miércoles, 18 de marzo de 2026

LA CORPORATOCRACIA PENTAGONIZADA COMO BASE DEL IMPERIALISMO YANKEE.


“El pentagonismo es una amenaza para todos los pueblos del mundo debido a que es una máquina de guerra que necesita la guerra en la misma forma en que los seres vivos necesitan aire y alimento para no perecer”. Juan Bosch 

En la teoría política contemporánea emerge la necesidad de conceptos capaces de explicar formas complejas de poder que ya no encajan plenamente en las categorías clásicas del imperialismo, del capitalismo nacional o del Estado soberano tradicional. Uno de esos conceptos emergentes es el de corporatocracia pentagonizada, que puede entenderse como la convergencia estructural entre el poder de las grandes corporaciones y el aparato militar estratégico de los Estados Unidos. 

Analizar este fenómeno exige partir de dos aportes teóricos relevantes: la crítica a la corporatocracia desarrollada por John Perkins, en “Confesiones de un Gáster Económico” y el concepto de pentagonismo formulado por Juan Bosch en “Pentagonismo, Sustituto del Imperialismo”. Bajo esa lógica corporatocracia pentagonizada produce una transformación del Estado. El aparato estatal no desaparece; por el contrario, se fortalece en su dimensión estratégica, pero lo hace articulado con intereses corporativos. En este esquema, el Estado funciona como gestor geopolítico del sistema corporativo-militar, garantizando mercados, acceso a recursos y estabilidad estratégica.

Aunque el concepto Corporatocracia Pentagonizada, no es un concepto de uso común, es ideal para describir el modelo económico que predomina en los Estados Unidos de Norteamérica, caracterizado por la militarización creciente de la sociedad y la priorización del gasto militar por encima de la inversión social. Aquí haremos un esfuerzo por aclarar conceptualmente, poniendo énfasis en su evolución y funcionamiento, aprovechando el arsenal teórico y metodológico de las Ciencias Políticas.

La corporatocracia pentagonizada surge precisamente en el punto donde estas dos dinámicas se intersectan. El aparato militar requiere una infraestructura tecnológica y productiva gigantesca para sostener su capacidad estratégica. Esa infraestructura es proporcionada por grandes corporaciones vinculadas al sector defensa, la inteligencia artificial, la aeronáutica y la tecnología avanzada. Empresas como Lockheed Martin, Raytheon Technologies o Palantir Technologies ilustran esta convergencia entre poder corporativo, innovación tecnológica y estrategia militar.

Antes de entrar a profundidad en el tema, hay que contextualizar los fundamentos del asunto para evitar confundir lo táctico con lo estratégico. Aquí se verán reflejado, los aspectos doctrinarios de la política exterior estadounidense, especialmente la que aplican en América Latina y El Caribe desde 1823 cuando asumieron la Doctrina Monroe ancla de su política exterior y las cañoneras como el remo que las mueve.

Los tiempos que vivimos tienen el sello de la guerra impreso en su ADN. Estados Unidos, se ha convertido en el azote de la paz en el mundo, desde su fundación hasta nuestros días. Con ligeros énfasis, la tendencia guerrerista se ha mantenido durante más de un siglo. El saldo es catastrófico. Sumar los costos de las operaciones bélicas del imperialismo yanqui, es una tarea colosal que exige un análisis comparado, que incluye el gasto militar anual y los costos de la destrucción y la contaminación, con énfasis en la muerte de civiles, los daños colaterales y las bajas en el personal militar.

Desde la proclamación de la Independencia de las 13 Colonias en 1776, la guerra ha sido un asiduo visitante al patio del Tío Sam. Primero contra los pueblos originarios a quienes despojaron de sus tierras, casi los exterminan y los metieron en reservaciones. Posteriormente se despedazaron entre ellos en la llamada Guerra de Secesión donde federados norte y confederados sur midieron se enfrascaron en una guerra que duró más de una década y dejó miles de muertos y mutilados.  

Tras la recomposición interna, se involucraron guerras con los vecinos para extender sus fronteras e imponer su hegemonía. México es el ejemplo claro de esto último. Le robaron territorios que son tan grandes como el propio país. De ahí, entran a disputar con imperios europeos que operaban en América y tomar partido en la Guerra Hispanoamericana, para acelerar la salida de los europeos del continente y erigirse como potencia dominante.

Es así, como a partir de la Doctrina del Destino Manifiesto, los Estados Unidos desarrollan su vocación imperialista que los pone a chocar con potencias, que hasta entonces habían controlado los destinos del Continente Americano y El Caribe. Esa doctrina surgida en el siglo XIX, sostiene que Estados Unidos está destinado por la providencia divina a expandirse territorialmente desde el Atlántico al Pacífico para difundir sus valores de democracia y libertad.

Es sobre esa base que se empiezan a crear las condiciones para la conformación de lo que aquí denomino: Burocracia Pentagonizada que se consolida a partir de la Doctrina Monroe asumida por Estados Unidos como la base doctrinaria de los principios de su política exterior para América y El Caribe, bajo el slogan de “América para los Americanos”, esa que motivó a Simón Bolívar a decir: los Estados Unidos están destinado por la providencia a plagar a la América de miseria en nombre de la libertad.

Cabe aclarar desde la perspectiva conceptual qué es eso que hemos denominado concepto “Burocracia Pentagonizada”. Es un concepto compuesto que parte de la unión de las grandes corporaciones y el pentágono norteamericano. Un sistema político en el que las grandes corporaciones dominan el poder estatal y esa dominación se articula estructuralmente con el aparato militar y de seguridad. La corporatocracia, en particular se puede describir como un sistema en el cual las grandes corporaciones dominan o capturan las decisiones del Estado.

En “Confesiones de un Gánster Económico”, John Perkins, la corporatocracia es un sistema de poder global informal en el que grandes corporaciones, instituciones financieras y élites políticas actúan coordinadamente para dirigir la economía y la política internacional en beneficio del capital corporativo. Los argumentos explicativos de este autor son conceptualmente válido dada el vasto conocimiento de las estrategias de dominación de los Estaos Unidos.

Por su Juan Bosch en su obra “Pentagonismo, Sustituto del Imperialismo”, (1967). Bosch intenta explicar la nueva forma de dominación internacional surgida después de la Segunda Guerra Mundial, especialmente bajo el liderazgo de Estados Unidos. De la sumatoria de esas dos perspectivas nace el concepto “Corporatocracia Pentagonizada”, para describir la interrelación entre gestión económica del capitalismo y el soporte militar del imperialismo.

Para Bosch, el centro simbólico y operativo de este nuevo sistema es el aparato militar estadounidense, representado institucionalmente por el Pentágono. Pero el pentagonismo no se refiere simplemente a una institución militar; designa una lógica estructural del poder mundial. En esa lógica, la economía, la investigación científica, la tecnología y la política exterior se articulan alrededor de la producción permanente de capacidad militar.

