muestra de la necesidad de transformar la institucionalidad electoral, abriendo paso a un proceso de reforma que quiten el control de las organizaciones políticas a la Junta Central Electoral y las deje como lo que son, instituciones de derecho público, sujetas a normativas específicas.

La tradicional y conformista frase de que “el tiempo dirá” no aplica a la crisis que enfrentamos. Es un momento crucial para la historia política dominicana que debe ser abordado con la madurez que exigen las circunstancias. Se requiere que el liderazgo asuma su responsabilidad en esta situación y se comprometa a prevenir hechos que amenacen la transparencia e idoneidad de los procesos electorales.

Tras el fracaso de las elecciones municipales y la suspensión mismas, la Junta Central Electoral está obligada a aclarar lo sucedido. Investigarán y encontrarán justificaciones, culpables y excusas, pero se conspiró contra el proceso. Se apostó al descrédito de la Junta Central Electoral, JCE. El ente rector de los subsistemas de partidos y electoral, perdió la capacidad de gestionar el proceso desde que se impuso el transfuguismo. Quienes siembran vientos cosechan tempestades. 

Organizaciones políticas, liderazgo, gobierno y JCE tienen la obligación de parar la escalada en las crisis desatadas tras la suspensión de las elecciones municipales. No llamen el lobo, porque puede llegar. Aclárense y cuiden sus activos políticos. ¡No inventen, señores, no invente!