Los pueblos que desconocen su historia, que no reconocen el sacrificio de sus héroes y heroínas pasan de ser ingratos a ser traidores.
La conmemoración del 53 aniversario del desembarco de Playa Caracoles, encabezado por el expresidente constitucionalista Francisco Alberto Caamaño Deñó es una fecha propicia para reflexionar sobre la proeza del comandante Román y de quienes llamados por el deber y el amor a la patria le acompañaron en aquella acción de suprema rebeldía contra las injusticias que padecía su pueblo.
Eran tiempos difíciles, muy difíciles para el pueblo dominicano, especialmente para la vanguardia revolucionaria y las fuerzas progresistas, porque el balaguerato, continuador del trujillato reprimía, torturaba, mataba, desaparecía, encarcelaba y despertaba a quienes se oponían a la dictadura de los 12 Años.
Contra esa bestialidad del balaguerato y sus socios estadounidenses se levantaron jóvenes valientes que cayeron en el intento por liberar al país. Eran tiempos de la mal llamada "Guerra Fría" y el país cursaba una transición confusa, que se quebró tras el Golpe de Estado al gobierno del Partido Revolucionario Dominicano aquí el fatídico 25 de septiembre de 1963.
Tras el golpe artero contra la naciente democracia perpetrada por cúpulas empresariales, políticas, militares y religiosas apoyadas por el gobierno estadounidense se inició el gobierno corrupto, entreguista y represivo de El Triunvirato hasta que el pueblo lo derrocó a finales de abril de 1965. Vino la guerra y tras ella la alevosa ocupación militar estadounidense. El pueblo, con Francisco Alberto Caamaño Deñó a la cabeza, escribió páginas gloriosas en las trincheras del honor defendiendo la soberanía, la constitucionalidad y la dignidad.
El período de Los 12 Años de Balaguer, está marcado con sangre de los hombres y mujeres que defendieron la patria, especialmente a los que pertenecían organizaciones políticas revolucionarias o liberales.
Contra los desmanes y el accionar criminal del gobierno balaguerista se organizó y ejecutó la llamada Guerrilla de Caamaño que llegó al país en febrero de 1973. Esa acción armada que pretendía ser la vanguardia de la lucha para derrocar a Balaguer e instaurar un gobierno revolucionario.
Hay quienes afirman que aquella gesta heroica fue "La Última Esperanza Armada", pero la historia es terca y mucha termina de escribirse, máxime la de un pueblo valiente como el dominicano que ha sabido enfrentar y luchar contra varios imperios.
Que no se olvide el sacrificio y el ejemplo de quienes ofrendaron sus vidas en defensa de la soberanía y en las luchas por mantener encendida la llama de la libertad en las "Escarpadas Montañas de Quisqueya y en La Trinchera del Honor".
Un yate, nueve hombres, nueve nombres y un objetivo: ser la vanguardia armada del pueblo dominicano para restaurar la democracia de base popular, rescatar la dignidad del pueblo dominicano y defender la soberanía nacional.
Que el tiempo y la manipulación no borren las huellas de los valientes que surcaron mares, calles y montañas sembrando las esperanzas y luchando por un mundo justo, solidario y equitativo. Mención espacial para el comandante Francisco Alberto Caamaño Deñó, Hamlet Hermann Pérez, Claudio Caamaño Grullón, Mario Nelson Galán Durán, Juan Ramón Payero Ulloa, Alfredo Pérez Vargas, Toribio Peña Jáquez, Ramón Euclides Holguín Marte y Heberto Giordano Lalane José.
¡Honrar, honra!