Ese concepto compuesto que define con claridad meridiano las relaciones entre la corporatocracia, el complejo industrial militar y el pentágono define el perfil de sociedad que exhibe los Estados Unidos en la actualidad. Un modelo de Estado, que más allá de las formalidades normativas e institucionales, funciona tirado por la corporatocracia pentagonizada, priorizando el gasto militar. Basta mirar los presupuestos militares para entender cómo funciona el sistema y quién se beneficia del enorme gasto militar.

Esta interpretación se aproxima a la advertencia realizada por Dwight D. Eisenhower sobre el crecimiento del complejo militar-industrial, pero Bosch va más allá. Mientras Eisenhower hablaba de un riesgo interno para la democracia estadounidense, Bosch identifica una estructura global de dominación. El pentagonismo sería, entonces, la forma histórica que adopta el poder imperial en la segunda mitad del siglo XX.

Millones de millones de dólares dedicados a sostener presencia militar en más 150 países, otros tantos para alimentar la industria militar y empresas asociadas a la investigación y al desarrollo tecnológico, tanto estadounidenses como de otros países, especialmente de Israel, su gran socio en ese rubro. Las cifras muestran una tendencia creciente y sostenida que ya está generando preocupaciones entre sectores que ven amenazada la inversión social.

El presupuesto de defensa de Estados Unidos alimenta una extensa red de corporaciones vinculadas al complejo militar-industrial, entre las que destacan Lockheed Martin, RTX Corporation, Northrop Grumman, General Dynamics y Boeing Defense, Space & Security como núcleo dominante; a ellas se suman empresas tecnológicas y de sistemas estratégicos como L3Harris Technologies, Huntington Ingalls Industries, Leidos, Booz Allen Hamilton y Palantir Technologies; junto con otros contratistas relevantes como BAE Systems, Textron, Amentum, SAIC, CACI International, Curtiss-Wright, Honeywell Aerospace, Kratos Defense & Security Solutions, General Atomics y Aerojet Rocketdyne, conformando en conjunto una poderosa estructura corporativa que participa en el diseño, producción y sostenimiento de la infraestructura militar, tecnológica y estratégica que sustenta el aparato de defensa estadounidense.

A manera de ejemplo, dejo aquí el gasto estimado previsto para el año en curso. El gasto militar de los Estados Unidos es el más alto del mundo y, para el año fiscal 2026, el presupuesto aprobado ronda los 901,000 millones de dólares. Vale decir, que las estimaciones pueden dispararse dado la guerra que ha emprendido Estados Unidos contra Irán y acciones anunciadas de lucha contra, lo que el gobierno actual define, como lucha contra el “narco terrorismo”.

Esta cifra representa un incremento respecto a los aproximadamente 850,000 millones de 2025 y equivale a cerca del 3% de su Producto Interno Bruto (PIB). Si se consideran otros gastos relacionados (como beneficios a veteranos y presupuesto de armas nucleares fuera del Pentágono), la cifra total de recursos destinados a defensa puede superar los 1.4 billones (trillions) de dólares. Todos esos recursos son gestionados por la corporatocracia pentagonizada que sirve de base al imperialismo estadounidense.

Esta reflexión no pretende abarcar la generalidad de los aspectos operativos de la corporatocracia pentagonizada, sino abrir una discusión teórica sobre sus implicaciones en la economía actual y su impacto en la política internacional. Aquí queda planteada la cuestión para que sirva de punto de partida. 

La corporatocracia pentagonizada, por tanto, no es simplemente una alianza entre empresas y militares; constituye un sistema complejo de poder que reorganiza la economía, la ciencia y la política global alrededor de la lógica estratégica del poder militar-tecnológico. En este sistema, la seguridad y la innovación se convierten en ejes estructurales de acumulación y dominación.

La corporatocracia pentagonizada describe un sistema de poder en el que grandes corporaciones estratégicas se integran estructuralmente con el aparato militar del Estado, configurando una arquitectura donde economía, innovación tecnológica y geopolítica se organizan alrededor de la seguridad y la supremacía estratégica. En este esquema se observa una concentración corporativa del poder militar, una economía de seguridad permanente impulsada por el gasto en defensa, la fusión entre desarrollo tecnológico y estrategia militar, y una interdependencia funcional entre Estado, corporaciones y complejos industriales de defensa, lo que permite proyectar poder a escala global mediante superioridad tecnológica, infraestructura militar y control de sectores estratégicos. 

Esta lógica sintetiza la crítica a la corporatocracia planteada por John Perkins y la noción de pentagonismo formulada por Juan Bosch en Pentagonismo, sustituto del imperialismo, configurando así una categoría analítica que permite comprender la forma contemporánea de articulación entre capital corporativo, poder militar y dominación geopolítica.

Asumir ese concepto permite comprender una transformación profunda del orden mundial contemporáneo: el tránsito hacia un modelo donde corporaciones transnacionales, aparato militar y tecnología estratégica forman un bloque de poder integrado. Analizar este fenómeno desde la inteligencia conceptual implica reconocer que el poder global del siglo XXI ya no puede explicarse únicamente mediante las categorías tradicionales del Estado o del mercado. Lo que emerge es una arquitectura híbrida en la que economía corporativa, estrategia militar y tecnología avanzada convergen para definir la nueva geopolítica del poder mundial.

El contexto de guerra que vive Medio Oriente y el asedio a Cuba y Venezuela, demuestra que la corporatocracia pentagonizada, asociada al anglosionismo otanista constituyen la peor amenaza a la paz y a la convivencia pacífica de los pueblos. No respetan las normas del Derecho Internacional y no tienen límites en sus planes intervencionistas. A marzo 2026, esa estructura luce más violenta que nunca. El tiempo dirá si se reedita el modelo de Guerra Fría o se rompen los diques de la sensatez e iremos a la guerra total. 

En conclusión, la corporatocracia pentagonizada es u sistema de poder en el que la dominación económica de las grandes corporaciones se integra estructuralmente con el aparato militar-estratégico del Estado, organizando la economía, la tecnología y la política internacional alrededor de la seguridad, la guerra y la supremacía geopolítica.


viernes, 13 de marzo de 2026

LA REPÚBLICA SOCIALISTA CUBA NO NECESITA CAMBIO DE REGIMEN, REQUIERE QUE LE QUITEN EL BLOQUEO.


El prolongado conflicto entre Estados Unidos y Cuba constituye uno de los episodios más persistentes de la política internacional contemporánea. Desde 1962, el embargo económico impuesto por Estados Unidos ha condicionado profundamente el desarrollo económico y político de la isla. Este artículo analiza los antecedentes históricos de dicha política, las relaciones de poder que la preceden y el contexto geopolítico que explica su continuidad durante más de seis décadas. A partir de un enfoque histórico-político, se examinan las doctrinas estratégicas estadounidenses en el hemisferio occidental, la transformación de las relaciones bilaterales tras la Revolución Cubana de 1959 y los efectos políticos del bloqueo en el escenario regional.

 Introducción

El conflicto político entre Cuba y Estados Unidos constituye uno de los casos más prolongados de confrontación entre dos Estados del hemisferio occidental. A partir de la década de 1960, el embargo económico, comercial y financiero impuesto por Washington se convirtió en el eje de la relación bilateral y en uno de los temas más controvertidos de la política hemisférica.

