domingo, 27 de septiembre de 2015

CONTEXTO Y COYUNTURA POLÍTICA EN REPÚBLICA DOMINICANA (2016-2020)

El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales". Bertolt Brecht.
La  República Dominicana está inmersa en un intenso proceso político-electoral de cara a las elecciones del 2016. Es un proceso caracterizado por la confluencia de fuerzas políticas con visiones contrapuestas y hasta antagónicas en algunos casos. Esas particularidades, aunque no son nuevas, marcan un punto interesante en el proceso y generan una diversidad de opciones electorales y de propuestas. Un contexto y una coyuntura que reta al sistema electoral y a los actores políticos vinculados a él.

Es un proceso complejo e interesante que requiere una importante cuota de sacrificio de los recursos del erario. Es complejo porque se trata de la elección de más de 4000 cargos, incluidas la presidencia y la vicepresidencia de la República. Cerca de 30 organizaciones políticas están habilitadas para presentar candidaturas a los cargos sometidos al escrutinio del electorado dominicano.


Las alianzas se han ido concretando, en medio de escarceos y reclamos, ya que muchos cargos han sido “reservados” en un acuerdo entre las tendencias internas que accionan en el gobernante Partido de la Liberación Dominicana, PLD. Ese acuerdo, se incluyen aspectos que van mas allá de la reservación de candidaturas y proviene de la necesidad de conciliar intereses y facilitar la convocatoria a la Asamblea Revisora y abrir la posibilidad de reelección del Presidente de la República en 2 períodos consecutivos.

Las elecciones encuentran al país reclamando mayor eficiencia de la burocracia política y mayor transparencia de la gestión de las políticas que ejecutan los entes públicos. Hay que recordar que en períodos anteriores, las elecciones para Presidente y Vicepresidente de la República se realizaban de forma separada de las Congresuales y Municipales. Ahora se hará la elección de manera conjunta, lo que hace más complejo el proceso.

Cientos de Alcaldías y Juntas de Distritos Municipales con sus respectivas Regidurías y suplentes serán renovados en el país. Esto implica un gran esfuerzo organizativo y una inversión de recursos del erario que deben servir para avanzar en la institucionalización del sistema político y la transformación del formalismo democracia en un modelo de democracia funcional de arraigo popular y progresista.


De igual forma se elegirán representantes al poder legislativos. Se escogerán 32 senadores/as a razón de uno por cada provincia y uno en representación del Distrito Nacional. Diputados en proporción de uno por cada 25 mil habitantes, sin que ninguna provincia tenga menos de 2 representantes a la cámara baja. Cinco diputaciones nacionales, las representaciones legislativas de ultramar, así como los integrantes del Parlamento Centroamericano, PARLACEM.
Visto así el asunto, el desafío de la Junta Central Electoral y de las organizaciones políticas para garantizar transparencia, equidad y tranquilidad durante la campaña electoral y el día de los comicios es clave. Organizar un certamen electoral de esa envergadura requiere recursos, compromisos, apoyos y colaboración tanto de los involucrados como del electorado.

Al renovarse, en parte, la matrícula y el liderazgo político del país, la sociedad espera y reclama que quienes sean electos para desempeñar funciones en cualquiera de los poderes o niveles de gobierno, asuman el compromiso con la ética y la restauración de la confianza en las instituciones políticas y en los políticos mismos. Lo malo es que muchos han asegurado sus puestos en los acuerdos internos e interpartidarios sin habérselo ganado.
Respecto a la coyuntura política actual hay que establecer algunos puntos claves que contextualizan y condicionan el escenario. Entre estos se destaca la Reforma a la Constitución del 26 de enero del año 2010 que prohibía la reelección de los cargos a la presidencia y vicepresidencia de la República. La Reforma del 2014 fue exclusivamente para facilitar la reelección presidencial en 2 períodos consecutivos, lo que despertó duras críticas a sus propiciadores.

Esa modificación implicó acuerdos entre las tendencias políticas que accionan en el PLD, especialmente entre el presidente de la República Lic. Danilo Medina Sánchez y el expresidente Dr. Leonel Fernández Reyna. Las partes, con el apoyo del Comité Político de esa entidad acordaron reservar candidaturas y eso ha generado disgusto entre aspirantes a cargos electivos porque entienden que se lesiona el derecho a elegir y ser elegido que establece la Constitución de la República.


Procede aclarar, que también se incluyó en esas reservaciones a miembros del Partido Revolucionario Dominicano, que concretó una alianza con el partido gobernante para los comicios 2016-2020 y dieron su apoyo a la reforma constitucional. En esta fuerza política también se ha criticado la modalidad acordada porque lesiona los derechos políticos y ciudadanos. Para el caso del PLD, el Tribunal Superior Electoral emitió una sentencia donde reconoce el derecho de los miembros a elegir y ser elegido como establece la Constitución.


En torno a la participación del Partido Reformista Social Cristiano en las elecciones venideras todo parece indicar que pactarían acuerdo con el PLD, bajo la lógica e reparto de cargos. Aun no se conocen cuestiones concretas. A juzgar por los pronunciamientos de algunos de sus dirigentes las diferencias son de forma más que de fondo. Como telón, está la cuota de poder que se daría esa organización y la cantidad de cargos electivos que está dispuesto a ceder el partido de gobierno.


En el ámbito opositor las cosas también se han ido definiendo. Un grupo ha cerrado filas con la candidatura presidencial del Partido Revolucionario Moderno, PRM, que postula al Lic. Luis Abinader como candidato presidencial. Aquí hay fuerzas vinculadas a un sector de la izquierda dominicana, como el MPD, PCT-MIUCA, Nueva Alternativa y dirigentes reconocidos organizados en Frente Amplio entre los que se destacan Fidel Santana, Rafael Chaljub Mejía, Manuel Salazar, Iginio Báez entre otros.


Otro bloque sería el que pudieran integrar las agrupaciones políticas, Alianza por la Democracia que preside el Dr. Max Puig, Patria para Todos que dirige el Dr. Fulgencio Severino, Alianza País que preside el Dr. Guilllermo Moreno y Opción Democrática que lidera la Dra. Minerva Tabares Mirabal. Aquí participarían algunos movimientos locales que han ido definiendo perfiles de candidaturas que coinciden con las propuestas programáticas de esta plataforma política.


