Introducción
El conflicto
político entre Cuba y Estados Unidos constituye uno de los casos más
prolongados de confrontación entre dos Estados del hemisferio occidental. A
partir de la década de 1960, el embargo económico, comercial y financiero
impuesto por Washington se convirtió en el eje de la relación bilateral y en
uno de los temas más controvertidos de la política hemisférica.
Para el gobierno
estadounidense, esta política ha sido presentada históricamente como un
instrumento de presión destinado a promover cambios políticos en la isla. Para
el gobierno cubano y diversos actores internacionales, en cambio, el embargo
constituye una forma de coerción económica destinada a debilitar al Estado
cubano y forzar una transformación de su sistema político.
Comprender la
persistencia de este conflicto exige analizar no solo los acontecimientos
posteriores a la Revolución Cubana, sino también los antecedentes históricos de
la relación entre Estados Unidos y América Latina, particularmente en el
Caribe, región que desde el siglo XIX ha sido considerada por Washington como
un espacio estratégico de seguridad y proyección geopolítica.
La República
Socialista de Cuba ha sido víctima de un bloqueo criminal impuesto por Estados
Unidos y sus socios que ya supera las seis décadas. Aun así, el país antillano
ha logrado superar los escollos y demostrarle al mundo que el modelo político
que ha adoptado puede satisfacer con creces, las necesidades de sus habitantes
y convertirse en una alternativa para el resto de la región y ese ha sido su
peor pecado.
Dada la marcada tendencia
expansionista, neocolonialista, guerrerista, intervencionista e injerencista
que fundamenta la política exterior de los Estados Unidos, es pertinente
esbozar los antecedentes del bloqueo criminal que padece la República de Cuba y
entender la denominación peyorativa de “patio trasero”, que le indilgan la
corporatocracia pentagonizada a los países de Continente Americano. Es
imperativo echar una mirada a la evolución de las relaciones entre EE. UU y la
región latinocaribeña.
2.
Antecedentes Históricos de la Influencia Estadounidense en El Caribe.
Las relaciones
entre Estados Unidos y América Latina han estado profundamente marcadas por
doctrinas geopolíticas formuladas desde el siglo XIX. Entre ellas destacan la Doctrina
Monroe (1823) y el Destino Manifiesto, que configuraron la base
ideológica de la expansión estadounidense en el continente.
La Doctrina Monroe
establecía el principio de que las potencias europeas no debían intervenir en
los asuntos del hemisferio occidental. Aunque originalmente se presentó como
una política de protección frente al colonialismo europeo, con el tiempo fue
reinterpretada como un fundamento para la proyección de poder estadounidense en
la región.
A lo largo del
siglo XIX y principios del XX, esta doctrina se tradujo en una política
exterior caracterizada por intervenciones políticas, económicas y militares en
diversos países del Caribe y América Central. Esta estrategia fue reforzada
posteriormente por prácticas conocidas como “diplomacia de las cañoneras”,
mediante las cuales Estados Unidos utilizó su poder militar para influir en la
política interna de varios países latinoamericanos.
El Caribe, debido
a su ubicación geográfica y a su proximidad al territorio continental
estadounidense, ocupó un lugar central en esta visión estratégica. Para
entender las justificaciones del largo, criminal y costoso bloqueo que padece
Cuba, es necesario mirar algunos antecedentes, entre los que se destacan la
Doctrina del Destino Manifiesto, la Doctrina Monroe, la entrada de EE. UU a la
guerra contra España en 1898, la Enmienda Platt, la instalación de la Base
Militar de Guantánamo y la proclamación del socialismo como sello ideológico de
la Revolución Cubana.
3. La
Guerra Hispano-Estadounidense y el Establecimiento de la Influencia
Estadounidense en Cuba.
La guerra de
independencia cubana contra España (1895-1898) constituyó un punto de inflexión
en la historia política de la isla. Liderada por figuras como José Martí,
Antonio Maceo, Carlos Manuel de Céspedes, Máximo Gómez y otros patriotas, la lucha
independentista debilitó significativamente el dominio colonial español.