Para el gobierno estadounidense, esta política ha sido presentada históricamente como un instrumento de presión destinado a promover cambios políticos en la isla. Para el gobierno cubano y diversos actores internacionales, en cambio, el embargo constituye una forma de coerción económica destinada a debilitar al Estado cubano y forzar una transformación de su sistema político.

Comprender la persistencia de este conflicto exige analizar no solo los acontecimientos posteriores a la Revolución Cubana, sino también los antecedentes históricos de la relación entre Estados Unidos y América Latina, particularmente en el Caribe, región que desde el siglo XIX ha sido considerada por Washington como un espacio estratégico de seguridad y proyección geopolítica.

La República Socialista de Cuba ha sido víctima de un bloqueo criminal impuesto por Estados Unidos y sus socios que ya supera las seis décadas. Aun así, el país antillano ha logrado superar los escollos y demostrarle al mundo que el modelo político que ha adoptado puede satisfacer con creces, las necesidades de sus habitantes y convertirse en una alternativa para el resto de la región y ese ha sido su peor pecado.

Dada la marcada tendencia expansionista, neocolonialista, guerrerista, intervencionista e injerencista que fundamenta la política exterior de los Estados Unidos, es pertinente esbozar los antecedentes del bloqueo criminal que padece la República de Cuba y entender la denominación peyorativa de “patio trasero”, que le indilgan la corporatocracia pentagonizada a los países de Continente Americano. Es imperativo echar una mirada a la evolución de las relaciones entre EE. UU y la región latinocaribeña.

2. Antecedentes Históricos de la Influencia Estadounidense en El Caribe.

Las relaciones entre Estados Unidos y América Latina han estado profundamente marcadas por doctrinas geopolíticas formuladas desde el siglo XIX. Entre ellas destacan la Doctrina Monroe (1823) y el Destino Manifiesto, que configuraron la base ideológica de la expansión estadounidense en el continente.

La Doctrina Monroe establecía el principio de que las potencias europeas no debían intervenir en los asuntos del hemisferio occidental. Aunque originalmente se presentó como una política de protección frente al colonialismo europeo, con el tiempo fue reinterpretada como un fundamento para la proyección de poder estadounidense en la región.

A lo largo del siglo XIX y principios del XX, esta doctrina se tradujo en una política exterior caracterizada por intervenciones políticas, económicas y militares en diversos países del Caribe y América Central. Esta estrategia fue reforzada posteriormente por prácticas conocidas como “diplomacia de las cañoneras”, mediante las cuales Estados Unidos utilizó su poder militar para influir en la política interna de varios países latinoamericanos.

El Caribe, debido a su ubicación geográfica y a su proximidad al territorio continental estadounidense, ocupó un lugar central en esta visión estratégica. Para entender las justificaciones del largo, criminal y costoso bloqueo que padece Cuba, es necesario mirar algunos antecedentes, entre los que se destacan la Doctrina del Destino Manifiesto, la Doctrina Monroe, la entrada de EE. UU a la guerra contra España en 1898, la Enmienda Platt, la instalación de la Base Militar de Guantánamo y la proclamación del socialismo como sello ideológico de la Revolución Cubana.

3. La Guerra Hispano-Estadounidense y el Establecimiento de la Influencia Estadounidense en Cuba.

La guerra de independencia cubana contra España (1895-1898) constituyó un punto de inflexión en la historia política de la isla. Liderada por figuras como José Martí, Antonio Maceo, Carlos Manuel de Céspedes, Máximo Gómez y otros patriotas, la lucha independentista debilitó significativamente el dominio colonial español.

En 1898, tras la explosión del acorazado estadounidense USS Maine en el puerto de La Habana, Estados Unidos intervino en el conflicto, lo que dio lugar a la  guerra hispanoamericana. La derrota española condujo a la pérdida de sus principales colonias en el Caribe y el Pacífico.

El poder imperialista consolidado con la expulsión de los españoles de la isla, aprovechando la derrota infligida por los independentistas cubanos inspirados por los ideales y el ejemplo de Carlos Manuel de Céspedes, Antonio Maceo, José Martí y Máximo Gómez, quién cayó en combate en 1895 frente a las fuerzas coloniales de España. Estados Unidos, entra a la guerra para aprovechando en avance a arrollador de los patriotas cubanos contra las tropas españolas.

Concluida la Guerra de Independencia cubana, el gobierno de Estados Unidos dejó ver las razones por la que apoyó a los patriotas cubanos. Su plan, plasmado en la Doctrina Monroe bajo el lema de “América para los Americanos”, sirvió de pretexto para controlar las antiguas posesiones españolas en El Caribe Insular. Inició con Cuba y siguió con Puerto Rico. En realidad, su plan era recolonizar a la región bajo su sello imperial.

En Cuba impusieron la Enmienda Platt, que plantea que Estados Unidos puede invadir a Cuba cuando sus intereses estén en riesgo y de Puerto Rico hicieron lo que hoy se denomina un Estado Libre Asociado. Desde la proclamación de la Doctrina Monroe en 1823, el choque entre el bolivarianismo soberanista, el hispanismo colonialista, el antillanismo integracionista y el monroísmo imperialista definieron el perfil de las luchas de los procesos independentistas y liberadores de todo el continente. 

Aunque Cuba obtuvo formalmente su independencia en 1902, la influencia estadounidense quedó institucionalizada mediante la Enmienda Platt, que otorgaba a Estados Unidos el derecho de intervenir militarmente en la isla cuando considerara que sus intereses estaban en riesgo. Además, este acuerdo permitió el establecimiento de una base naval estadounidense en la Bahía de Guantánamo, que permanece operativa hasta la actualidad. Este arreglo político creó una relación asimétrica que condicionó el desarrollo institucional de Cuba durante gran parte del siglo XX.

Crisis Política y Radicalización del Conflicto Interno.

Durante las primeras décadas del siglo XX, Cuba experimentó una fuerte dependencia económica de Estados Unidos, particularmente en sectores como el azúcar, el tabaco y la minería. Las inversiones estadounidenses dominaron amplios sectores de la economía, mientras que la política interna del país estuvo marcada por recurrentes crisis institucionales.

En este contexto emergieron diversos movimientos sociales y políticos que denunciaban la dependencia económica y la influencia extranjera. Entre ellos destacó el movimiento liderado por Julio Antonio Mella, fundador del Partido Comunista de Cuba en 1925.

Las tensiones sociales y políticas se intensificaron durante el gobierno del dictador Fulgencio Batista, cuyo régimen autoritario, consolidado tras el golpe de Estado de 1952, enfrentó una creciente oposición política y social.

Vale aclarar, que, la relación entre el bloqueo estadounidense a Cuba y la Enmienda Platt tiene raíces profundas y antecedentes claramente identificables. No son el mismo instrumento, pero pertenecen a la misma lógica de control geopolítico de Estados Unidos sobre Cuba. De hecho, el bloqueo puede interpretarse como una forma moderna de presión que sustituye mecanismos anteriores de dominación directa, entre ellos la Enmienda Platt.