Quedaría por ver, qué pasará con la Fuerza Nacional Progresista que lidera el Dr. Marino Vinicio Castillo Semán y otras fuerzas conservadoras que proponen un “Polo Patriótico”. De cuajar estas alianzas tendríamos cuatro (4)  bloques claramente definidos, accionando en el proceso comicial. Todos irían tras el voto de los electorados en la disputa por el poder político o una cuota de éste. Evidentemente que el  resultado dirá quién o quiénes resultarán beneficiado con la gracia del voto popular.


Quedan sin embargo, fuerzas que no entran ni comulgan con el sistema actual,  una especie de “no alineados”, cuyos planteamientos políticos se ubican cercanos a la izquierda revolucionaria que propugna por una transformación del sistema político, social, económico y cultural de la sociedad dominicana. Por el momento, esas fuerzas tendrán que esperar por oportunidades más favorables y continuar trabajando para articular una propuesta original y genuinamente revolucionaria. Están diseminadas en una amplia base del movimiento social y político que aspiran a concretar una alternativa al sistema vigente al que acusan de perverso, corrupto, excluyente y clientelista.


Para el 2016 se prevé, una polarización entre los bloques que encabezan el Lic. Danilo Medina Sánchez por el gobernante Partido de la Liberación Dominicana, PLD, y Lic. Luis Abinader por el Partido Revolucionario Moderno, PRM. Ambas coaliciones enfrentan problemas para complacer a sus socios con la asignación de candidaturas ganables. Eso ha generado tensiones y roces que de no superarse pueden producir fraccionamientos.


No obstante, hay otras fuerzas que buscan obtener el beneficio del electorado en proceso comicial que se avecina. En la orientación ideológica de ambos bloques predomina el conservadurismo y el liberalismo. Evidentemente hay fuerzas de marcada orientación de izquierda y otras revolucionarias. Cuestionan el modelo de democracia existente y orientan sus esfuerzos hacia la búsqueda de un sistema político que coloque a la gente en el centro de las políticas públicas.


Aunque la mayoría propone reformas “suaves” al sistema político, hay un sector que reclama transformaciones profundas de corte revolucionaria. Proponen un modelo, social, político, cultural y económico incluyente, participativo, con justicia social y de amplia base popular. Aspiran a un modelo socialista revolucionario, siguiendo la huellas de los hombres y mujeres que han caído defendiendo el derecho del pueblo a decidir su destino soberana y libremente, alejado de las injerencias foráneas y lejos de las cúpulas oligarcas que se han impuesto en la política dominicana.


Es una coyuntura muy parecida a la que se presentó en 1978, cuando fuerzas vinculadas a la izquierda revolucionaria que había participado heroicamente en la Guerra de Abril de 1965. Concentraron sus esfuerzos en sacar al Dr. Balaguer del poder, quien gobernaba desde 1966. Cerraron filas con el Partido Revolucionario Dominicano y ganaron la elección, luego de una agitada y violenta campaña electoral. El resultado de aquella experiencia debiera servir de referencia al momento de pactar acuerdos con fuerzas de derecha lideradas por la derecha.
El transfuguismos y el clientelismo afloran rápidamente y quienes no han sido beneficiado o complacido con la asignación de candidaturas ganables van y vienen por los partidos en busca de quien le haga ofertas. Ya se han concretado cruces de una fuerza a otra. Es una práctica, donde la militancia orgánica de los partidos lleva todas las de perder. Su militancia y compromiso no es garantía para alcanzar una postulación. Cualquiera que llega con dinero tiene mayores oportunidades. Eso evidencia la necesidad establecer reglas que hagan valer el derecho de los miembros a postularse. Un buena Ley 33-18 de  Partidos, Agrupaciones y Movimientos Políticos puede contribuir a ese propósito.


Como se ve, el espectro político dominicano es amplio, complejo y diverso. Habrá que ver como las propuestas programáticas recogen los anhelos y aspiraciones de un pueblo que ha ido madurando política y socialmente. Esos anhelos y aspiraciones, postergados unos y olvidados otros mantienen viva la esperanza de un futuro mejor e incentiva la participación de la gente a participar, ya sea como dirigente, miembro, electores o candidatos en actividades políticas.


Un aspecto interesante de la coyuntura actual es la coincidencia de sectores de tradición conservadora y liberal con sectores que se autoproclamaron y se reconocen a sí mismos como revolucionarios, socialistas o simplemente de izquierda. El éxito de las alianzas será en función no solo de los resultados electorales sino también de las prácticas de gobierno de quienes resulten electo en el torneo electoral del 2016. . El proceso de elección se realizará de manera simultánea, lo que implica un gran reto para la Junta Central Electoral y las fuerzas políticas que presentarán candidaturas  ¡Ver para creer!


Como es natural, las fuerzas de oposición tienen el firme propósito de desplazar al  bloque liderado por el PLD del poder y tomar el control del gobierno. De su lado, el PLD y sus aliados insistirán en mantener el control del Estado y ganar las elecciones. Gane quien gane deben saber que existe una amplia franja que cuestiona al modelo existente y no está de acuerdo con las prácticas que contravienen la ética política y que pervierten, corrompen y debilitan la práctica política.


El sistema electoral en particular y el sistema político en general serán puestos a prueba una vez más. Lograr un buen montaje, una gestión eficiente, transparente y un resultado confiable debe ser  la prioridad del organismo de comicios. Al ser unas elecciones generales, conjunta para tanto para los 2 niveles de gobierno como para el congreso nacional requiere mayores esfuerzos organizativos y una logística operativa exigente. La experiencia acumulada por la JCE electoral puede facilitar el montaje y gestión del certamen comicial.

domingo, 5 de julio de 2015

EL COSTO DE LA INDIFERENCIA.

Cuando la gente desconoce el impacto de sus acciones o echa a un lado su responsabilidad de cuidar el entorno del que forma parte debe estar dispuesta a pagar el costo de la indiferencia. FDC/2015.

El Calentamiento Global y el Cambio Climático son realidades desconocidas para la mayoría de los pobladores del planeta, no a así para quienes toman decisiones de políticas y trazan la agenda mediática. Diversas tendencias matizan las explicaciones a estos fenómenos y los efectos que ejercen sobre la vida en la tierra. Conocer los aspectos claves debiera ser parte fundamental de los compromisos de las sociedades. Dar la espalda al problema es un camino que conduce a la extinción.

Los efectos de estos fenómenos tienen causas diversas pero todas amenazan la existencia de la vida del planeta tierra. Van desde las emisiones de gases efecto invernaderos hasta lo concentración de dióxido de carbono en la atmósfera pasando por las agresiones directas a la naturaleza como la deforestación, la contaminación y degradación de los suelos; así como la extracción de agregado de los ríos y la megaminería.