En 1898, tras la
explosión del acorazado estadounidense USS Maine en el puerto de La
Habana, Estados Unidos intervino en el conflicto, lo que dio lugar a la Spanish–American
War. La derrota española condujo a la pérdida de sus principales colonias
en el Caribe y el Pacífico.
El poder
imperialista consolidado con la expulsión de los españoles de la isla,
aprovechando la derrota infligida por los independentistas cubanos inspirados
por los ideales y el ejemplo de Carlos Manuel de Céspedes, Antonio Maceo, José
Martí y Máximo Gómez, quién cayó en combate en 1895 frente a las fuerzas
coloniales de España. Estados Unidos, entra a la guerra para aprovechando en
avance a arrollador de los patriotas cubanos contra las tropas españolas.
Concluida la
Guerra de Independencia cubana, el gobierno de Estados Unidos dejó ver las
razones por la que apoyó a los patriotas cubanos. Su plan, plasmado en la
Doctrina Monroe bajo el lema de “América para los Americanos”, sirvió de
pretexto para controlar las antiguas posesiones españolas en El Caribe Insular.
Inició con Cuba y siguió con Puerto Rico. En realidad, su plan era recolonizar
a la región bajo su sello imperial.
En Cuba impusieron
la Enmienda Platt, que plantea que Estados Unidos puede invadir a Cuba cuando
sus intereses estén en riesgo y de Puerto Rico hicieron lo que hoy se denomina
un Estado Libre Asociado. Desde la proclamación de la Doctrina Monroe en 1823,
el choque entre el bolivarianismo soberanista, el hispanismo colonialista, el
antillanismo integracionista y el monroísmo imperialista definieron el perfil
de las luchas de los procesos independentistas y liberadores de todo el
continente.
Aunque Cuba obtuvo
formalmente su independencia en 1902, la influencia estadounidense quedó
institucionalizada mediante la Enmienda Platt, que otorgaba a Estados
Unidos el derecho de intervenir militarmente en la isla cuando considerara que
sus intereses estaban en riesgo. Además, este acuerdo permitió el
establecimiento de una base naval estadounidense en la Bahía de Guantánamo,
que permanece operativa hasta la actualidad. Este arreglo político creó una
relación asimétrica que condicionó el desarrollo institucional de Cuba durante
gran parte del siglo XX.
Crisis Política y Radicalización del Conflicto Interno.
Durante las
primeras décadas del siglo XX, Cuba experimentó una fuerte dependencia
económica de Estados Unidos, particularmente en sectores como el azúcar, el
tabaco y la minería. Las inversiones estadounidenses dominaron amplios sectores
de la economía, mientras que la política interna del país estuvo marcada por
recurrentes crisis institucionales.
En este contexto
emergieron diversos movimientos sociales y políticos que denunciaban la
dependencia económica y la influencia extranjera. Entre ellos destacó el
movimiento liderado por Julio Antonio Mella, fundador del Partido
Comunista de Cuba en 1925.
Las tensiones
sociales y políticas se intensificaron durante el gobierno del dictador Fulgencio
Batista, cuyo régimen autoritario, consolidado tras el golpe de Estado de 1952,
enfrentó una creciente oposición política y social.
Vale aclarar, que,
la relación entre el bloqueo estadounidense a Cuba y la Enmienda Platt tiene
raíces profundas y antecedentes claramente identificables. No son el mismo
instrumento, pero pertenecen a la misma lógica de control geopolítico de
Estados Unidos sobre Cuba. De hecho, el bloqueo puede interpretarse como una
forma moderna de presión que sustituye mecanismos anteriores de dominación
directa, entre ellos la Enmienda Platt.
En medio de
tensiones y roces con los líderes independentistas latinocaribeños, los Estados
Unidos impusieron la diplomacia de las cañoneras como base su política su
exterior entre el siglo XIX y el XX, para imponer su hegemonía y defender sus
intereses en la región. De allá hasta hoy, la lucha de los pueblos por
conquistar su libertad y la soberanía integral ha sido recurrente. Para el caso
de Cuba, los gobiernos que precedieron la Revolución Cubana, no solo aceptaron
la Enmienda Platt, sino que posteriormente permitieron la instalación de una
base militar en la Bahía de Guantánamo, que todavía está activa.