En medio de tensiones y roces con los líderes independentistas latinocaribeños, los Estados Unidos impusieron la diplomacia de las cañoneras como base su política su exterior entre el siglo XIX y el XX, para imponer su hegemonía y defender sus intereses en la región. De allá hasta hoy, la lucha de los pueblos por conquistar su libertad y la soberanía integral ha sido recurrente. Para el caso de Cuba, los gobiernos que precedieron la Revolución Cubana, no solo aceptaron la Enmienda Platt, sino que posteriormente permitieron la instalación de una base militar en la Bahía de Guantánamo, que todavía está activa.

Estados Unidos, una sociedad gobernada por la corporatocracia pentagonizada, cimentada sobre la base del consumismo impuesto por el sistema capitalista donde predomina el individualismo, no puede admitir que se forjen y consoliden alternativa que desnuden las debilidades de su modelo económico. De ahí que se hayan propuesto impedir a toda costa y por todos los medios destruir al socialismo cubano y restaurar el modelo entreguista que funciona en la mayoría de los países de la región.

La Revolución Cubana y la Transformación del Sistema Político.

El 26 de julio de 1953, un grupo de jóvenes revolucionarios encabezados por Fidel Castro Ruz intentó tomar el Cuartel Moncada. Aunque la acción fracasó militarmente, marcó el inicio de un proceso político que culminaría años después con el triunfo de la revolución.

Tras un período de reorganización en el exilio, el movimiento revolucionario regresó a Cuba en 1956 a bordo del Yate Granma iniciando una guerra de guerrillas en la Sierra Maestra. La combinación de insurgencia rural, movilización urbana y crisis del régimen culminó el 1 de enero de 1959, cuando las fuerzas revolucionarias entraron en La Habana y el gobierno de Batista colapsó.

El pueblo cubano siempre dispuesto a luchar contra sus verdugos, sean nacionales o extranjeros, plantó cara a quienes quisieron hacer de la Perla de las Antillas, un parque de diversión. A las luchas mambisas siguieron las luchas de obreros y estudiantes. La organización política, espoleada por la represión actúa desde el exilio. Julio Antonio Mella funda el Partido Comunista Cubano en 1925, antes de ser asesinado en México. Otros continuaron su ejemplo, inspirados por los ideales martianos.

El pueblo sufre y resiste mientras las grandes corporaciones estadounidenses sacan su gran tajada de la pujante industria azucarera, tabaquera y minera. Usufructuaban la mayoría de las tierras productivas. Los gobiernos títeres tenían que gobernar bajo órdenes de Estados Unidos ya en su fase imperialista. Pero con el liderazgo revolucionario a la vanguardia, la lucha por la liberación crece y se consolida.

La heroica juventud cubana escribió páginas de gloria al ritmo de una férrea represión que se acentúa con el ascenso al poder de Fulgencio Batista en 1953. Allí, la lucha tomó un matiz de insurrección cuando el 26 de julio de 1953, un grupo de revolucionarios, dirigidos por Fidel Castro, se propuso tomar instalaciones militares, incluido el Cuartel Moncada.

La acción del Moncada marcó un punto de inflexión en la lucha, porque, aunque militarmente no lograron sus objetivos y la mayoría de los complotados fue apresado y otros cayeron abatidos, la osadía sirvió de combustible para la lucha. Mientras los encarcelados padecían torturas y vejámenes su liderazgo se acrecentaba y las luchas del pueblo se intensificaban paralelamente con la represión del gobierno de Batista.

Los complotados son juzgados y sentenciados en el juicio 37. En ese juicio fue procesado Fidel Castro, quien asumió su propia defensa y pronunció el alegato conocido como “La historia me absolverá”. Fidel aprovechó el juicio para desnudar al régimen y defender la justeza de la lucha que libraban en aras de quebrar la dictadura e instaurar un gobierno que sirva al pueblo, no ha intereses extranjeros.

El Juicio 37 no fue solo una defensa jurídica; fue el prólogo del programa político de transformación social, política y económica que fundamentó el plan de los expedicionarios que ingresan a Cuba desde Méjico en 1956, para instalar lo que hoy se conoce como La Guerrilla de la Sierra Maestra. La lucha popular en las ciudades y la guerra de guerrilla rompieron el cerco tendido por el gobierno y se impuso la revolución que entró triunfante en La Habana el 1 de enero de 1959.

El dictador Fulgencio Batista, huye a República Dominicana que era gobernada por Los Trujillo, quienes aprovecharon para ridiculizar al otrora socio. Estados Unidos intenta recomponer el régimen batistiano sin Batista y recomponer su dominio, pero los revolucionarios tenían claro sus objetivos y no cayeron en la trampa tendida por sectores liberales y reformistas que querían hacerse con el poder. Lo demás es historia, incluido el bloqueo que impuso Estados Unidos al no poder detener el empuje de los barbudos.

Tras el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, liderada por el comandante Fidel Alejando Castro Ruz y sus barbudos, se inicia un proceso profundo de transformación de la sociedad cubana que chocó con intereses extranjeros en la isla, que fungían como amos y señores de las principales industrias del país antillano. La aplastante victoria dio a los revolucionarios la legitimidad actuar en nombre de los intereses del pueblo. Los problemas eran muchos y la economía había sido saqueada. Había que partir de la nada para construir un nuevo modelo.

La agenda de pendientes era amplia y hubo que priorizar. La reforma agraria era el tema central para transformar la economía, pero la fuga de cerebros y capitales dejaba ver su peor cara. Ante esos escollos, el liderazgo revolucionario llamó al pueblo a la acción. Formar talentos y capacitar se hizo parte integral de trabajo revolucionario.

El cuadro no era nada alentador en el contexto internacional caracterizado por el enfrentamiento entre bloque capitalista, Estados Unidos y el bloque socialista encabezado por Unión Soviética. Era la Guerra Fría en su etapa de mayor auge. La definición del proyecto revolucionario cubano optó por acercarse a la Unión Soviética y ahí inició el acoso sistemático de Estados Unidos.

La Revolución Cubana se había convertido en un referente para el movimiento revolucionario mundial. En América Latina y El Caribe, las guerrillas emergieron como instrumento para derrocar las dictaduras y gobiernos impuestos y sostenidos por los Estados Unidos. En junio de 1959, se organizó en Cuba, la Expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo contra la satrapía que encabezaba Rafael Leónidas Trujillo. No tuvieron éxito militar, pero su sacrificio avivó la llama de la lucha contra el régimen que tenía 30 años gobernando al país con puño de hierro.

Otros países que sufrían los mismos males y carencias por lo que lucharon los cubanos se alzaron en armas, inspirados en la doctrina del Foquismo Guerrillero que diseñó Ernesto Ché Guevara y que dio resultados excelentes durante las luchas que libraron en los campos de Cuba. La consigna era llenar al continente de combatientes revolucionarios organizados en guerrillas. Eso alertó a los estadounidenses que se propusieron evitar “otra Cuba en El Caribe”.