El impacto de esas acciones se expresan de varias formas: aumento sostenido de las temperaturas, aceleración del proceso desertificación, desaparición de numerosas especies, persistente escasez de agua, descongelamiento de los glaciares y aterradores huracanes con su secuela de mortíferas inundaciones, entre otros males. En las ciudades el aíre se hace irrespirable y la contaminación provoca agresivas enfermedades.

Muchos dirán que hoy estamos mejor que antes, que los avances tecnológicos y el desarrollo científico pueden revertir la situación. Esto puede ser cierto pero los resultados están por verse. La explosión demográfica y la urbanización son sólo una prueba que desafía esas capacidades. La humanidad tiene y debe actuar para poner un stop al deterioro medioambiental. 

Los gobiernos y el liderazgo social tienen mucho que hacer. La agenda es amplia y diversa. Ignorarla o postergarla solo agravará el problema. No actuar ahora implica exponerse a cargar con la culpa de haber sido indiferente ante una amenaza que desborda las capacidades individuales e impone una colectivización de la lucha social a favor de la madre naturaleza.

Las luchas del movimiento ecologista que empezó en el siglo pasado y que logró colocar en la agenda pública las cuestiones vinculadas al Cambio Climático y la Crisis Medioambiental lucen tímido y se siente poco. Las corporaciones mediáticas hacen oídos sordos a las amenazas climáticas. Lo que no es espectáculo no cuenta para ellos, no es rentable.

Sacuda su rebeldía y eche caminar sus preocupaciones sobre estos temas. Son temas de vida. Está en juego la existencia de la vida sobre el planeta. Suena exagerado pero no lo es, sobran pruebas que confirman esta hipótesis. Miles de especies han desaparecido en los últimos años. La vida en los océanos contaminados no es ficción. Las hambrunas recurrentes, los conflictos por aguas son tan frecuentes como el aíre contaminado que respiramos.

Si miramos la República Dominicana, el panorama es de cuidado. Centenares de ríos convertidos en fosas por “los incontrolables”, que extraen de sus cauces, sin control, los agregados que alimentan el lucrativo negocio de la construcción. Sus cuencas deterioradas, deforestadas y contaminadas. Sus escasas aguas secuestradas por los grandes propietarios ante la mirada indiferente de las autoridades. 

Barrios, Distritos Municipales, Municipios y provincias enteras bajo asedio de la escasez de agua. Autoridades municipales que no terminan de entender su responsabilidad sobre el asunto. Planes van y planes vienen. Todo empeora y la gente sufre. El agua escasa y encarecida diezma las finanzas de las familias. Es una tortura social que tiene un alto impacto en la psiquis colectiva. Esto genera ansiedad y miedo que seguramente terminarán en conflictos sociales de magnitudes impredecibles.

Este triste panorama deja poco margen para imaginar un futuro promisorio en un país donde el agua desaparece, se derrocha y se privatiza. Es tiempo de sonar las alarmas y establecer Comités Provinciales de Defensa de la Naturaleza. Esa debe ser una tarea de las organizaciones sociales para presionar a las autoridades a dar seguimiento a tan grave problema. Los liderazgos sociales tienen aquí una gran oportunidad de reivindicar su esplendor y las autoridades la de legitimar el poder que detentan.

No basta con luchas y demandas puntuales. Es necesario recurrir a la articulación de las capacidades colectivas para hacer frente a la realidad y superar los escollos. Debe imponerse una agenda que obligue al liderazgo político a priorizar la cuestión ambiental en el país. No se puede premiar con el favor del voto a quienes se hagan indiferentes ante los males amenazan al medio ambiente, que ponen en riesgo la vida de la gente, así como la flora y la fauna que sustenta la vida.

¿Qué esperar de un mundo, contaminado, desordenado, sin agua, sin alimentos, superpoblado y sin aire para respirar? ¿Por qué permanecer indiferente ante el acelerado proceso de desaparición de manantiales, arroyos, ríos, lagos y lagunas? ¿Cómo es posible votar por autoridades que no prioricen en sus agendas estas cuestiones? ¿Qué pasará en un mundo con 10 mil millones de habitantes? ¿Se impondrá el egoísmo capitalista que ha convertido en mercancía tanto a los Recursos Naturales como a la gente? ¿Dejaremos que el liderazgo político imponga perversa indiferencias o adelantaremos formas para transformar este modelo?  

¡Basta de Indiferencia!

lunes, 8 de junio de 2015

LA AGRICULTURA FAMILIAR: UNA ALTERNATIVA PROBADA.

“Los agricultores familiares no son parte del problema, sino que, por el contrario, son de vital importancia para la solución del hambre en el mundo”. Informe FAO 2014.

La producción de alimentos ha sido uno de los temas claves para el desarrollo de los pueblos desde los orígenes de la humanidad. Cuando los pueblos pasaron del nomadismo al sedentarismo lo hicieron tomando como punto de partida la disponibilidad de terrenos para levantar sus viviendas y cosechar sus alimentos. Ese paso marcó el inicio del surgimiento de los primeros conglomerados humanos. Así inició lo que más tarde se denominó agricultura familiar.

La agricultura familiar consiste la producción de alimento aprovechando al máximo el espacio y el recurso más próximo al entorno familiar. Esto incluye la fuerza de trabajo, las semillas o plántulas, la infraestructura básica,  los implementos agrícolas y las actividades culturales que se requieren para garantizar la producción que sustente la familia y de para suplir las necesidades de los mercados funcionan en ese entorno.

Se recuerda que el 2014 fue declarado como “El Año Internacional de la Agricultura Familiar en 2014” como forma de promover la reactivar ese importante sector. Es sumamente importante promover un debate que coloque el tema en la agenda de los gobiernos y de la sociedad.

Se debe aclarar que estamos hablando de Agricultura Familiar, no de agricultura de subsistencia. Es un concepto menos restringido, mejor organizado y más integrador. Es un modelo de producción que incluye dimensiones que superan las prácticas de conuquismo que caracteriza la agricultura de subsistencia. Es organizada en el entorno familiar pero con un enfoque de rentabilidad y de optimización de los recursos, refinando métodos y modos de producción.

Según la FAO para el 2050, tenemos el desafío adicional de alimentar a una población que está consumiendo más alimentos, y a veces sigue dietas mejores y más saludables, y que se espera que supere la marca de los 9 000 millones. Eso es todo un reto, en un mundo donde el crecimiento poblacional es inversamente proporcional a la cantidad de recursos naturales disponibles. Ampliar las posibilidades de producción y mejorar las relaciones de la gente con su medio hará la diferencia.