Estados Unidos,
una sociedad gobernada por la corporatocracia
pentagonizada, cimentada sobre la base del consumismo impuesto por el
sistema capitalista donde predomina el individualismo, no puede admitir que se
forjen y consoliden alternativa que desnuden las debilidades de su modelo
económico. De ahí que se hayan propuesto impedir a toda costa y por todos los
medios destruir al socialismo cubano y restaurar el modelo entreguista que
funciona en la mayoría de los países de la región.
La Revolución Cubana y la Transformación del Sistema Político.
El 26 de julio de
1953, un grupo de jóvenes revolucionarios encabezados por Fidel Castro Ruz
intentó tomar el Cuartel Moncada. Aunque la acción fracasó militarmente,
marcó el inicio de un proceso político que culminaría años después con el
triunfo de la revolución.
Tras un período de
reorganización en el exilio, el movimiento revolucionario regresó a Cuba en
1956 a bordo del Yate Granma iniciando una guerra de
guerrillas en la Sierra Maestra. La combinación de insurgencia rural,
movilización urbana y crisis del régimen culminó el 1 de enero de 1959,
cuando las fuerzas revolucionarias entraron en La Habana y el gobierno de
Batista colapsó.
El pueblo cubano
siempre dispuesto a luchar contra sus verdugos, sean nacionales o extranjeros,
plantó cara a quienes quisieron hacer de la Perla de las Antillas, un parque de
diversión. A las luchas mambisas siguieron las luchas de obreros y estudiantes.
La organización política, espoleada por la represión actúa desde el exilio.
Julio Antonio Mella funda el Partido Comunista Cubano en 1925, antes de ser
asesinado en México. Otros continuaron su ejemplo, inspirados por los ideales
martianos.
El pueblo sufre y
resiste mientras las grandes corporaciones estadounidenses sacan su gran tajada
de la pujante industria azucarera, tabaquera y minera. Usufructuaban la mayoría
de las tierras productivas. Los gobiernos títeres tenían que gobernar bajo
órdenes de Estados Unidos ya en su fase imperialista. Pero con el liderazgo
revolucionario a la vanguardia, la lucha por la liberación crece y se
consolida.
La heroica
juventud cubana escribió páginas de gloria al ritmo de una férrea represión que
se acentúa con el ascenso al poder de Fulgencio Batista en 1953. Allí, la lucha
tomó un matiz de insurrección cuando el 26 de julio de 1953, un grupo de
revolucionarios, dirigidos por Fidel Castro, se propuso tomar instalaciones
militares, incluido el Cuartel Moncada.
La acción del
Moncada marcó un punto de inflexión en la lucha, porque, aunque militarmente no
lograron sus objetivos y la mayoría de los complotados fue apresado y otros
cayeron abatidos, la osadía sirvió de combustible para la lucha. Mientras los
encarcelados padecían torturas y vejámenes su liderazgo se acrecentaba y las
luchas del pueblo se intensificaban paralelamente con la represión del gobierno
de Batista.
Los complotados
son juzgados y sentenciados en el juicio 37. En ese juicio fue procesado Fidel
Castro, quien asumió su propia defensa y pronunció el alegato conocido como “La historia me absolverá”. Fidel aprovechó el juicio para desnudar
al régimen y defender la justeza de la lucha que libraban en aras de quebrar la
dictadura e instaurar un gobierno que sirva al pueblo, no ha intereses extranjeros.
El Juicio 37 no
fue solo una defensa jurídica; fue el prólogo del programa político de
transformación social, política y económica que fundamentó el plan de los
expedicionarios del Yate Granma que ingresan a Cuba desde Méjico en 1956, para
instalar lo que hoy se conoce como La Guerrilla de la Sierra Maestra. La lucha
popular en las ciudades y la guerra de guerrilla rompieron el cerco tendido por
el gobierno y se impuso la revolución que entró triunfante en La Habana el 1 de
enero de 1959.