Mientras tantos, el mando revolucionario cubano lideraba un proceso de transformación sin precedentes en la isla. Nacionalizan empresas, recuperan tierras y asumen el control de bienes y servicios que habían sido operadas por extranjeros. Las alarmas se encienden en Washington y empiezan las acciones para impedir que se consolide la revolución. Fidel acelera y proclama la esencia socialista de la revolución y Kennedy reacciona con el embargo que luego se transforma en bloqueo para estrangular al gobierno revolucionario y hacerlo capitular.

El Embargo Estadounidense y la Guerra Fría.

El triunfo revolucionario produjo una profunda transformación del sistema político y económico cubano. La nacionalización de empresas extranjeras y las reformas estructurales impulsadas por el nuevo gobierno generaron tensiones crecientes con Estados Unidos.

El presidente John F. Kennedy formalizó el embargo total contra Cuba en 1962. Desde la perspectiva de las Ciencias Políticas, el bloqueo es una nueva forma de presión destinada a recuperar la influencia de Estados Unidos sobre la isla. Para el caso, bloqueo y embargo tienen el mismo efecto sobre las relaciones de Cuba y Estados Unidos.

Tras esa formalización del bloqueo, las prohibiciones se han ido diversificando e intensificando hasta convertirse en una política de contingencia y estrangulamiento de la revolución cubana. Los costos son elevadísimos para Cuba, que ha tenido que reinventarse una, y otra vez, haciendo revolución dentro de la revolución. El objetivo de la política exterior de Estados Unidos en la región toma a la revolución cubana como referente de lo que no debe volver a suceder.

A la fecha, y bajo el segundo mandato de Donald Trump, el bloqueo se ha intensificado colocando a la isla al borde del colapso. El objetivo: cambio de régimen y salida de los Castros de la isla para truncar la consolidación del proceso revolucionario. Los mismos pretextos que los llevaron a los servicios de inteligencia estadounidenses y a sus socios a intentar matar a Fidel Castro en centenares de ocasiones.

Los procesos de diálogos que se han ido dando en los diferentes gobiernos son torpedeados por sectores que han hecho de la resistencia a la revolución su modus vivendi. Ahora, se abre una posibilidad de entendimiento, bajo el respeto de la soberanía de ambos Estados, lo dudoso es que la retórica trumpista no use ese intervalo para “dar una puñalada trapera”, como hicieron recientemente en la República Bolivariana de Venezuela donde, mediante un ataque terrorista, intervinieron y secuestraron al presidente Nicolás Maduro Moro para apoderarse del petróleo y detener la revolución bolivariana que inició Hugo Chávez.

Cuba ha demostrado en 67 años que sabe imponerse a las dificultades. Cuando cayó el bloque soviético en 1991, los sectores opuestos se frotaron las manos creyendo que la caída era cuestión de días. Pasó el tiempo y Cuba sigue en pie, porque es una revolución enraizada en las entrañas del pueblo y con logros muy claros. Logros que serían inmensamente superiores de no haber sido por el bloqueo criminal, ilegal e impopular impuesto por los Estados Unidos y sus lacayos.

Hoy, Estados Unidos vuelve por sus fueros y empuja a un cambio de régimen para impedir que América tenga un referente alternativo al modelo neocolonialista que ha impuesto a la región. Derrotar la revolución cubana es un trofeo que todos los presidentes estadounidenses, desde Kennedy hasta hoy, han buscado y el resultado ha sido la unidad del pueblo entorno a su revolución. Impedir que el socialismo cubano logre consolidarse como ha hecho la República Popular China, Vietnam y Laos es la peor pesadilla para los Estados Unidos y sus socios. Por eso han dedicado tantos recursos para deslegitimar al socialismo, pero la verdad se impone.

Estados Unidos ha incumplido innumerables llamados de la Asamblea General de Naciones Unidas que ha votado siempre porque se ponga fin al embargo impuesto ilegal y unilateralmente. Claro, no cumplen ni respetan resoluciones, porque saben que, si el socialismo se consolida, los pueblos encontrarán vías para replicarlo.

7. Cuba en el Contexto Geopolítico Contemporáneo.

Más allá de la dimensión bilateral, el conflicto entre Cuba y Estados Unidos ha tenido implicaciones regionales. Durante la segunda mitad del siglo XX, la Revolución Cubana se convirtió en un referente para diversos movimientos políticos en América Latina y el Caribe. Incluso, Cuba apoyó la lucha de pueblos africanos por liberarse del apartheid y del colonialismo europeo. Angola y Argelia son ejemplos del apoyo de la revolución cubana a la lucha revolucionario más allá de sus costas.

Al mismo tiempo, la política estadounidense hacia la isla ha sido interpretada por algunos analistas como parte de una estrategia más amplia destinada a impedir la consolidación de proyectos políticos alternativos al modelo económico predominante en la región. En este sentido, la cuestión cubana continúa siendo un tema relevante en el debate sobre soberanía, autodeterminación y equilibrio de poder en el hemisferio occidental.

En el plano diplomático, la política estadounidense ha sido objeto de críticas recurrentes. Desde 1992, la Asamblea de las Naciones Unidas vota anualmente una resolución que solicita el levantamiento del embargo, resolución que ha recibido un amplio respaldo internacional. Sin embargo, pese a estas resoluciones y a algunos períodos de distensión diplomática, el embargo ha permanecido como uno de los elementos estructurales de la relación bilateral.

Quebraron al gobierno del profesor Juan Bosch en 1963, el de Unidad Popular 1973, que presidió Salvador Allende y tumbaron a todos los gobiernos que entendían simpatizaban con la revolución cubana, pero se levantó Nicaragua y luego Venezuela con procesos similares. La respuesta de Estados Unidos es la misma: conspirar, embargar, bloquear, asediar, chantajear, intervenir y derrocar a gobiernos socialistas, revolucionarios, progresistas y hasta algunos liberales para “matar el mal ejemplo” y evitar que el disputen su hegemonía.

¿Qué lo que le molesta de la Revolución Cubana que ya cuenta con 67 años y 65 de bloqueos? Bueno, no solo es la fuerza moral de un proceso forjado a fuerza de sacrificio y a 90 millas de sus costas, sino y ante todo, los resultados de un modelo societal alternativo al capitalismo. Un modelo que privilegia la salud, la educación, la alimentación y que defiende con gallardía la autodeterminación de los pueblos, la solidaridad y la paz con justicia social. Un modelo que, a fuerza de coraje se ha impuesto a las adversidades y ha derrotado todas las estrategias probadas por Estados Unidos y sus agencias desestabilizadoras.

El fin de la historia es ilusorio, la realidad está indicando, que la política agresiva de Estados Unidos hacia Cuba está entrampada entre el orgullo de su presidente y la irracionalidad del exilio cubano que apuesta a la destrucción del país que dicen defender. El cambio de régimen aplica, pero para Estados Unidos que ha sembrado al mundo de guerras y pretende, arrastrar al abismo a quienes no comparten sus políticas neocoloniales. Siempre habrá traidores, pero la dignidad de los pueblos se impondrá.

Conclusión.