Mención especial aquí para las cuestiones vinculadas a la degradación progresiva y el empobrecimientos de los suelos. Esto sumado a la escasez, contaminación y a la mala gestión del agua dificulta la producción y amenaza la seguridad alimentaria.

Se sabe que la población mundial ha ido creciendo sostenidamente y con ella la demanda de alimentos. Se espera que para el 2050 la población alcance los 10 mil millones ¿Habrá pan para tanta gente? ¿Soportará el planeta una carga demográfica de tal magnitud? ¿Serán suficiente los recursos naturales para suplir las crecientes demandas de agua, energía y espacio? ¿Cómo se organizará la producción y el mercado para dar respuesta a las exigencias de la población? ¿Cómo superar el consumismo, “el usa y tira”, así como la cultura del derroche? ¿Qué tanto puede contribuir la Agricultura Familiar a la superación del hambre? ¿Cómo hacer que sea rentable y sostenible?

Evidentemente que esos requerimientos deben ser suplidos por quienes se dedican a la producción y procesamiento de alimentos. Dentro de estos se destacan los productores de menor escala, que es el fuerte de la Agricultura Familiar. Juntando esa poderosa fuerza, organizándola y tecnificándola para evitar el derroche sobre todo de agua se puede ir avanzando hacia la superación real de la pobreza y el hambre que padecen más del 60% de la población mundial.

Visto así el asunto, hay que superar las prácticas del capitalismo neoliberal que ha impuesto la patentización de todo cuanto existe en la tierra, incluida las semillas y plántulas, bajo normas comerciales típicamente especulativa. La llamada certificación de semillas debe respetar las prácticas ancestrales practicadas por generaciones de cosechar y guardar parte de la producción para siembras futuras.

La Agricultura Familiar ha servido a lo largo de la historia para sostener a las familias y empujar  a algunos de sus miembros a la educación. Convirtiendo esa noble tarea en un medio de ascenso social y económico. Unos producen y otros estudian, manteniendo una dinámica que bien gestionada puede servir para dotar a los pueblos de las capacidades que le permitan ir perfeccionando sus métodos y modos de producción. Eso claro está, tiene que ser parte de una política pública que coloque a la gente en el centro, como sujeto, no como un objeto.

Esto se ha ido transformando en la medida en que envejecen los cabezas de familia y los hijos pierden amor al trabajo en las zonas agrícolas. Por lo menos en el caso dominicano ese fenómeno se agrava, dejando los predios baldíos. Otros son adquiridos por terratenientes aumentando la concentración de la propiedad de la tierra.

Es sabido que el mercado, sin ningún rigor ético, ha colocado en una situación muy difícil a millones de personas en el mundo. Esto se suma a la aplicación de políticas inadecuadas de los gobiernos que hasta hoy hacen muy poco para desarrollar y organizar modalidades de producción basadas en la Agricultura Familiar. El resultado es claro: empobrecimiento, hambre, abandono del campo, crecimiento de las ciudades, mayor presión para los servicios públicos, concentración de la tierra, desesperanza y encarecimiento de los productos, entre otros.

Se requiere, entonces, poner mayor énfasis en la Agricultura Familiar y privilegiarla para superar la Agricultura de Subsistencia basada en el conuquismo. Es necesario el diseño de políticas públicas que aumenten y diversifiquen la producción, evitando el deterioro del medio ambiente y la contaminación de los recursos naturales. Esto pasa por poner reglas claras a las transnacionales y multinacionales que se apropian de las semillas y distribuyen los insumos utilizados en la producción.

Trabajar con las comunidades, tanto en su organización como en la capacitación es un imperativo. No solo para que aprovechen mejor los recursos que utilizan y saquen mayores beneficios sino también, para que defiendan los predios que cultivan. “Guardar pan para mayo y harina para abril”. Este dicho popular implica una gran enseñanza que puede ser aprovechada para apuntalar la Agricultura Familiar.

La innovación y la creatividad deben complementarse para fomentar políticas inclusivas e integrales. Ir más allá del formalismo institucional, pasando al campo de la cultura, recurriendo a la sabiduría popular para aprovechar la experiencia acumulada para complementar con estrategias de asesoría técnica sobre gestión de recursos y oportunidades. Introducir mejoras que coloquen la Agricultura Familiar en una perspectiva de rentabilidad y sostenibilidad.

El Estado debe garantizar la asesoría técnica en las zonas dedicadas a las actividades agropecuarias, poniendo énfasis en los pequeños y medianos productores. También le corresponde crear las condiciones para que la vida en las zonas productivas sea digna y decorosa. El financiamiento tiene que ir a quienes producen, no para quienes acumulan y explotan. Es un tema que requiere un abordaje integral, dada la complejidad que ido adquiriendo la vida en las zonas productivas.

Finalmente, si se quiere trabajar en la superación de la pobreza y potenciar el desarrollo en las zonas rurales de la República Dominicana, en la Agricultura Familiar están las oportunidades para garantizar la tan cacareada seguridad alimentaria. Volver al campo, implica, transformar las prácticas productivas y la forma de entender las relaciones con el medio ambiente. Se debe mirar la cuestión desde una dimensión estratégica y de sostenibilidad. Superar el asistencialismo y el clientelismo reforzando las bases de la Agricultura Familiar ¡Esa debe ser la apuesta para el Siglo XXI!

viernes, 1 de mayo de 2015

CONTEXTO HISTÓRICO DE LA REELECCIÓN EN LA REPÚBLICA DOMINICANA.

"Las leyes deben servir para organizar y gobernar a los pueblos, no para someterlos, manipularlos y humillarlos".

El manoseado tema de la repostulación y la reelección ha sido una cuestión recurrente y sistemática en la historia política de la República Dominicana. Desde la instalación del primer gobierno constitucional, encabezado por el general Pedro Santana, a partir del 6 de noviembre de 1844 hasta la fecha. Siempre surgen las pretensiones releccionistas entre los sectores de poder o del gobierno, apuntalados por postulados justificativos. 

La tradición política de la República Dominicana asume el tema de la reelección como un distintivo característico, propio de sistemas políticos débiles en términos normativos, institucionales y culturales. Un liderazgo que asume al continuismo, caudillismo, mesianismo y al prebendalismo como las justificaciones básicas de su accionar en política. Superar ese proceder ha constado toda la historia republicana y aún no se vislumbra un horizonte favorable para lograrlo.

