lunes, 2 de febrero de 2026

DÉFICIT DE AGRÓNOMO EN SAN JOSÉ DE OCOA.

Con frecuencia se escucha hablar de la importancia de la agropecuaria como base de la seguridad alimentaria y de la economía rural, pero poca gente entiende las dificultades que enfrentan los empresarios agrícolas, productores y comunitarios para producir vegetales, hortalizas, legumbres y frutales.

Productores consultados en comunidades rurales de San José de Ocoa coinciden en señalar la escasa asesoría que reciben de personal técnico del Ministerio de Agricultura. Ausencia que pone en riesgo sus inversiones, desmotiva a la gente e incentiva el abandono del campo.

Como productor de la zona he notado la ausencia de profesionales agropecuarios en los predios que cultivo donde hay una considerable cantidad de personas dedicadas a las actividades agropecuarias. Preocupado decidí buscar información con productores y personas vinculadas al sector. La respuesta preliminar me dejó frizado: El Ministerio de Agricultura tiene un acentuado déficit de profesionales para cubrir la demanda.

Según fuentes confiables, se requiere el nombramiento de más de 20 profesionales agropecuarios para cubrir las necesidades de los productores ocoeños. Imagine usted, una zona eminentemente agrícola sin personal que asesore, oriente y eduque a quienes producen alimentos y sostienen la economía. Ojalá que las autoridades tomen nota y nombren al personal que se requiere.

En San José de Ocoa, las actividades agrícolas, especialmente las de «cielo abierto» y aquellas que realizan pequeños productores, incluidas las prácticas de agricultura familiar se realizan con escasa o sin ninguna asesoría estatal. Es paradógico e inexplicable que un renglón tan importante no sea prioridad en las políticas de desarrollo.

Al acentuado déficit de personal calificado se suma la falta de financiamientos, infraestructura, el deterioro de los caminos, los elevados costos de los insumos, la escasez de mano de obra, la baja tecnificación y las distorsiones en la cadena de comercialización. Esos son problemas centrales, perturbadores y recurrentes. Eso sumado a otras carencias y la falta de liderazgo en ese sector, hace difícil mantener la gente en las zonas rurales.

Con ese cuadro desolador, producir es un acto heróico, costoso y riesgoso. La producción agropecuaria en general, y la agrícola en particular, requieren una atención especial y las políticas agropecuarias deben estar articuladas a los planes de desarrollo, pero cuesta que se entienda algo tan elemental. Si no se valora el aporte del campesinado y los productores que dedican su viva a producir alimentos cualquier discuso cae en la demagogia.

Apoyar la producción nacional no es una proclama, un eslogan o un decreto. Es ante todo, una política, y una decisión. Que no hablen de producción agrícola si no van a dar los apoyos que se requieren. Que sigan apoyando empresarios de invernaderos, pero que no se olviden de quienes estamos en otras modalidades.

Listar  las inciativas fallidas de la actual administración toma tiempo y exige mayor espacio. Por ahora dejo abierta la invitación para que se piense en la prodocción agrícola como un eje estratégico para el desarrollo inclusivo del país. Los importadores que hagan sus negocios, pero que las autoridades gestionen mejor la agropecuaria en general y la agricultura en particular.

Crear las capacidades que el campo necesita para dinamizar la producción, proteger el medio ambiente y los recursos naturales haciendo rentatambe y sostenible las actividades que realiza exige compromiso, recursos y políticas claras y articuladas. Formar profesionales agropecuarios y garantizar condiciones laborales y salariales dignas deben ser prioridades, tal como se instruyó en la abandonada Estrategía Nacional de Dessarrollo, instituida mediante Ley-1-12 en línea directa con la constitución de la República.

¡Que no digan, que hagan!

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