Al incicio de cada año escolar, el choque entre discurso y realidad deja ver fisuras en un sistema que requiere transformaciones profundas, no cambios formales, incluído el de aprender a utilizar redes sociales para educar, como antes se hizo con la radio, para afalbetizar.
Los docentes deben estar donde están los alumnos, y hoy, el uso de las redes sociales, IA e Internet marcan la pauta. Ignorar esos medios es una necesidad que deja campo abierto a la desinformación y pierde la oportunidad de incidir y complementar la labor docente.
Ignorar las redes sociales, la IA o la Internet es un error. Hay que formar a los docentes para que accionen desde ellas en una especie de aula invertida. Usarlas, no como distractores que son, sino como medios para colocar información e incentivar la formación cívica de la gente.
Es sintomático que las religiones, la política y el entretenimiento aprovechen su potencial para mover mensajes y los centros educativos pretendan ignorarlos. Es tiempo de romper el cerco burocrático y aprovechar las tecnologías para democratizar las formas de enseñar y diversificar los medios de aprendizaje.
Siempre se ha dicho que la gente aprende en la casa, en la escuela y en el medio en se desarrolla. Los docentes saben que en el medio se adquiere los saberes previos. Hoy la mayoría dispone de celulares, tabletas o computadoras y son las redes sociales, la internet y la IA los que más contribuyen a esa formación previa. ¿Por qué ignorar esa realidad?
Ya lo dijo Albert Einstein "La mente es como un paracaídas, solo funciona si se abre". Entonces cambiemos y transformamos la distracción en educación, aprovechando el potencial de las redes sociales y otros medios para incidir desde ellos en la calidad de los contenidos que difunden.
Los medio electrónicos, las plataformas, las redes sociales y la inteligencia artificial son herramientas revolucionarias en la educación. Aprender a gestionarlas es el desafío de quienes accionan desde los sistemas de formación, tanto formales como informales.
Educar, formar, orientar e informar son tareas exigentes, pero los medios disponibles hoy, son inmensamente superiores a los que existían en el Siglo XX y son una ventaja. Desaprender y reaprender para aprender a aprender a pensar críticamente, es lo que exigen los tiempos actuales.
Competir con la distracción creando valor e incentivando el pensamiento crítico, complementando con el contenido en las redes con lo que trae el "enlatado" que traen los programas oficales. No es una empresa fácil, pero hay que acometerla si se quiere navegar con éxitos por el exigente mundo de la sociedad en red.
Cada medición, diánóstico, pacto, acuerdo o plan deja ver las falencias de un modelo agotado, donde estudiantes del siglo 21 tienen que lidiar con modelos diseñados en el siglo 19 con mentalidades del siglo 19 y gesionado con estrategias del siglo 20. El resultado invita a renovar el compromiso con la ética pedagógica y la responsabilidad política.
Como la esperanza es lo último que se pierde, trastoquemos los miedos, la ignorancia y los prejuicios para echar a caminar las ideas por las amplias autopistas de los medios que pone a nuestra disposición la revolución de la internet, las redes y la inteligencia artificial.
A usted docente que me lee, no se deje empujar, camine al ritmo de los cambios tecnológicos y rompa el cerco que le imponen las burocracias que diseñan modelos educativos sin tomar en cuenta los contextos sociales y las expectativas de una sociedad en cambio constante.
Educar es una función que solo pueden ser definida por quienes la asumen con la responsabilidad y el rigor que exige transformar la mentalidad de los estudiantes y dotarle de las capacidades que le permitan entender el mundo en que viven. La educación es una herramienta de superación personal y transformación académica.
El liderazgo docente tienen que servir de faro a las generaciones que formamos y debe convertirse en referente de lo bueno, no en reflejo de lo malo. Solo así, superaremos la acentuada crisis de expectivas que afecta a la juventud actual y la mediocridad que se ido imponiendo desde las aulas.
La revolución tecnológica de la que somos testigo, obliga a modificar nuestras prácticas pedagógicas, a rediseñar las estrategias y a cambiar los enfoques. El liderazgo pedagógico del siglo 21 tiene que aprender a gestionar la inteligencia artificial y la robótica, no temerles.
Leer, leer y releer sigue siendo un camino seguro para aprender a pensar críticamente, pero hoy las urgencia de los sectores dominantes se empeñan, no solo en desacreidtar a los docentes, sino de fomentar distractores para que compitan con la labor docente. Ante esa realidad, toca poner el hombro para transformar el aula en una trinchera contra la mediocridad, incentivando la autoeducación como complemento de la educación corporativa que impone el fordismo pedagógico.
Que la rebeldía pedagógica se manifieste y espante el miedo, fantasma del conformismo el conformismo y la manipulación. Que la gente estudie para la vida, y con lo que aprenda, pueda aprender a desaprender.
No es tiempo de lamentarse, es tiempo de rebelarse contra quienes hacen de la educación un instrumento de contro simulando que la usa como una herramienta de formación.
¡Sumemos!