Esas tendencias han llevado al país a realizar cerca de 40 revisiones constitucionales, muchas de la cuales han sido única y exclusivamente para incluir la repostulación del Presidente de la República o extender su mandato. Esto genera de inmediato matrices de opinión que dividen las opiniones entre quienes apoyan el reeleccionismo y quienes se oponen al mismo. Esos debates son recurrentes y perturbadores para la población que se coloca en el centro como la salchicha del sándwich.
  
Pocos presidentes, se han resistido a la tentación de oponerse a esta práctica, claro hay quienes han intentado poner fin al asunto pero no lo han logrado. Las razones que han impedido superar esos escollos se expresan en varias dimensiones. Se puede hablar de la dimensión política, la dimensión cultural, la dimensión normativa y la dimensión institucional. Cada dimensión contiene una amalgama de aspectos que vistos desde el ámbito de las Ciencias Políticas requieren una caracterización para ubicar la línea que ha seguido el asunto en el país.

Cuando se ubica la cuestión en la dimensión política hay que hablar, no sólo de los aspectos vinculados a las organizaciones políticas si no que también, los aspectos relacionados con el liderazgo político, la cultura y la institucionalidad política. Todo esto junto da forma y características a los sistemas políticos que se gestan en las sociedades para gestionar el complejo de relaciones que se expresan en la organización del Estado y del gobierno que lo gestiona.

La dimensión cultural, expresada como la posibilidad de la ciudadanía de incidir en los espacios de interlocución que hacen gobernable a una sociedad, incluye además de la cultura política, la cultura de participación y las capacidades de las organizaciones sociales para servir de contrapeso en las sociedades democráticas. Eso implica que las líneas de abordaje para este aspecto tienen que ser visto desde una perspectiva integral para minimizar los sesgos que neutralicen la acción colectiva.

La cultura es fundamental para desarrollo y afianzamientos de los sistemas políticos que aspiran a transformar el formalismo democrático electoralista en un sistema funcional, abierto, plural y participativo. Por esa senda están los desencuentros con las tendencias que auspician e impulsan el reeleccionismo sin más pretensiones que la perpetuación en el poder de grupos cuyos propósitos no obedecen a un plan de desarrollo económico, político, cultural y social de transformación de la sociedad.

La dimensión normativa y la institucional se combinan para dar forma a la estructura formal y operativa del sistema político. Es en ese contexto donde se deben instituir los protocolos y controles para impedir la perversión de los procedimientos o la burla de los controles establecidos. Los contrapesos de la democracia están referenciados y condicionados por estas dos dimensiones. De ahí el interés de mirar esos aspectos al momento de tratar un tema tan complejo como el que nos ocupa.

Cuando el reeleccionismo o el continuismo se imponen como patrón de comportamiento político y el sistema político y social no está en capacidad de gestionar adecuadamente las tensiones y roces que se generan vienen las crisis y de éstas salen los arreglos de grupos. Esos arreglos, en la mayoría de los casos, desconocen el marco normativo o lo pervierten. Ese modelo se va haciendo ingobernable y se deslegitima en la práctica.

Pese a los problemas que tradicionalmente ha traído para el país, se insiste en la cuestión. Pueden ubicarse tanto en el plano político como en la las debilidades institucionales que ha propiciado la cultura paternalista y clientelista que ha imperado en el país. Así ha sido el formalismo democrático que ha ido conformándose en el país. Un formalismo cuyos resultados se expresan en un estancamiento del desarrollo político y un debilitamiento de la institucionalidad política. 

Ambos aspectos debieran llamar a la reflexión de los operarios del sistema dado los riesgos implícitos en los mismos. Un sistema débil y con un marco normativo que no se aplica, sumado a una práctica política basada en conveniencias personales o grupales, no en el fundamento de las normas socialmente aceptadas, queda indefenso ante los embates de los caprichos. 

Visto lo anterior, procede aclarar que la posibilidad de que una autoridad pueda repostularse no quiere decir que se reelija, solo tiene la opción, la decisión depende de los electores y la capacidad del liderazgo para encausar las aspiraciones colectivas. También de la flexibilidad del marco normativo que rige la cuestión electoral y de las capacidades institucionales del sistema. 

Es necesario explicar que la reelección como categoría política no es mala, siempre y cuando, el sistema político y la normativa, estén diseñados para que ésta no se convierta en un recurso para perpetuarse en el poder y pervertir el orden institucional. La experiencia acumulada a lo largo de la historia debiera servir para ampliar las discusiones sobre el asunto.

Hay que pensar en la posibilidad de asumir un modelo que tenga como referente la posibilidad de elegir la o el Presidente de la República por períodos de 5 años con opción a un segundo mandato consecutivo y nunca más. Esta posibilidad es la que mejor se ajusta al sistema político y electoral dominicano dada las debilidades y falencias referidas en este texto. Repostulación o reelección no es ni puede ser cuestión de voluntarismos sino de institucionalidad y de madurez política de los entes políticos, el liderazgo y de la sociedad.

¿Qué implica para un país cuya práctica política riñe con las normas establecidas entrar en una discusión sobre las ventajas o desventajas de la repostulación presidencial en períodos consecutivos? ¿Cómo evitar que los mecanismos institucionales sean rebasados por las apetencias personales y los caprichos de grupos de intereses anclados en el poder? ¿Habrá posibilidades de gestionar adecuadamente los niveles de tensiones y conflictividad que generan los debates en torno al espinoso tema?

Para la República Dominicana, la cuestión de la repostulación y posibilidad de reelección a cargos electivos consecutivos, tras haber cumplido el primer mandato ha generado siempre, opiniones encontradas. Sin embargo, la cuestión ha quedado solo en el nivel presidencial, dejando a su libre albedrío los niveles provinciales y municipales. Eso ha permitido que personas elegidas en esos niveles agoten varios períodos.

Esa permisividad del sistema ha provocado una especie de “secuestro de esas curules”, neutralizando el desarrollo del liderazgo emergente. Es un tema de reflexión que debe ser asumido como prioridad para evitar que las oligarquías políticas locales impidan el desarrollo del sistema político y la democracia misma, con las consecuencias desmotivadoras y el estancamiento tales circunstancias están provocando.

Lo sensato es, que no solo se hable de repostulación y reelección en el nivel presidencial sino que la discusión abarque también a los niveles provinciales y municipales. Trabajar en propuestas que den respuestas sostenibles a la problemática planteada es una cuestión impostergable si se quieren evitar males mayores.