El dictador
Fulgencio Batista, derrotado huye a República Dominicana que era gobernada por
Los Trujillo, quienes aprovecharon para ridiculizar al otrora socio. Estados
Unidos intenta recomponer el régimen batistiano sin Batista y recomponer su
dominio, pero los revolucionarios tenían claro sus objetivos y no cayeron en la
trampa tendida por sectores liberales y reformistas que querían hacerse con el
poder. Lo demás es historia, incluido el bloqueo que impuso Estados Unidos al
no poder detener el empuje de los barbudos.
Tras el triunfo de
la Revolución Cubana en 1959, liderada por el comandante Fidel Alejando Castro
Ruz y sus barbudos, se inicia un proceso profundo de transformación de la
sociedad cubana que chocó con intereses extranjeros en la isla, que fungían
como amos y señores de las principales industrias del país antillano. La
aplastante victoria dio a los revolucionarios la legitimidad actuar en nombre
de los intereses del pueblo. Los problemas eran muchos y la economía había sido
saqueada. Había que partir de la nada para construir un nuevo modelo.
La agenda de
pendientes era amplia y hubo que priorizar. La reforma agraria era el tema
central para transformar la economía, pero la fuga de cerebros y capitales
dejaba ver su peor cara. Ante esos escollos, el liderazgo revolucionario llamó
al pueblo a la acción. Formar talentos y capacitar se hizo parte integral de
trabajo revolucionario.
El cuadro no era
nada alentador en el contexto internacional caracterizado por el enfrentamiento
entre bloque capitalista, Estados Unidos y el bloque socialista encabezado por
Unión Soviética. Era la Guerra Fría en su etapa de mayor auge. La definición
del proyecto revolucionario cubano optó por acercarse a la Unión Soviética y
ahí inició el acoso sistemático de Estados Unidos.
La Revolución
Cubana se había convertido en un referente para el movimiento revolucionario
mundial. En América Latina y El Caribe, las guerrillas emergieron como
instrumento para derrocar las dictaduras y gobiernos impuestos y sostenidos por
los Estados Unidos. En junio de 1959, se organizó en Cuba, la Expedición de
Constanza, Maimón y Estero Hondo contra la satrapía que encabezaba Rafael
Leónidas Trujillo. No tuvieron éxito militar, pero su sacrificio avivó la llama
de la lucha contra el régimen que tenía 30 años gobernando al país con puño de
hierro.
Otros países que
sufrían los mismos males y carencias por lo que lucharon los cubanos se alzaron
en armas, inspirados en la doctrina del Foquismo Guerrillero que diseñó Ernesto
Ché Guevara y que dio resultados excelentes durante las luchas que libraron en
los campos de Cuba. La consigna era llenar al continente de combatientes
revolucionarios organizados en guerrillas. Eso alertó a los estadounidenses que
se propusieron evitar “otra Cuba en El Caribe”.
Mientras tantos,
el mando revolucionario cubano lideraba un proceso de transformación sin
precedentes en la isla. Nacionalizan empresas, recuperan tierras y asumen el
control de bienes y servicios que habían sido operadas por extranjeros. Las
alarmas se encienden en Washington y empiezan las acciones para impedir que se
consolide la revolución. Fidel acelera y proclama la esencia socialista de la
revolución y Kennedy reacciona con el embargo que luego se transforma en
bloqueo para estrangular al gobierno revolucionario y hacerlo capitular.
El Embargo Estadounidense y la Guerra Fría.
El triunfo
revolucionario produjo una profunda transformación del sistema político y
económico cubano. La nacionalización de empresas extranjeras y las reformas
estructurales impulsadas por el nuevo gobierno generaron tensiones crecientes
con Estados Unidos.