A lo largo de más de seis décadas, el embargo ha tenido un impacgto significativo sobre la economía cubana. Las autoridades de la isla sostienen que las restricciones comerciales y financieras han limitado el acceso a mercados, tecnología y financiamiento internacional. El obejetivo es claro, impedir que el socialismo levante sus banderas en el Continente Americano y ponga en riesgo la hegemonía estadounidense en la región. El bloqueo es la expresión más cruda de la Guerra Económica.

El prolongado asedio de Estados Unidos sobre Cuba tiene como telón de fondo la lucha contra el socialismo y refleja la compleja interacción entre historia, ideología y geopolítica en el Caribe Insular. El embargo económico impuesto a la isla no puede entenderse únicamente como una respuesta a los acontecimientos posteriores a la Revolución Cubana, sino como parte de una relación histórica marcada por tensiones estructurales y disputas por la influencia regional.

Más de seis décadas después de su instauración, el embargo continúa siendo uno de los principales obstáculos para la normalización plena de las relaciones entre ambos países. Al mismo tiempo, su persistencia evidencia la dificultad de resolver conflictos políticos profundamente arraigados en visiones contrapuestas del orden internacional y del modelo de desarrollo.

Para concluir, hay que decir con certeza y responsabilidad que el país que requiere con urgencia un cambio de régimen son los Estados Unidos y la mayoría de los países que lo apoyan, no Cuba, que ha sido privada de todos los recursos que le permitan desarrollar su enorme potencial.

Hoy resuena con fuerza con fuerza: ¡Cuba sí, bloqueo no! Porque Cuba representa la contracara al capitalismo depredador, corrupto e intervencionista que representa y promueve Estados Unidos y sus socios. Siempre por Cuba y su revolución; el mundo entona una canción: “Los pueblos unidos jamás serán vencidos”. 

¡Hasta la victoria siempre!

martes, 3 de marzo de 2026

OTRA GUERRA IMPERIALISTA: CUANDO LAS BOMBAS Y LA FUERZA SUPLANTAN A LA POLÍTICA Y A LA DIPLOMACIA.


El pasado 28 de febrero el mundo occidental despertó con la noticia del bombardeo estadounidense e israelí sobre la República Islámica de Irán. La denominada Operación Furia Épica había iniciado. La acumulación de fuerzas anglosionistas en la región de Asia Occidental al presagiaba la desgracia que observamos. La comunidad internacional hizo muy poco para evitar la conflagración que ya afecta a toda la región e involucra a gran parte del mundo.

La guerra es la expresión más realista de la bestialidad humana. La alianza anglosionista que destruyó a Palestina y a otros países, ha caído sobre la República Islámica de Irán. Y cuando asesinar niños, matar a millones, destruir países, contaminar continentes no escandalice a la llamada comunidad internacional estamos ante una deriva destructiva que espanta.

El ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán no puede entenderse como un hecho aislado ni como una reacción coyuntural. Es la continuación lógica de una política de guerra permanente, donde el uso de la fuerza no es una excepción, sino un método regular de dominación.

La acumulación militar previa en la región indicaba que la decisión estaba tomada con antelación. El bombardeo no respondió a una urgencia inmediata, sino a una planificación estratégica. En ese marco, el asesinato de un líder espiritual y político no constituye un exceso operativo, sino un salto cualitativo deliberado: el traslado del conflicto desde el plano militar al plano civilizatorio. Atacar una figura que condensa autoridad religiosa, legitimidad política y continuidad histórica no disuade; produce radicalización estructural.

Utilizando la misma treta que usaron en Iraq y Libia, rompieron los diálogos de Omán y echaron a caminar la maquinaria de guerra. Pero con ese ataque, el anglosionismo ha dado un salto al vacío. El mundo conoce las pretensiones de sus decrépitos líderes. Trump busca ocultar la crisis estructural que padece su país y Netanyahu recomponer su legitimidad, empujando a la guerra total.

Desde el punto de vista jurídico, la situación es clara. La Carta de las Naciones Unidas prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial de los Estados y reconoce el derecho a la legítima defensa. Irán no atacó previamente a ninguno de los Estados agresores. Por tanto, la legalidad internacional no ofrece ambigüedad alguna. Lo que existe no es vacío normativo, sino decisión política de ignorar la norma cuando contradice intereses estratégicos.

Quienes quieran acusar a Irán que vean el artículo 2 de la Carta de la ONU: "Todos los miembros se abstendrán, en sus relaciones internacionales, de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado". Esto debe servir de referencia al momento de buscar culpables y establecer responsabilidades en la creación de conflictos. Estados Unidos e Israel se llevan el galardón como los Estados terroristas del Siglo XX y gran parte del Siglo XXI.

Los halcones trumpistas, arrastrados por Israel y el Complejo Industrial Militar, empeñados en apoderarse de las reservas de petróleo de Irán y cegados por la arrogancia de sus halcones decidieron asesinar al líder espiritual y político del mundo chiíta. Con esa acción, activaron la unificación de esa tendencia religiosa entorno a sus mártires.

Esa decisión no se explica por razones de seguridad, sino por la lógica de una economía política de la guerra. El conflicto beneficia a una estructura corporativa-militar que obtiene ganancias mediante la producción de armamento, la expansión de bases, el control de recursos estratégicos, la venta de tecnología, armas y pertrechos; así como de la reconstrucción de las zonas devastadas. En este esquema, la guerra no es un fracaso del sistema: es una de sus condiciones de funcionamiento.

Al margen de las insinuaciones de si Donald Trump y Benjamín Netanyahu tienen limitaciones mentales que los induce al genocidio y a guerras constantes, habrá que analizar la subordinación de las cúpulas militares a las órdenes de ambos gobernantes. No se trata de patriotismo ni de defensa nacional, sino de obediencia estructural a una cadena de poder donde las decisiones se toman lejos del campo de batalla y los costos humanos recaen siempre sobre los mismos. Las guerras se ordenan desde las cúpulas, pero los muertos se cuentan abajo.

Es importante aclarar, que, aunque con las notorias excepciones a la regla, en el pueblo estadounidense predomina la cultura de tolerancia a la guerra que ejecutan sus gobiernos contra otros pueblos. Ha sido así durante más de un siglo. Pagan impuestos, fabrican las armas y ponen soldados que van a la guerra. Que no se alegue inocencia. Toca a la gente rechazar el guerrerismo que practica la corporatocracia pentagonizada que les gobierna.

Otro factor a tomar en cuenta en este contexto, es la “actitud pasiva” de la Federación Rusa y la República Popular China. Si optaran por la contención para evitar una implicación directa, dejarían que Irán enfrente solo la agresión. Esta posición puede responder a cálculos estratégicos de corto plazo, pero debilita el principio de disuasión colectiva dentro del marco del BRICS+. Si un socio puede ser atacado sin consecuencias, el bloque pierde coherencia y credibilidad.

Estados Unidos e Israel repiten así un patrón conocido: Palestina, Iraq, Siria, Libia, Afganistán. Primero se provoca el colapso, luego se acusa a la víctima de terrorismo y finalmente se presenta la destrucción como un mal necesario. La diferencia es que, en este caso, se ha tocado un núcleo civilizatorio con capacidad de respuesta prolongada, no un Estado ya fragmentado.