Se deben establecer reglas y procedimientos que hagan de la política una práctica atractiva para quienes tiene que aportar no para quienes tienen que buscar. El grupismo o las tendencias que se gestan en el interior de las organizaciones políticas deben ser controladas para garantizar el funcionamiento de la democracia interna y evitar los privilegios en los procesos de selección de candidaturas. Evitar que los partidos y agrupaciones sean espacios tipo compraventa o un simple mercado donde todo tiene un precio.

Es necesario, superar los vicios que ha padecido la zigzagueante democracia dominicana estableciendo mecanismos transparentes para que los procesos electorales se ajusten a las normas establecidas. Esto incluye, que los períodos sean de 5 años cada cargo y en el congreso y los municipios se dé un escalonamiento a partir de una primera elección en la forma siguiente. 

Si usted ha sido electo para Director de Junta de Distrito Municipal y cumplió su período normal y si fue reelecto en el período siguiente, debe aspirar a cualquier otro cargo en el espectro político dependiendo de sus expectativas y posibilidades, no perpetuarse en ese cargo ¡Hacer carrera política y gerencial en el ámbito de su preferencia!

Preparar al sistema político para que responda a las necesidades de generaciones cuyo fuerte no es la militancia política basada en ideología, sino más bien en intereses donde es difícil gestionar los disensos requiere inteligencia, reglas y compromisos. Esta debiera ser la discusión principal y no concentrar el debate en la posibilidad de reformar la Constitución para rehabilitar la reelección presidencial. Cuidar el sistema político y la democracia para que no se debiliten los fundamentos que la sustentan.

A pesar de los esfuerzos que se han realizado en el país y pese a que la materia constitucional ha sido ampliamente trabaja queda mucho trecho por recorrer para alcanzar un instrumento jurídico que no esté sujeto a los vaivenes de los vientos y mareas que alborotan el paisaje político dominicano. Los roces que generan las tensiones reeleccionistas crean incertidumbre y choques. Aprovecharlos para avanzar en la superación de las debilidades es de alto interés para la sociedad dominicana. 

Avanzar en la reestructuración del sistema electoral y en la institucionalización del sistema político es clave. Emprender requiere apertura y disposición para que el proceso sea provechoso. Asumir la indiferencia y pensar que todo seguirá igual es desaprovechar el tiempo y poner en riesgo la posibilidad de transformación del formalismo democrático en un instrumento al servicio de los intereses colectivo de la sociedad dominicana, no de los grupos que la controlan.

lunes, 20 de abril de 2015

CORRUPCIÓN, POLÍTICA E IMPUNIDAD.

"Hay gente que adora la plata, se mete en la política, si adora tanto la plata que se meta en el comercio, en la industria, que haga lo que quiera, no es pecado, pero la política es para servirle a la gente. A la alta política le interesa ese cariño de la gente, algo que se transmite, que no tiene precio y que no se compra en el supermercado". José (Pepe) Mujica.

Para abordar este binomio hay que contextualizar los aspectos que relacionan ambos conceptos. La Política como ciencia del gobierno, el poder, el Estado y de las relaciones de los sistemas políticos y sociales acciona en contextos donde la transparencia es una condición para que gobernantes y gobernados reciban servicios y bienes de calidad, con eficiencia y equidad.

Entre ambos conceptos se da una relación como la imagen que se proyecta en un espejo claro y limpio. La política es la imagen y el espejo la transparencia: si el espejo se opaca la imagen asume esa características y se distorsiona. Para que la política salga bien en la imagen tienen darse esas condiciones.

Si se pervierten los controles institucionales y se neutralizan los mecanismos de sanción de los actos de corrupción y malversación se abona el terreno de la impunidad prospere. No se puede confundir el concepto con el significado. Las interrelaciones políticas y las redes de impunidad son mucho más compleja de los que parecen.

De ahí que para abarcar el amplio campo de acción impunidad en los entornos político se requiera que las acciones correctivas se orienten hacia las causas que genera ese mal y no solamente a las consecuencias. Esto pasa por la destrucción o neutralización de las redes de complicidad que anidan en los entornos políticos. Se debe accionar sobre los ámbitos que favorecen el desarrollo de prácticas perversas.

Se sabe que esas acciones encuentran su complemento en las complicidades que funcionan en los contextos políticos y sociales, asociadas casi siempre, a intereses que superan la capacidad jurídica o institucional para los problemas que refuerzan los pilares de la corrupción y los mantos de impunidad que la cubren en la mayoría de los casos.

Hablar de impunidad y corrupción se ha convertido en la matriz de opinión predominante en República Dominicana en los primeros años del Siglo XXI. Es una tendencia donde confluyen corruptos y corruptores oponiéndose, de forma coyuntural contra las aberraciones que cometen entes políticos de variadas orientaciones ideológicas contra el erario. A continuación, hago una serie de sugerencias en interés de aportar elementos a la reflexión sobre el tema de la impunidad y la Política, poniendo énfasis en las formas como la primera impacta a la segunda.

Hablar de impunidad es hablar de falta de voluntad para enfrentarla e incapacidad institucional para corregir los delitos y distorsiones que afectan los procesos de gestión de las políticas públicas. Sobran los ejemplos de acciones poco efectivas y expedientes estructurados de forma tal que impidan su defensa en los tribunales de la república. Ese ha sido parte del problema pero no es todo. El trabajo es mucho y los retos son diversos, complejos.

Por tanto, se impone que tanto el abordaje como las acciones que se diseñen y apliquen para corregir las distorsiones en los mecanismos de sanción a la corrupción para evitar la impunidad, y por tanto, la contaminación y el descrédito de las prácticas políticas requieren acciones que viabilicen encuentros entre lo político, lo jurídico y los institucionales.

No es ni pretende ser una receta, tampoco cubrir todos los ámbitos de acción de la impunidad dada la diversidad de elementos que se combinan en el mismo. Se pretende únicamente, colocar el tema en una perspectiva analítica amplia que permita pensar en opciones operativas de políticas integrales para superar este mal que correo los cimientos de la confianza en los sistemas políticos y en la Política misma.

Es necesario desarrollar políticas de transparencias integrales, que incluyan tanto el tema de las sanciones jurídicas como las sanciones sociales y morales. Esas políticas pueden servir para remover el sustrato fangoso de la impunidad. Sin sanciones jurídicas y rechazo social a la corrupción, es imposible pensar en una sociedad donde la transparencia, tanto en la Política como en la gestión sea norma y no excepción.