El presidente John
F. Kennedy formalizó el embargo total contra Cuba en 1962. Desde la perspectiva
de las Ciencias Políticas, el bloqueo es una nueva forma de presión destinada a
recuperar la influencia de Estados Unidos sobre la isla. Para el caso, bloqueo
y embargo tienen el mismo efecto sobre las relaciones de Cuba y Estados Unidos.
Tras esa
formalización del bloqueo, las prohibiciones se han ido diversificando e
intensificando hasta convertirse en una política de contingencia y estrangulamiento
de la revolución cubana. Los costos son elevadísimos para Cuba, que ha tenido
que reinventarse una, y otra vez, haciendo revolución dentro de la revolución.
El objetivo de la política exterior de Estados Unidos en la región toma a la
revolución cubana como referente de lo que no debe volver a suceder.
A la fecha y bajo
el segundo mandato de Donald Trump, el bloqueo se ha intensificado y colocado a
la isla al borde del colapso. El objetivo: cambio de régimen y salida de los
Castros de la isla para truncar la consolidación del proceso revolucionario. Los
mismos pretextos que los llevaron a los servicios de inteligencia
estadounidenses y a sus socios a intentar matar a Fidel Castro en centenares de
ocasiones.
Los procesos de
diálogos que se han ido dando en los diferentes gobiernos son torpedeados por
sectores que han hecho de la resistencia a la revolución su modus vivendi.
Ahora, se abre una posibilidad de entendimiento, bajo el respeto de la
soberanía de ambos Estados, lo dudoso es que la retórica trumpista no use ese
intervalo para “dar una puñalada
trapera”, como hicieron recientemente en la República Bolivariana de
Venezuela donde, mediante un ataque terrorista, intervinieron y secuestraron al
presidente Nicolás Maduro Moro para apoderarse del petróleo y detener la revolución
bolivariana que inició Hugo Chávez.
Cuba ha demostrado
en 67 años que sabe imponerse a las dificultades. Cuando cayó el bloque
soviético en 1991, los sectores opuestos se frotaron las manos creyendo que la
caída era cuestión de días. Pasó el tiempo y Cuba sigue en pie, porque es una
revolución enraizada en las entrañas del pueblo y con logros muy claros. Logros
que serían inmensamente superiores de no haber sido por el bloqueo criminal,
ilegal e impopular impuesto por los Estados Unidos y sus lacayos.
Hoy, Estados
Unidos vuelve por sus fueros y empuja a un cambio de régimen para impedir que
América tenga un referente alternativo al modelo neocolonialista que ha
impuesto a la región. Derrotar la revolución cubana es un trofeo que todos los
presidentes estadounidenses, desde Kennedy hasta hoy, han buscado y el
resultado ha sido la unidad del pueblo entorno a su revolución. Impedir que el
socialismo cubano logre consolidarse como ha hecho la República Popular China,
Vietnam y Laos es la peor pesadilla para los Estados Unidos y sus socios. Por eso
han dedicado tantos recursos para deslegitimar al socialismo, pero la verdad se
impone.
Estados Unidos ha
incumplido innumerables llamados de la Asamblea General de Naciones Unidas que
ha votado siempre porque se ponga fin al embargo impuesto ilegal y unilateralmente.
Claro, no cumplen ni respetan resoluciones, porque saben que, si el socialismo
se consolida, los pueblos encontrarán vías para replicarlo.
7.
Cuba en el Contexto Geopolítico Contemporáneo.
Más allá de la dimensión bilateral, el conflicto entre Cuba y Estados
Unidos ha tenido implicaciones regionales. Durante la segunda mitad del siglo
XX, la Revolución Cubana se convirtió en un referente para diversos movimientos
políticos en América Latina y el Caribe. Incluso, Cuba apoyó la lucha de pueblos
africanos por liberarse del apartheid y del colonialismo europeo. Angola y
Argelia son ejemplos del apoyo de la revolución cubana a la lucha revolucionario
más allá de sus costas.
Al mismo tiempo, la política estadounidense hacia la isla ha sido
interpretada por algunos analistas como parte de una estrategia más amplia
destinada a impedir la consolidación de proyectos políticos alternativos al
modelo económico predominante en la región. En este sentido, la cuestión cubana
continúa siendo un tema relevante en el debate sobre soberanía,
autodeterminación y equilibrio de poder en el hemisferio occidental.