La evidencia histórica demuestra que Estados Unidos no acepta el surgimiento de potencias que le disputen su hegemonía o que cuestionen su autoridad en la esfera global. Sin embargo, se han asociado y ya dependen en muchos aspectos, del apoyo de Israel, lo que a la larga le caerá como un rayo sobre su estructura de poder. El caso Epstein puede ser el presagio del poder de chantaje del sionismo.

Fiel a su doctrina imperialista, los Estados Unidos buscan cerrar el paso a los países que osan retarle, lo atacan o bloquean bajo el eufemismo de “cambio de régimen”. Ahora, en tiempos de Donald Trump retorna con fuerza el autoritarismo y el guerrerismo como forma de imponer la hegemonía y neutralizar el avance de países o bloques emergente como el BRICS+. Claro, como telón de fondo están la búsqueda de control geoestratégico, el pago de favores a quienes financiaron su campaña, la aguda crisis interna que padece el gobierno y la emergencia de fuerzas progresistas que amenazan con desplazarlo del poder.


Al atacar a Irán, han entrado a las arenas movedizas de los desiertos de Asia Occidental. Fresca en la memoria están las imágenes de la retirada de Afganistán donde fueron a combatir fantasmas. Tras el asesinato del líder espiritual de la Revolución Islámica, cientos de civiles, incluidos niños y a parte de su liderazgo militar, el conflicto entra en un punto de no retorno.

El resultado previsible no es la pacificación, sino la prolongación del conflicto. El asesinato de líderes, la destrucción de infraestructura y la muerte de civiles no reducen la violencia: la trasladan al tiempo largo de la memoria histórica. Cuando la guerra se normaliza y deja de escandalizar, el problema ya no es solo regional, sino sistémico.

Esta no es una guerra más. Es un conflicto de alcance regional que puede provocar la Tercera Guerra Mundial, que a decir de muchos ya se está peleando.  Es un paso adicional hacia un escenario donde la impunidad sustituye a la legalidad y la fuerza reemplaza a la política. En ese contexto, la pregunta relevante no es si habrá respuesta, sino cuánto costará sostener un orden internacional que solo se mantiene mediante la guerra.

Israel ha conseguido que Estados Unidos le allane el camino. Como se sabe, su plan es convertirse en el imperio que controle a Oriente Medio, sirviendo, mientras le convenga, a los intereses de Estados Unidos en la zona. Quien crea que la embestida anglosionista se detendrá en Irán está lejos de entender la geopolítica de la región y la agenda expansionista de Israel.

Con la escalada militar en Medio Oriente, veremos una transformación del orden internacional; así como la consolidación y radicalización del antimperialismo en la región. Además, dado que no será una guerra corta, salvo no se imponga la esquiva sensatez, los efectos en la economía mundial serán devastadores, especialmente para los países que dependen del petróleo. Claro, las empresas se forran de billete, incluidas las vinculadas a la familia de Donald Trump.

Al margen de las ganancias inmediatas que puedan obtener Estados Unidos e Israel, han perdido la legitimidad moral que le quedaba. Al atacar a Irán y matar a su líder espiritual y político cruzaron la línea roja y la Operación Furia Épica puede ser el último clavo en el ataúd del trumpismo. Toca al pueblo estadounidense deshacerse de la bestialidad trumpista y reivindicar su vocación democrática.

Pedir que se impongan las reglas del Derecho Internacional y la diplomacia sobre las fuerzas y las armas no es una idea descabellada. Es lo prudente y sensato para que las controversias entre los Estados se resuelvan en base al diálogo, como manda la Carta de las Naciones Unidas. Pero hasta ahora, la ONU ha sido neutralizada por la OTAN y eso se refleja en su incapacidad para hacer cumplir los principios que la sustentan.

Con el mundo ardiendo, la máquina de manipulación y desinformación del anglosionismo funcionando a toda capacidad, el deber impone estar pendiente a la evolución de los acontecimientos y prestos a reclamar el cese inmediato de las acciones de guerra, para evitar que millones de jóvenes soldados mueran defendiendo los intereses de la corporatocracia pentagonizada.

Hay razones para pensar que ante las dificultades de EE. UU e Israel y sus aliados para doblegar a Irán nos acerca a la guerra nuclear. Le han fallado los cálculos y se enfrascaron en una guerra que será larga, costosa y dolorosa. Todo indica que es una provocación para reiniciar el mundo y reacomodar los intereses anglosionistas. Ojalá se imponga la sensatez para evitar una catástrofe mayor.

Donald Trump, Benjamín Netanyahu y sus socios no encuentran que decir para justificar actos perversos y delitos de lesa humanidad que han cometido en las acciones bélicas que han emprendido. Anima pensar que la Corte Penal Internacional le tiene reservada una sentencia condenatoria por crímenes de guerra y violación sistemática a los derechos humanos en Palestina, Venezuela e Irán.

El impacto económico para los países en vías de desarrollo será demoledor y los pueblos empezarán a pagar los costos de su indiferencia ante las acciones de los señores de la guerra que operan desde la comodidad de sus mansiones, villas y palacios. La agresión a Irán, ya impacta a toda la región y seguramente alcanzará a gran parte del mundo que conocemos.

El ímpetu bestial de los halcones anglosionistas y la avaricia de la corporatocracia pentagonizada que sostiene al imperialismo arrastran y empujan el mundo al abismo. La embestida guerrerista se desliza por una pendiente peligrosa, acelerada por los prejuicios de quienes en el ocaso de sus vidas se proponen destruir en días lo que la civilización ha construido en siglos de sacrificios. Queda evidenciado que estamos frente a "Otra Guerra Imperialista: donde las Bombas y la Fuerza Suplantan a la Política y a la Diplomacia". 

“Que la guerra no nos sea indiferente” como cantó Violeta Parras y que se abran vías de diálogo donde la diplomacia recupere su esplendor. Es cierto que la guerra es un gran negocio para la corporatocracia y las empresas asociadas al Complejo Industrial Militar, pero eso es a costa de la vida y la paz. La guerra mata, mutila, contamina, destruye y genera odio. Por eso hay que oponerse a todas las guerras y trabajar por un mundo ética y humanamente justo.

¡Salvemos la humanidad, trabajando por la paz con soberanía, justicia, libertad y dignidad! 

miércoles, 4 de febrero de 2026

LA GUERRILLA DE CAAMAÑO: 53 AÑOS DESPUES.

Nueve hombres y un objetivo: ser la vanguardia del pueblo para restaurar la democracia y defender la soberanía nacional. Pueblo que desconoce su historia, que no valora el sacrificio de sus héroes y heroínas pasa de ser ingrato a ser traidor.

Los pueblos que desconocen su historia, que no reconocen el sacrificio de sus héroes y heroínas pasan de ser ingratos a ser traidores. 

La conmemoración del 53 aniversario del desembarco de Playa Caracoles, encabezado por el expresidente constitucionalista Francisco Alberto Caamaño Deñó es una fecha propicia para reflexionar sobre la proeza del comandante Román y de quienes llamados por el deber y el amor a la patria le acompañaron en aquella acción de suprema rebeldía contra las injusticias que padecía su pueblo.