Trabajar en la creación de espacios en las organizaciones políticas y sociales para analizar las diversas formas que asume la impunidad en los entornos donde se gestionan las políticas públicas. Trabajar en la transformación de la Política y fomentando los valores que hace de esta ciencia un instrumento al servicio de los intereses colectivos de los pueblos.

Hay que aclarar y caracterizar la cuestión evitando confundir los conceptos con las definiciones para tener posibilidades de articular acción y establecer políticas que sean efectivas que eliminen el incentivo para la comisión de actos de corrupción. Dejar claro que se entiende por impunidad, qué elementos las definen, el entorno que la favorece, los pilares que la sustentan y los correctivos para superarla.

Es conveniente pensar en un enfoque interdisciplinario del asunto para abordar las cuestiones fundamentales del problema. Mención especial para la cultura política y la cultura gerencial en cada ámbito. No se trata solo de hablar del asunto si no repensar las estrategias de lucha contra la impunidad y prevención de la corrupción.

Los aspectos claves de la gerencia social no deben quedar al margen. Tanto los tomadores de decisiones como los que asumen funciones públicas en los estamentos de control (judiciales, políticos, sociales o gerenciales) salen de la sociedad y es allí donde hay que formarlos para que adquieran las habilidades que luego perfeccionará en los centros de enseñanzas.

La desconfianza en las organizaciones políticas, en los políticos y en la Política misma, coloca a la sociedad del Siglo XXI en un punto de quiebre, especialmente en el país donde la corrupción, la impunidad y la complicidad han echado raíces profundas y gruesas.  Política e impunidad es una combinación que requiere un cambio de enfoque dado los efectos negativos de la segunda sobre la primera.

Hay que recordar que la corrupción tiene múltiples dimensiones y la impunidad como consecuencia de la falta de sanción pervierte la práctica política y abre espacios a sectores vinculados al narcotráfico, el lavado, la trata, el contrabando, entre otros. Ya hay experiencias y tendencias preocupantes que deben colocar a la autoridad electoral y judicial en alerta para evitar la entrada de estas lacras a la política ¡Es un reto, un desafío y un imperativo ético!

Pretender cosechar resultados diferentes aplicando instrumentos jurídicos que de poco han servido es una quimera. Hay que ir por las raíces del mal. Solo así se puede parar el progresivo deterioro de la institucionalidad política y el estancamiento de los sistemas políticos. Recetas habrán muchas pero su efectividad depende de la institucionalidad administrativa, de la fortaleza de los sistemas de justicia y de las capacidades de los mecanismos de control.

Los costos de la impunidad son cuantiosos y su impacto en el entramado político es devastador. Por eso las acciones que se emprendan deben involucrar a la mayor cantidad de entes. Nadie debe permanecer indiferente ante este flagelo porque todos son afectados de algún modo. Corruptos y corruptores deben pagar por sus faltas y si no pagan jurídicamente deben recibir el rechazo social como pena.

Pasar de las lamentaciones a las acciones y de la teatralidad al mundo real es un imperativo. Las acciones contra la impunidad y la corrupción deben incluir a todas las modalidades y prácticas. Solo así se puede aspirar a un adecentamiento de la Política como de las prácticas políticas. Crear una nueva cultura que rechace y apueste a la transparencia.

Es necesario superar las debilidades institucionales y culturales para hacer frente a la impunidad a la complicidad y la corrupción, en los contextos en que se produce y bajo la modalidad que sea. No puede ni debe ser un asunto de moda; tiene que ser una acción sistemática donde los mecanismos de control y el ordenamiento jurídico sirvan de apoyo a las acciones que debe ejercer la sociedad y sus instituciones. La cuestión, insisto, debe ser contra corruptos y corruptores. No deben existir corruptos preferidos ¡Es tiempo de actuar!

Finalmente hay que evitar a toda costa que se tengan a corruptos preferidos o elementos que podido enfrentar la impunidad y no lo han hecho asumiendo posturas protagónicas en ese ámbito. Eso debilita la acción colectiva a favor de las políticas de transparencias. Superar los errores cometidos y ampliar las bases del debate seguramente facilitará las respuestas de los instrumentos de control en los entornos.

domingo, 19 de abril de 2015

AGUA POTABLE ¿MERCANCÍA O DERECHO?

"(...) La escasez de agua contribuye a las condiciones de extrema pobreza, provocando privaciones sociales e impidiendo el desarrollo, creando tensiones en regiones conflictivas. Con demasiada frecuencia, donde hace falta agua, encontramos armas. [...] Todavía hay suficiente agua para todos nosotros, pero solo si la mantenemos limpia, la usamos prudentemente y la compartimos equitativamente". Ban Ki-moon, Secretario General de la ONU.

El agua es el principal elemento para la existencia y desarrollo de la vida. Es un recurso valioso, imprescindible pero finito y no renovable. Eso obliga a la gente a depender del suministro de este recurso para suplir las necesidades que le permiten sobrevivir como especie. Vivir sin agua o sujeto a las reglas del mercado para adquirirla es una violación fragrante al derecho a la vida y los principios elementales que rigen a los pueblos.

Según la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 40 por ciento de la población del planeta sufre escasez de agua, una proporción que aumentará hasta dos tercios de población para 2050, se señala en el documento. Es una cifra astronómica que se incremente cada día, ya que la demanda de agua es inversamente proporcional a la oferta disponible. La desertificación avanza, reforzados por los efectos del cambio climático.

La humanidad ha visto la desaparición de miles de lagos, lagunas, ríos, arroyos y manantiales. Ese proceso de desertificación se acelera, ante la mirada indiferente de gobiernos y organismo internacionales que dicen mucho pero hacen poco para palear o superar el grave problema.  Esperar cambios favorables sin actuar consciente y responsablemente sin actuar para provocarlos es impensable.

“Cerca de 1.200 millones de personas, casi una quinta parte de la población mundial, vive en áreas de escasez física de agua, mientras que 500 millones se aproximan a esta situación. Otros 1.600 millones, alrededor de un cuarto de la población mundial, se enfrentan a situaciones de escasez económica de agua, donde los países carecen de la infraestructura necesaria para transportar el agua desde ríos y acuíferos”, dice la ONU.

Este preámbulo sirve para contextualizar los aspectos generales de este problema en el mundo y de paso llamar la atención por la falta de acción y compromiso con el Medio Ambiente y la ineficiencia de las políticas de protección de los Recursos Naturales, especialmente el agua y la cubierta boscosa que la protege. Pegar gritos a las nubes no provocará lluvias pero seguramente permitirá remover el manto de la indiferencia.