En el plano diplomático, la política estadounidense ha sido objeto de
críticas recurrentes. Desde 1992, la Asamblea de las Naciones Unidas
vota anualmente una resolución que solicita el levantamiento del embargo,
resolución que ha recibido un amplio respaldo internacional. Sin embargo, pese
a estas resoluciones y a algunos períodos de distensión diplomática, el embargo
ha permanecido como uno de los elementos estructurales de la relación
bilateral.
Quebraron al
gobierno del profesor Juan Bosch en 1963, el de Unidad Popular 1973, que
presidió Salvador Allende y tumbaron a todos los gobiernos que entendían
simpatizaban con la revolución cubana, pero se levantó Nicaragua y luego
Venezuela con procesos similares. La respuesta de Estados Unidos es la misma:
conspirar, embargar, bloquear, asediar, chantajear, intervenir y derrocar a
gobiernos socialistas, revolucionarios, progresistas y hasta algunos liberales
para “matar
el mal ejemplo” y evitar que el disputen su hegemonía.
¿Qué lo que le
molesta de la Revolución Cubana que ya cuenta con 67 años y 65 de bloqueos?
Bueno, no solo es la fuerza moral de un proceso forjado a fuerza de sacrificio
y a 90 millas de sus costas, sino y ante todo, los resultados de un modelo
societal alternativo al capitalismo. Un modelo que privilegia la salud, la
educación, la alimentación y que defiende con gallardía la autodeterminación de
los pueblos, la solidaridad y la paz con justicia social. Un modelo que, a
fuerza de coraje se ha impuesto a las adversidades y ha derrotado todas las
estrategias probadas por Estados Unidos y sus agencias desestabilizadoras.
El fin de la
historia es ilusorio, la realidad está indicando, que la política agresiva de
Estados Unidos hacia Cuba está entrampada entre el orgullo de su presidente y
la irracionalidad del exilio cubano que apuesta a la destrucción del país que
dicen defender. El cambio de régimen aplica, pero para Estados Unidos que ha
sembrado al mundo de guerras y pretende, arrastrar al abismo a quienes no
comparten sus políticas neocoloniales. Siempre habrá traidores, pero la
dignidad de los pueblos se impondrá.
Conclusión.
A lo largo de más
de seis décadas, el embargo ha tenido efectos significativos sobre la economía
cubana. Las autoridades de la isla sostienen que las restricciones comerciales
y financieras han limitado el acceso a mercados, tecnología y financiamiento
internacional.
El prolongado
conflicto entre Cuba y Estados Unidos refleja la compleja interacción entre
historia, ideología y geopolítica en el Caribe. El embargo económico impuesto a
la isla no puede entenderse únicamente como una respuesta a los acontecimientos
posteriores a la Revolución Cubana, sino como parte de una relación histórica
marcada por tensiones estructurales y disputas por la influencia regional.
Más de seis
décadas después de su instauración, el embargo continúa siendo uno de los
principales obstáculos para la normalización plena de las relaciones entre
ambos países. Al mismo tiempo, su persistencia evidencia la dificultad de
resolver conflictos políticos profundamente arraigados en visiones
contrapuestas del orden internacional y del modelo de desarrollo.
Para concluir, hay
que decir con certeza y responsabilidad que el país que requiere con urgencia
un cambio de régimen son los Estados Unidos y la mayoría de los países que lo
apoyan, no Cuba, que ha sido privada de todos los recursos que le permitan
desarrollar su enorme potencial.
Hoy resuena con
fuerza con fuerza: ¡Cuba sí, bloqueo no! Porque
Cuba representa la contracara al capitalismo depredador, corrupto e
intervencionista que representa y promueve Estados Unidos y sus socios. Siempre
por Cuba y su revolución; el mundo entona una canción: “Los pueblos unidos jamás serán
vencidos”.
¡Hasta la victoria
siempre!

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