domingo, 12 de julio de 2026

DE LA REFORMA A LA TRANSFORMACION DE LA POLICIA NACIONAL.

El país hace varios intentos por reformar y modernizar a la Policía Nacional y poco se ha avanzado. Pareciera, que más que reforma, la Policía Nacional requiere una transformación, no solo institucional sino, ante todo conductual, fundamentada filosóficamente en una reingeniería moral.

Una vez los jóvenes ingresan a las filas policiales, no importa si tienen formación académica o el requisito mínimo de ingreso, debe ser formado en psicología, educación cívica, gerencia social, comunicación efectiva, sociología, manejo de conflictos, gestión pública, entre otros áreas que se vinculen directamente con la función policial. Claro, eso implica romper el cerco burocrático que torpedea los cambios y destruir el nido de la corrupción sistémica.
Las incondutas recurrentes de agentes de la Policía Nacional de República Dominicana son manifestaciones de una crisis estructural que incluye, fisuras en el liderazgo, corrupción y fallas en los procesos de reclutamiento, selección y formación del personal que integra y dirige la institución.
Urge diseñar e implantar una política de seguridad ciudadana articulada que coloque al agente policial en el centro de las estrategias de cambio institucional. No basta con reformas cosméticas y una modernización mediatizada. Es necesaria una transformación de la cultura institucional. El cambio real se expresa en la mejora de las relaciones entre el agente policial y la ciudadanía a la que sirve.
Hasta ahora, la costosa y cacareada reforma policial no ha cumplido con las expectativas que generó ni compensa las altísimas inversiones que se realizan. A juzgar por los resultados, quienes han manejado el costoso proceso de reforma policial, no han cumplido con el encargo.
Superar la desconfianza generalizada de la población en esa institución, pasa por la implementación de un proceso de reingeniería conductual que incluya al liderazgo directivo y al personal operativo. Además, una revisión y actualización de los protocolos de intervención y actuación policial.
No solo es cambiar normas, indumentaria y crear estructuras infuncionales, es lograr una supervisión rigurosa, mejorar las condiciones laborales, ampliar los programas de formación permanentes y aplicar las normativas.
Que el esfuerzo denodado de los agentes y directivos honestos no se vea menguado por las acciones negativas de quienes hacen de la institución un espacio para comentar delitos y crímenes, que ahonda la desconfianza de la población en la Policía Nacional.
Elevar la moral y renovar el compromiso ético debe ser la meta, tanto del Ministerio de Interior como del liderazgo directivo de la policía nacional. Estas entidades deben respetar y hacer respetar la carrera policial para garantizar la permanencia de los agentes que forman.
Que se hable menos y se haga más para que la cadena de mandos funcione adecuadamente. Que mejore la infraestructura de las oficinas policiales y se den apoyos, formación, tecnología y recursos que se requieran, pero que se le exija, tanto al agente operativo y ejecutivo como al liderazgo directivo.
Toca pasar de la reforma y modernización a la transformación de la cultura y la instucionalidad. Que se vean los resultados de los procesos de cambio institucional y que la población se beneficie de ellos con un servicio policial acorde a las necesidades de la población.
Como dicen que dijo Indira Gandhi: "El mundo exige resultados. No le cuentes a otros tus dolores de parto; muéstrales al niño".

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