Garantizar el acceso a fuentes acuíferas de calidad y evitar que los mercaderes, tutumpotes, terratenientes y oligarcas se apoderen de las aguas es una responsabilidad directa del Estado y sus instituciones. A juzgar por las evidencias y las realidades que se observan queda un largo trecho por recorrer para que los gobiernos y tomadores de decisiones comprendan que la Política es para servir y no para servirse.

Llegará el día en que los pueblos elegirán gobiernos que les representen, defiendan los recursos naturales, garantices la provisión de servicios de calidad con equidad y transparencia. Solo bajo un esquema de responsabilidad y compromiso se puede crear las condiciones para romper con los modelos económicos y políticos que generar pobreza, exclusión y marginalidad.

Hay leyes, pactos internacionales, acuerdos y protocolos que han pretendido colocar el tema de la crisis del agua en un plano visible. El país lleva varios años discutiendo el tema de la regulación, se han presentado varios anteproyectos sin que hasta el momento se hayan concretado esos esfuerzos. Las tendencias privatizadoras han impuesto su lógica retrasado su aprobación.

Los resultados hablan por sí solo: cada vez hay menos agua, está más contaminada y el precio en el mercado avanza en una alocada carrera que nadie sabe adónde llevará a los pueblos. Esto tiene como telón de fondo la ineficiencia de las políticas aplicadas y la desregulación del sector, sumado a la debilidad institucional y la falta de acción colectiva de los pueblos.

En República Dominicana la situación es desesperante. El modelo económico ha permitido que un alto número de hogares carezcan de servicio de agua, aun en zonas que producen abundante agua. Pagar el servicio no es garantía de agua en la casa. Por tanto, los registros basado en la disponibilidad de grifos en las casas vía contratos con las prestadores de servicios como el Instituto Nacional de Aguas Potable (INAPA), entre otros, no reflejan la realidad. Es una cuestión de estadísticas porque en realidad el servicio de agua en el territorio nacional es costoso y precario, a pesar de algunos esfuerzos que se han hecho.

Ante esta realidad se requiere un abordaje amplio de la cuestión que incluya, los temas de regulación, control, producción, procesamiento, gestión y servicio de agua potable. Esperar resultados buscando las causas de los problemas en los acueductos o en las márgenes de los ríos no sirve de mucho. Es necesario e importante pero hay que ir a las montañas donde nacen los manantiales, arroyos y arroyuelos que nutren esas fuentes.

Mirar los cauces de los ríos dominicanos, especialmente en el Sur del país genera pánico. El impacto de la acción humana expresado en la deforestación y la extracción de agregados ha hecho de estas fuentes de vida un espantoso desierto. Exigir responsabilidades y aplicar las sanciones que correspondan ante este ecocidio es un imperativo ético impostergable.

El impacto de la escasez de agua es demoledor, primordialmente en los sectores más empobrecidos. Las enfermedades vinculadas a la calidad o la disponibilidad de agua potable y las deficiencias en los sistemas de saneamiento de las aguas servida amenazan seriamente la vida en la tierra. Cambiar prácticas de usos de suelo y proteger la cubierta boscosa para hacer que el mundo sea habitable ética y ecológimente es una responsabilidad que debe ser asumida con la seriedad que el momento amerita.

Ir a las cuencas y microcuencas; evaluar el estado de situación y preparar un inventario lo más completo posible para usar esas informaciones en el diseño de políticas de intervención que detengan la catástrofe que se vislumbra sería más que cualquier cosa un acto de justicia con la naturaleza. Trabajar en el reforzamiento de la responsabilidad en cuanto a los usos puede servir para ir creando lo que se ha denominado como una cultura del agua.

Es la acción humana la que ha provocado, con su actitud depredadora e irresponsable, la penosa situación que viven varias provincias del país. Eso no puede ni debe continuar. Se requieren acciones urgentes que viabilicen soluciones integrales y sostenibles. Es necesario que se prioricen las inversiones, poniendo énfasis en la protección y renovación de las cuencas y microcuencas; así como evitar la contaminación y extracción desproporcionada de las aguas subterráneas.

Gobernantes y gobernados deben asumir la responsabilidad que les corresponde. El gobierno definiendo políticas claras y transparentes que paren el deterioro progresivo de los acuíferos; bien sea legislando o interviniendo. Evitar la privatización y estableciendo reglas claras que complementen la normativa vigente.

Hay que anotar que la normativa ayuda, sí es buen y adecuada pero no resuelve el problema. Más que de leyes este es un tema de cultura de uso del agua y falta de autoridad. Se requiere involucrar a la gente en la solución del problema tanto en la protección como en la gestión del denominado “oro azul”.

Gestionar adecuadamente la poca agua dulce queda implica accionar colectivamente, asumir los compromisos, hacer las inversiones que correspondan y pagar por los servicios ambientales a quienes dedique esfuerzos a la protección de los acuíferos. No es posible que los beneficios se centren en quienes comercializan con el agua dejando sin tomar en cuenta a quienes cuidan y protegen las montañas.

¿Agua para quienes puedan pagarla? ¿No es el acceso a agua potable un derecho humano fundamental? ¿Qué harán los liderazgos locales? ¿Qué hará el Estado y las instituciones públicas? ¿Actuarán los gobiernos locales? ¿Qué hará empresariado? ¿Qué hará la humanidad ante esta seria amenaza? ¿Cuáles son las acciones que se encaminan para enfrentar el problema? ¿Permitirán que las aguas sigan yendo a las fincas en vez de a los acueductos? ¿Cómo reaccionará la gente cuando el hambre y la sed amenazan con extinguirla? ¿Quién paga los daños al medio ambiente y paga por el saqueo de los recursos naturales? ¿Ha renunciado el Estado al mandato establecido en la Constitución dominicana y la Ley 64-00?

En conclusión, el agua como recurso finito, tiene que ser protegido y manejado como una cuestión de seguridad nacional, ya que las crisis generan conflictos y la lucha por agua es una cuestión de vida o muerte. Tanto la protección, como la regulación son responsabilidad exclusiva del Estado. De igual modo, la garantía del derecho a agua potable, como derecho humano también le compete; así como también controlar y regular el creciente mercado que se desarrolla en torno al tema.


El agua es una cuestión de derecho, no es ni debe ser un lujo o un privilegio para quienes puedan pagarlo. La crisis de agua que vive el mundo de hoy y especialmente la República Dominicana debe mover a un debate amplio y responsable que supere la politiquería. Es tiempo de actuar articulada e integralmente y el Estado debe crear las condiciones para ese diálogo produzca las soluciones que se requieren.