Eran tiempos difíciles, muy difíciles para el pueblo dominicano, especialmente para la vanguardia revolucionaria y las fuerzas progresistas, porque el balaguerato, continuador del trujillato reprimía, torturaba, mataba, desaparecía, encarcelaba y despertaba a quienes se oponían a la dictadura de los 12 Años. 

Contra esa bestialidad del balaguerato y sus socios estadounidenses se levantaron jóvenes valientes que cayeron en el intento por liberar al país. Eran tiempos de la mal llamada "Guerra Fría" y el país cursaba una transición confusa, que se quebró tras el Golpe de Estado al gobierno del Partido Revolucionario Dominicano aquí el fatídico 25 de septiembre de 1963.

Tras el golpe artero contra la naciente democracia perpetrada por cúpulas empresariales, políticas, militares y religiosas apoyadas por el gobierno estadounidense se inició el gobierno corrupto, entreguista y represivo de El Triunvirato hasta que el pueblo lo derrocó a finales de abril de 1965. Vino la guerra y tras ella la alevosa ocupación militar estadounidense. El pueblo, con Francisco Alberto Caamaño Deñó a la cabeza, escribió páginas gloriosas en las trincheras del honor defendiendo la soberanía, la constitucionalidad y la dignidad.

Pasada la Guerra Patria e impuesto el Dr.Joaquín Balaguer en la Presidencia de la República mediante un mamotreto electoral con el país invadido, en julio de 1966 iniciaron los tortuosos 12 Años de Balaguer, un gobierno represivo, intolerante, corrupto, entreguista y militarista que se extendió hasta 1978

El período de Los 12 Años de Balaguer, está marcado con sangre de los hombres y mujeres que defendieron la patria, especialmente a los que pertenecían organizaciones políticas revolucionarias o liberales. 

Contra los desmanes y el accionar criminal del gobierno balaguerista se organizó y ejecutó la llamada Guerrilla de Caamaño que llegó al país en febrero de 1973. Esa acción armada que pretendía ser la vanguardia de la lucha para derrocar a Balaguer e instaurar un gobierno revolucionario. 

Hay quienes afirman que aquella gesta heroica fue "La Última Esperanza Armada", pero la historia es terca y mucha termina de escribirse, máxime la de un pueblo valiente como el dominicano que ha sabido enfrentar y luchar contra varios imperios.

Que no se olvide el sacrificio y el ejemplo de quienes ofrendaron sus vidas en defensa de la soberanía y en las luchas por mantener encendida la llama de la libertad en las "Escarpadas Montañas de Quisqueya y en La Trinchera del Honor".

Un yate, nueve hombres, nueve nombres y un objetivo: ser la vanguardia armada del pueblo dominicano para restaurar la democracia de base popular, rescatar la dignidad del pueblo dominicano y defender la soberanía nacional. 

Que el tiempo y la manipulación no borren las huellas de los valientes que surcaron mares, calles y montañas sembrando las esperanzas y luchando por un mundo justo, solidario y equitativo. Mención espacial para el comandante Francisco Alberto Caamaño Deñó, Hamlet Hermann Pérez, Claudio Caamaño Grullón, Mario Nelson Galán Durán, Juan Ramón Payero Ulloa, Alfredo Pérez Vargas, Toribio Peña Jáquez, Ramón Euclides Holguín Marte y Heberto Giordano Lalane José.

¡Honrar, honra!

lunes, 2 de febrero de 2026

DÉFICIT DE AGRÓNOMO EN SAN JOSÉ DE OCOA.

Con frecuencia se escucha hablar de la importancia de la agropecuaria como base de la seguridad alimentaria y de la economía rural, pero poca gente entiende las dificultades que enfrentan los empresarios agrícolas, productores y comunitarios para producir vegetales, hortalizas, legumbres y frutales.

Productores consultados en comunidades rurales de San José de Ocoa coinciden en señalar la escasa asesoría que reciben de personal técnico del Ministerio de Agricultura. Ausencia que pone en riesgo sus inversiones, desmotiva a la gente e incentiva el abandono del campo.

Como productor de la zona he notado la ausencia de profesionales agropecuarios en los predios que cultivo donde hay una considerable cantidad de personas dedicadas a las actividades agropecuarias. Preocupado decidí buscar información con productores y personas vinculadas al sector. La respuesta preliminar me dejó frizado: El Ministerio de Agricultura tiene un acentuado déficit de profesionales para cubrir la demanda.

Según fuentes confiables, se requiere el nombramiento de más de 20 profesionales agropecuarios para cubrir las necesidades de los productores ocoeños. Imagine usted, una zona eminentemente agrícola sin personal que asesore, oriente y eduque a quienes producen alimentos y sostienen la economía. Ojalá que las autoridades tomen nota y nombren al personal que se requiere.

En San José de Ocoa, las actividades agrícolas, especialmente las de «cielo abierto» y aquellas que realizan pequeños productores, incluidas las prácticas de agricultura familiar se realizan con escasa o sin ninguna asesoría estatal. Es paradógico e inexplicable que un renglón tan importante no sea prioridad en las políticas de desarrollo.

Al acentuado déficit de personal calificado se suma la falta de financiamientos, infraestructura, el deterioro de los caminos, los elevados costos de los insumos, la escasez de mano de obra, la baja tecnificación y las distorsiones en la cadena de comercialización. Esos son problemas centrales, perturbadores y recurrentes. Eso sumado a otras carencias y la falta de liderazgo en ese sector, hace difícil mantener la gente en las zonas rurales.

Con ese cuadro desolador, producir es un acto heróico, costoso y riesgoso. La producción agropecuaria en general, y la agrícola en particular, requieren una atención especial y las políticas agropecuarias deben estar articuladas a los planes de desarrollo, pero cuesta que se entienda algo tan elemental. Si no se valora el aporte del campesinado y los productores que dedican su viva a producir alimentos cualquier discuso cae en la demagogia.

Apoyar la producción nacional no es una proclama, un eslogan o un decreto. Es ante todo, una política, y una decisión. Que no hablen de producción agrícola si no van a dar los apoyos que se requieren. Que sigan apoyando empresarios de invernaderos, pero que no se olviden de quienes estamos en otras modalidades.

Listar  las inciativas fallidas de la actual administración toma tiempo y exige mayor espacio. Por ahora dejo abierta la invitación para que se piense en la prodocción agrícola como un eje estratégico para el desarrollo inclusivo del país. Los importadores que hagan sus negocios, pero que las autoridades gestionen mejor la agropecuaria en general y la agricultura en particular.

Crear las capacidades que el campo necesita para dinamizar la producción, proteger el medio ambiente y los recursos naturales haciendo rentatambe y sostenible las actividades que realiza exige compromiso, recursos y políticas claras y articuladas. Formar profesionales agropecuarios y garantizar condiciones laborales y salariales dignas deben ser prioridades, tal como se instruyó en la abandonada Estrategía Nacional de Dessarrollo, instituida mediante Ley-1-12 en línea directa con la constitución de la República.

¡Que no digan, que hagan!